Según la psicología, preferir el formato físico va mucho más allá de almacenar cajas de plástico: tu colección habla mucho más de ti de lo que imaginas

Según la psicología, preferir el formato físico va mucho más allá de almacenar cajas de plástico: tu colección habla mucho más de ti de lo que imaginas

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Segun La Psicologia Los Jugadores Que Prefieren El Formato Fisico En Los Vidoejuegos Buscan Identidad Y Autoexpresion
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Jesús Zamora

Editor
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Jesús Zamora

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Fanático del manga, entusiasta de los videojuegos y obseso de la fantasía. Editor en 3DJuegos México. Puedo jugar con los ojos cerrados Castlevania: Symphony of the Night y mirar speedruns de Dark Souls hasta el amanecer.

274 publicaciones de Jesús Zamora

Hace unos días Sony anunció que no produciría más juegos físicos para PlayStation a partir de 2028 y miles nos quedamos estupefactos pensando en lo que haríamos con nuestra colección de discos una vez que llegue PS6. Pero la cosa no se quedó ahí: yo, como muchos otros jugadores, nos sentimos golpeados de una manera casi emocional en lo más personal, y podrán llamarnos exagerados, pero las ciencias confirman que tiene mucho sentido.

Además de representar una violación al derecho del consumidor de poseer plenamente un bien cultural, el coleccionismo de videojuegos también funciona como una extensión de nosotros mismos; de acuerdo con la psicología, una colección no solo ocupa un espacio en nuestras repisas: también ayuda a construir nuestra identidad individual.

Los videojuegos y la teoría del Yo Material

Además de videojuegos, colecciono libros de poesía y cómics. Fanzines (en una caja, aparte). Discos, algunas figuras, algunas reproducciones de arte. Imanes incluso. Llámame loco, pero también colecciono los Niños Dios que vienen dentro de la Rosca de Reyes. Y siempre que estoy frente a alguna de mis "posesiones", si puedo las toco, las miro, las escucho o las juego. Esas cosas son parte de mí y yo de ellas y perderlas significaría perderme a mí mismo.

Y siempre que lo hago ocurre una especie de momento Ratatouille: como cuando el crítico de la película prueba el platillo de Remy y regresa de golpe a la cocina que lo resguardó durante su infancia. Pero lo que más me sorprende es que no es una experiencia exclusivamente mía: según la psicología, millones de personas viven exactamente la misma conexión con sus colecciones.

Uno de los conceptos que más me fascinan fue desarrollado hace más de 130 años por William James, uno de los padres de la disciplina tal y como la entendemos hoy en día. En The Principles of Psychology, James propuso la teoría del Yo Material, una idea que propone que el "yo" no termina en nuestra mente ni en nuestro cuerpo, sino que se expande hacia todo aquello que podemos llamar nuestro: nuestra ropa, nuestro hogar, nuestra familia, nuestras pertenencias.

Coleccion

James entendía una colección de libros, de ropa o incluso de cucharas no como simples posesiones, sino como son fragmentos de nuestra identidad porque condensan experiencias vitales, y por eso cuando uno de esos elementos desaparece, no sentimos únicamente una pérdida económica: hay un duelo, y una pequeña parte de nosotros también se va con ellos.

"Estos elementos externos no son meras herramientas o escenarios para la vida, sino que están profundamente integrados en la percepción de quiénes somos".

Y esto, por supuesto, también se extiende al coleccionismo de juegos físicos.

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Si seguimos lo planteado por James, el coleccionismo de videojuegos adquiere un significado muy distinto al de simplemente acumular cajas en un librero. Todo comienza con el propio contacto físico: sostener un cartucho o un disco, hojear un manual son experiencias sensoriales que un archivo digital jamás podrá reproducir.

Y justamente porque esos objetos pasan a formar parte de nuestro Yo Material, perderlos duele de una forma muy particular. No hablamos únicamente del dinero invertido: cuando ese RPG que llevabas veinte años conservando desaparece o tu PS2 deja de funcionar, el vacío que queda en la estantería, por exagerado que suene, también se proyecta a nuestra vida personal.

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El arte de coleccionar

Pero James y su teoría del Yo Material no es el único que intentó explicar por qué nos aferramos tanto a nuestras colecciones. Décadas después, el académico estadounidense Kevin M. Moist, especializado en antropología cultural, llegó a una conclusión igual de interesante. Para él, coleccionar nunca consistía únicamente en poseer cosas, sino en establecer una relación constante con ellas.

Por eso estudió a los coleccionistas de discos de vinilo, quienes, a diferencia de otros coleccionistas que guardan sus piezas bajo llave, necesitan escuchar aquello que compran para que la colección tenga sentido. Un disco vive cuando gira en el tocadiscos, cuando se comparte con amigos, cuando se recomienda o cuando sirve para iniciar una conversación.

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Si Moist hubiese sido gamer, probablemente hubiera llegado a la misma conclusión observando una estantería llena de juegos físicos. Una colección de videojuegos no existe solo para verse bonita, sino para ser redescubierta y jugada una y otra vez.

Y también existe un componente social enorme: los coleccionistas muestran sus adquisiciones, intercambian títulos, recomiendan joyas ocultas, presumen esa edición especial de GTA encontrada después de años de búsqueda o simplemente reciben a alguien en casa y dejan que la colección hable por ellos. Moist lo definía como una búsqueda de significado y distinción: encontrar valor donde otros solo ven un objeto más.

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Una colección no dice únicamente cuánto dinero hemos gastado, sino qué historias nos marcaron, qué géneros nos apasionan, qué épocas vivimos. Somos un museo de lo que hemos sido, de las personas que hemos amado y de las historias que decidimos conservar. Y eso incluye algo tan aparentemente nimio, pero tan fundamental para muchos, como los videojuegos.

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