Xbox hizo algo inteligente cuando lanzó su novena generación de consolas: lanzar dos modelos que apostaran a públicos diferentes. Sin embargo, esta estrategia ha conseguido sus detractores con el pasar de los años, principalmente porque Series S se ha quedado rezagado frente la competencia –incluido su hermano mayor–, en cuanto a potencia se refiere. Pero viendo el panorama de la industria, a 6 años de su lanzamiento se puede considerar como la mejor consola para dar el salto generacional de la actualidad.
Lo que significó Series S en su lanzamiento
Remontémonos a diciembre de 2019, cuando Microsoft anunció con bombos y platillos su entonces siguiente generación de consolas. Por un lado, con Series X prometió la experiencia de gaming definitiva bajo el lema "la consola más potente del mundo". En el otro extremo, teníamos al dispositivo de sobremesa más pequeño que había creado la marca; una caja blanca minimalista, con un enorme círculo negro en su parte superior –después descubrimos que era su ventilación–.
El verdadero revuelo surgió cuando salieron a la luz los componentes de Series S: en primer lugar, se eligió un procesador Zen 2 de 8 núcleos que podía llegar hasta los 3.6 GHz de potencia. Era prácticamente el mismo rendimiento de su hermano mayor; ambos siendo saltos considerables a la tecnología de Xbox One. Pero es en los demás componentes en donde vieron las costuras: una GPU de 4 TFLOPs, 10 GB de RAM GDDR6 y, entre otras cosas, un almacenamiento de 512 GB.
De no ser por su reducido costo, las redes sociales de Microsoft se hubieran incendiado por el resto de la generación. Y es que sus características están más cerca de Xbox One X que de Series X; aunque las tecnologías actuales como el SSD le ayudaban mucho a correr los pesados juegos que llegarían después. Pero la funa hacia la consola no terminó cuando se reveló su precio de 299 dólares: cuando estuvo en el mercado, algunos desarrolladores la destrozaron.
La mala imagen antes los desarrolladores
Lamentablemente, Xbox Series S se las vio oscuras frente a diversos estudios, que encontraron en su débil hardware un obstáculo para el lanzamiento simultaneo en todas las plataformas. Por ejemplo, Larian Studios, creadores de Baldur's Gate III, revelaron que tuvieron que recortar muchos aspectos visuales para calzar con la consola de Microsoft, incluyendo el modo cooperativo que estaba presente en las demás versiones. La cabeza del desarrollador, Swen Vincke, declaró lo siguiente:
“La Series S es un problema. Es difícil optimizar para ella y limita lo que podemos hacer en las otras versiones"
Además, un artículo de Gaming Bolt recopilo declaraciones anónimas describiendo la experiencia de crear juegos para Series S. Según estas voces de la industria, todo proceso debe iniciar con la menor de Xbox como el principal problema a vencer. También se dijo que el cuello de botella que genera está marcando la pauta en esta generación, obligando a los desarrolladores a limitarse lo suficiente para que pueda correr en la consola.
En la actualidad, el panorama está a favor de Series S
Sin embargo, un matiz importante a mencionar es que estas declaraciones se dieron hace años, cuando la industria no se había encarecido radicalmente. Ahora, con Xbox subiendo los precios a más de 100 dólares a partir de agosto, el Series S luce más atractivo e increíble que nunca. Su target siempre ha sido el público casual; aquel que no le importa si su juego corre nativamente en 4K o si es reescalado.
Incluso durante su lanzamiento Series S, la consola era la opción más viable para el público mexicano. Su reducido costo comparado con el de PS5 y Series X llamaba poderosamente la atención. Y mejor aún: tenías todo el catálogo digital de pasadas generaciones al alcance de tus manos, a la vez que podías acceder a todos y cada uno de los nuevos lanzamientos que llegarían en el futuro. Esa seguridad, accesibilidad y simpleza la han convertido en la consola más vendida de Xbox durante esta generación.
La prueba definitiva llegará dentro de unos meses con Grand Theft Auto VI. Mientras en otras plataformas habrá que desembolsar el precio completo del juego, en Xbox Series S seguirá existiendo la posibilidad de disfrutarlo por mucho menos gracias a promociones constantes de la Microsoft Store, tarjetas de regalo con descuento y regiones con mejores precios. Para quien solo quiere jugar el título más esperado de la década sin hipotecar un riñón, la pequeña consola de Microsoft se perfila como una de las opciones más inteligentes.
Xbox Series S fue mi salvación en la universidad
Hablar de Series S también es hablar de mi propia experiencia. Llevo años usándola como consola principal y, siendo estudiante universitario, difícilmente habría podido justificar el gasto de una Series X o una PC de gama alta. En cambio, tener Xbox Game Pass siempre a la mano me permitió descubrir decenas de juegos sin pensar dos veces cada compra. En una industria donde cada lanzamiento parece querer cobrarte la colegiatura completa, esa tranquilidad vale más de lo que muchos admiten.
A eso hay que sumar los juegos como servicio que han definido esta generación. Fortnite, Apex Legends, Call of Duty: Warzone, Overwatch 2 o Marvel Rivals funcionan perfectamente en Series S y, al ser gratuitos, convierten a la consola en una puerta de entrada ideal para quienes solo quieren reunirse con sus amigos después de clases o del trabajo. A veces basta con que el juego arranque rápido y el escuadrón esté conectado. Los debates de resolución quedan muy elegantes en Internet; en la vida real casi siempre gana el presupuesto.
Con el panorama actual, Series S terminó envejeciendo mucho mejor de lo que muchos anticipaban. Puede que nunca haya sido la consola más potente de su generación, pero sí una de las más accesibles, equilibradas y fáciles de recomendar para el jugador promedio. Mientras los precios del hardware y de los videojuegos siguen escalando, la pequeña Xbox demuestra que, en ocasiones, la mejor compra no es la más impresionante sobre el papel, sino la que realmente puedes permitirte sin declarar la bancarrota.
Ver 0 comentarios