Super Mario World fue un juego revolucionario para Nintendo, no solo por la diversidad de su mapa y la novedad de sus mecánicas. A nivel técnico, las limitaciones del hardware obligaron a sus desarrolladores a ingeniárselas para meter toda la Tierra de los Dinosaurios en un cartucho, y eso significaba administrar cuidadosamente cada recurso, incluyendo la música. Koji Kondo, el compositor encontró una solución: construir buena parte de la identidad sonora del juego a partir de un mismo motivo musical.
El secreto de Super Mario World
La música de Super Mario World tiene un secreto que probablemente te pasó desapercibido: buena parte de sus canciones parten de una misma melodía. Y aunque cada escenario parece tener una canción propia, todas conservan elementos reconocibles de aquella primera composición. Es decir, el jugador escucha ritmos, instrumentos y melodías que parecen completamente distintos, pero que en realidad son reinterpretaciones de un mismo motivo musical. De acuerdo con Kondo:
"Al cambiar el tempo, cambiar el ritmo a compás de tres cuartos (vals) y pasar de tonalidad mayor a menor, utilicé la misma melodía para crear la música de las distintas zonas."
La idea tenía un antecedente en el trabajo de Kondo para Super Mario Bros. 3. En lugar de llenar cada mundo con composiciones independientes, el músico decidió que los temas podían compartir una misma identidad melódica y para Super Mario World solo llevó ese concepto todavía más lejos, aprovechando las posibilidades de la Super Nintendo, cuyo chip de sonido podía reproducir hasta ocho canales simultáneos y trabajar con muestras de instrumentos.
Esto le permitió experimentar con timbres y combinaciones que no eran posibles en la NES. El truco estaba en modificar el ritmo, la velocidad, los instrumentos y la forma de distribuir las notas sin perder de vista la melodía original. Kondo incluso aprovechaba los silencios y las pausas para cambiar por completo la sensación de una pieza.
De esta manera, había zonas que sonaban completamente diferentes. En los niveles normales, por ejemplo, la melodía conserva su carácter festivo. Pero cuando llega el momento de recorrer plataformas elevadas, la composición adquiere una energía mucho más acelerada. En las cavernas, por su parte, el tema pierde buena parte de su alegría. Las notas aparecen más espaciadas, con un bajo de sonido percusivo y efectos de eco que hacen que el escenario parezca más oscuro y solitario: casi un sample de rap.
Y todavía hay otro detalle que demuestra hasta qué punto Kondo pensaba en la música como parte de la experiencia de juego: Yoshi. Cuando Mario monta sobre el dinosaurio, la banda sonora incorpora una percusión de bongós que acompaña la melodía sin interrumpirla ni sustituirla. Si Mario pierde a su compañero, ese acompañamiento desaparece. Es un cambio pequeño, pero profundo en cuanto a inmersión.
Kondo no necesitó que cada rincón de la Tierra de los Dinosaurios tuviera una canción irrepetible, aunque, curiosamente, el fandom más melómano de Super Mario World convirtió a este OST es una obra imperecedera de los videojuegos.
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