Los llamados cozy games viven uno de sus mejores momentos. En los últimos años, el mercado se ha llenado de propuestas que mezclan agricultura, administración de recursos, cocina, relaciones con personajes y exploración, hasta el punto de que distinguir una de otra comienza a ser complicado.
Sin embargo, de vez en cuando aparece un título que toma elementos familiares y encuentra la manera de combinarlos con suficiente creatividad como para sentirse fresco, y eso es precisamente lo que ha intentado Beastro, el debut de Timberline Studio, una producción independiente que apuesta por una identidad propia y que, lejos de limitarse a copiar fórmulas exitosas, consigue construir una experiencia con mucha personalidad.
Lo primero que llama la atención es su capacidad para generar simpatía casi de inmediato. Su dirección artística transmite calidez y sus personajes desprenden un carisma difícil de ignorar, pero detrás de esa apariencia acogedora existe un diseño mucho más elaborado de lo que podría pensarse a simple vista. Beastro quiere que cultives verduras, cocines recetas y hagas amistad con los habitantes de un pueblo; pero también quiere convertir cada una de esas actividades en piezas de un mismo engranaje donde absolutamente todo tiene un propósito: ¿logra que esa cohesión termine siendo su mayor virtud?
Una historia simple que engancha gracias a su mundo y personajes
La aventura comienza poniéndonos en la piel de Panko, un joven ayudante de cocina que debe asumir inesperadamente el papel de chef principal después de la misteriosa desaparición de quien ocupaba ese puesto. Todo ocurre en Palo Pori, un pequeño pueblo artesanal cuya tranquilidad comienza a verse amenazada por monstruos que aparecen cada vez con mayor frecuencia en las zonas cercanas. La solución parece extraña, pero tiene lógica dentro del universo del juego: fortalecer la cocina del pueblo para alimentar adecuadamente a quienes lo protegen. Porque sí, el motor de todo buen guerrero y obrero es el estómago lleno.
Aunque la premisa parece ligera e incluso infantil, Beastro sorprende al construir una narrativa con más peso del esperado. El misterio que rodea al antiguo chef, junto con los acontecimientos relacionados con los portales que empiezan a aparecer alrededor del pueblo, aportan una sensación constante de curiosidad. El juego nunca pretende convertirse en una epopeya dramática, pero sí logra mantener el interés gracias a pequeños giros narrativos y a un elenco de personajes muy bien diseñado.
Cada habitante de Palo Pori posee una personalidad reconocible y poco a poco desarrolla una relación con Panko conforme avanzan los días. Esa cercanía ayuda a que el jugador sienta que realmente forma parte de una comunidad, uno de los aspectos más importantes para que este tipo de experiencias funcionen. Timberline Studio entiende perfectamente que un cozy game no depende únicamente de sus mecánicas, sino también del cariño que consigue transmitir a través de su mundo.
Ese cuidado también se aprecia en los diseños de personajes. Las criaturas, los animales y los habitantes poseen un estilo visual adorable que consigue reforzar constantemente el tono optimista del juego. Incluso cuando la historia introduce conflictos más serios, la atmósfera nunca pierde esa sensación acogedora que termina convirtiéndose en una de las principales señas de identidad de Beastro.
Agricultura, cocina y construcción de mazos
La verdadera fortaleza del juego aparece cuando todas sus mecánicas comienzan a interactuar entre sí. Cada jornada está dividida en tres momentos claramente diferenciados que mantienen un ritmo constante durante prácticamente toda la aventura.
Las mañanas están dedicadas a la recolección de recursos: es el momento para cultivar, pescar, cuidar animales, explorar los alrededores del pueblo y conseguir ingredientes que posteriormente serán utilizados en la cocina. Esta fase funciona como cualquier simulador de granja tradicional y ofrece una buena variedad de actividades durante las primeras horas.
Posteriormente llega la apertura del restaurante. Aquí Beastro introduce diversos minijuegos que convierten la preparación de los platillos en una actividad activa y entretenida. Cortar ingredientes, cocinar correctamente cada receta o preparar diferentes alimentos requiere la participación constante del jugador, evitando que el proceso se reduzca simplemente a seleccionar opciones dentro de un menú.
La mayor sorpresa aparece cuando llega la noche. Mientras otros juegos habrían terminado el ciclo diario, Beastro introduce su sistema de combate basado en cartas. Los Guardianes del pueblo salen a enfrentarse a los monstruos utilizando mazos construidos a partir de los alimentos que el propio jugador preparó durante el día. Es aquí donde toda la estructura del juego cobra sentido.
Cada ingrediente posee propiedades mágicas específicas que afectan directamente las habilidades disponibles durante los enfrentamientos. Esta magia es otorgada gracias a las propiedades del guego con el que cocina Panko, que es un antiguo guardian de los gguerreros que luchan contra los espirítus. Determinados sabores potencian ciertas estrategias ofensivas, mientras otros mejoran la defensa, el soporte o distintos efectos especiales. Esto convierte la cocina en mucho más que un simple elemento decorativo: preparar un platillo adecuado puede marcar completamente la diferencia entre una victoria cómoda o una derrota.
Lejos de utilizar un sistema simplificado basado únicamente en ventajas y desventajas elementales, Beastro construye una relación mucho más profunda entre gastronomía y combate. Experimentar con nuevas recetas no solo sirve para descubrir alimentos distintos, sino también para desarrollar estrategias completamente diferentes durante las expediciones nocturnas.
El combate, además, resulta sorprendentemente satisfactorio. Las cartas ofrecen suficiente variedad para incentivar la experimentación y la progresión mantiene un equilibrio constante entre aprendizaje y desafío. Como ocurre en la mayoría de roguelites, existe cierto componente de azar en el orden en que aparecen las cartas durante cada enfrentamiento, lo que ocasionalmente puede generar situaciones frustrantes donde una mala mano limita considerablemente las opciones del jugador.
Especial mención merece la presentación de estas batallas. En lugar de apostar por una representación tradicional, Timberline Studio convierte cada combate en una especie de teatro de marionetas donde héroes y monstruos aparecen como figuras montadas sobre pequeños escenarios artesanales. Es una decisión artística sencilla, pero tremendamente efectiva, que aporta una identidad visual inmediata y convierte cada enfrentamiento en uno de los momentos más memorables del juego.
Un encanto que supera sus limitaciones técnicas
A pesar de todos sus aciertos, Beastro también deja ver algunas limitaciones propias de un estudio debutante. La fase de exploración y recolección, que inicialmente resulta relajante y entretenida, comienza a mostrar signos de repetición conforme avanzan las horas. Las tareas terminan siendo muy similares entre sí y esto afecta ligeramente el ritmo de la experiencia.
Otro aspecto discutible aparece una vez concluida la historia principal. Sorprendentemente, el juego no permite continuar explorando libremente el mundo después de derrotar al jefe final. Para quienes disfrutan optimizando recetas, experimentando con nuevas combinaciones de cartas o simplemente completando actividades pendientes, esta decisión puede resultar bastante decepcionante. En un título cuya principal fortaleza reside precisamente en la experimentación, impedir seguir utilizando todas las herramientas desbloqueadas parece una oportunidad desperdiciada.
Desde el punto de vista técnico también existen algunos aspectos mejorables. Aunque la dirección artística consigue ocultar buena parte de sus limitaciones, las texturas muestran un nivel de detalle bastante modesto y en ocasiones tardan demasiado en cargarse.. Algunos escenarios interiores lucen considerablemente más simples que las zonas exteriores y ciertos elementos visuales evidencian un presupuesto contenido. también tenemos algunas opciones de personalización que terminan por quedarse escuetas, y minijuegos o misiones secundarias que no terminan por aportar mucho a la experiencia y si diluyen dentro de la historia principal.
¿Vale la pena?
Beastro es uno de esos juegos independientes que demuestran que la creatividad continúa siendo uno de los motores más potentes de la industria. Su combinación entre simulador de granja, gestión culinaria y construcción de mazos no solo resulta original, sino que además consigue que cada sistema tenga un impacto directo sobre el resto. Esa cohesión convierte a la experiencia en algo mucho más interesante de lo que su apariencia inicial podría hacer pensar.
No todo funciona con la misma precisión: la repetición de algunas tareas, ciertas limitaciones técnicas, el peso del azar durante algunos combates y la incomprensible ausencia de exploración libre tras finalizar la historia impiden que alcance un nivel todavía más alto. Son defectos evidentes, pero también parecen aspectos relativamente sencillos de mejorar mediante futuras actualizaciones.
Aun así, el balance final es claramente positivo y le ponemos 3 estrellas. Timberline Studio firma un debut lleno de personalidad, con un mundo encantador, personajes memorables y una de las propuestas jugables más originales dentro del género cozy. Para quienes disfrutan de los simuladores de granja, los juegos de cocina o las experiencias de construcción de mazos accesibles, Beastro representa una recomendación muy fácil de hacer.
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