En un momento en el que la vida útil de la Game Boy estaba llegando a su final, Nintendo lanzó su canto de cisne con la GBA Micro: un portento de la miniaturización que llevó el hardware de la portátil estrella de la compañía a un tamaño que, en las manos, casi hasta daba risa. Sin embargo, la Gran N terminó dándose de topes con su nuevo invento: así fue como nació y posteriormente fracasó la icónica Game Boy Advance Micro.
La consola más pequeña de Nintendo
Corría el año 2005 y Nintendo se encontraba en plena transición generacional. La Game Boy Advance llevaba años en el mercado y su sucesora, la Nintendo DS, ya había debutado. Sin embargo, la compañía japonesa todavía defendía la idea de que ambas familias podían convivir, por lo que no estaba dispuesta a abandonar su consola de 32 bits. La solución fue exprimir hasta la última gota el hardware de la GBA con una nueva versión que reducía su tamaño de forma más que considerable.
El proyecto había nacido directamente desde la cúpula de la compañía, entonces bajo la dirección de Satoru Iwata. La idea en transformar su consola portátil en todo un objeto de diseño, así que en lugar del plástico habitual, la compañía recurrió a una carcasa metálica de aluminio que le daba un acabado más prémium, mientras que las carátulas intercambiables permitían personalizar su apariencia. La intención es que la consola fuera tan ligera y discreta que prácticamente cupiera en cualquier bolsillo.
El resultado fue una de las consolas más pequeñas que Nintendo ha fabricado: la Game Boy Micro medía apenas 101 x 50 x 17.2 milímetros y pesaba 80 gramos. Su pantalla era casi 4 centímetros más pequeña que la de la GBA original aunque conservaba la resolución de 240 x 160 píxeles, por lo que ofrecía una imagen más nítida y una retroiluminación regulable que permitía ajustar el brillo. También recuperaba el conector de jack 3.5, ausente en la GBA SP
Sin embargo, aquella miniaturización también tenía un precio: la consola perdió la retrocompatibilidad con los juegos de Game Boy y Game Boy Color, por lo que solo podía ejecutar títulos de GBA. Además, estrenó un puerto de carga y conexión propio, incompatible con los cables de los modelos anteriores.
El objetivo de Nintendo era encontrar un público distinto al que ya había comprado una GBA o una GBA SP: su tamaño, los acabados metálicos y las posibilidades de personalización buscaban atraer a consumidores interesados tanto en la tecnología como en el diseño.
El problema del Game Boy Micro
De esta manera, la Game Boy Micro se presentó durante la E3 de 2005 y llegó a Japón el 13 de septiembre de ese año, antes de debutar en América el 19 de septiembre y en Europa el 4 de noviembre. Su precio de lanzamiento fue de 99 dólares, una cantidad que muchos vieron con malos ojos para una consola que, pese a su nueva apariencia, seguía dependiendo del catálogo de GBA.
Lamentablemente, la Micro nunca encontró su lugar. Cuando llegó a las tiendas, la Nintendo DS ya llevaba casi un año en el mercado y la GBA SP seguía siendo una alternativa más económica, cómoda y compatible con los títulos de las generaciones anteriores.
A esto se sumó la falta de apoyo promocional, pues Nintendo concentró buena parte de sus esfuerzos en impulsar la DS. El resultado fue una consola que vendió alrededor de 2.42 millones de unidades en todo el mundo, una cifra modesta frente a los más de 81 millones que acumuló la familia Game Boy Advance.
De esta manera, la Game Boy Micro terminó desapareciendo de las tiendas entre 2007 y 2008, sin alcanzar el éxito que Nintendo esperaba. Lo curioso es que, en pleno 2026, la pequeña portátil se ha convertido en todo un objeto de culto, alcanzando precios de locura entre los coleccionistas de retro gaming. Es curioso: tenía potencial, era ambiciosa, pero nació en el peor momento posible, justo en medio de dos de las consolas más exitosas en toda la historia de la Gran N.
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