Hace 25 años, este juego de Dreamcast nos hizo darnos cuenta de las limitaciones de las clasificaciones de videojuegos

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Tengo buen sentido del humor y soy bueno contando chistes malos, mi pasión son los videojuegos y la tecnología y no pasa un día en que no consuma alguna noticia que tenga que ver con eso.

En mi tarjeta de presentación, soy Editor Gaming, en mi mente, tengo una banda de rock exitosa. Pero en mi corazón, soy un gamer. 

El que obra bien le va bien.

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Existen videojuegos de antaño que son verdaderos clásicos, no solo por su antigüedad, sino por lo que representaron para la industria en una época donde las limitaciones técnicas eran el pan de cada día. En noviembre de 2001 llegó a la consola Dreamcast un título que rápidamente se convirtió en un referente de la plataforma, demostrando que las barreras de hardware no son impedimento para crear una entrega fascinante para los usuarios del equipo de SEGA.

Se trata de Rez, una propuesta que a primera vista podía parecer un juego de disparos sobre rieles convencional, donde el jugador debía destruir enemigos virtuales en un entorno cibernético lineal. Sin embargo, su verdadera magia residía en el concepto de synesthesia (sinestesia), un fenómeno donde cada acción alteraba directamente la música techno, generando vibraciones y efectos visuales sincronizados que transformaban la partida en una experiencia sensorial única.

El aclamado rail-shooter de la mítica Dreamcast

Desarrollado originalmente por United Game Artists —estudio interno de SEGA— y lanzado inicialmente en 2001 para Dreamcast y PlayStation 2, la prensa especializada de la época se dividió radicalmente ante la rigidez de sus parámetros de evaluación tradicionales. Medios como Jeuxvideo.com le otorgaron un modesto 7/20, mientras que otros críticos fueron aún más duros, como Gamekult con un 4/10 o Joypad calificándolo como una gran decepción con un 6/10, argumentando una supuesta falta de contenido y una duración corta.

rez

Sin embargo, el tiempo terminó por darle la razón al juego. En contraste con aquellas calificaciones severas, publicaciones de gran prestigio como la revista británica Edge supieron ver más allá de la superficie y le otorgaron un 9/10. En su reseña, la revista insinuó que el título rozaba la categoría de arte, evidenciando que las obras con una fuerte identidad artística e innovadora no siempre encajan en las métricas numéricas convencionales.

Esta enorme disparidad de criterios —que oscilaba entre un reprobatorio estrepitoso y una obra maestra rotunda— sirvió para que tanto jugadores como analistas comprendieran los límites del sistema de notas tradicional. Con el paso de los años, Rez se ganó el estatus de clásico indiscutible entre la comunidad, y sus adaptaciones modernas o su evolución hacia la realidad virtual con Rez Infinite obligaron incluso a sus antiguos detractores a reconsiderar por completo su juicio inicial.

Rez Dreamcast 073

Este caso demuestra que una calificación no define por completo el valor de una entrega. A pesar de no haber tenido el debut más favorable en las reseñas de su tiempo, hoy en día se recuerda a Rez como uno de los clásicos infravalorados de aquella generación y como un claro ejemplo de que las limitaciones técnicas no pueden frenar la genialidad artística en el diseño de videojuegos.

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