Jugué Kiln durante todo el fin de semana y algo tengo claro: me divertí horrores, pero no sé si mi estante de cerámicas seguirá creciendo

Jugué Kiln durante todo el fin de semana y algo tengo claro: me divertí horrores, pero no sé si mi estante de cerámicas seguirá creciendo

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Kiln Resena Ayax
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Ayax Bellido

Coordinador Editorial
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Ayax Bellido

Coordinador Editorial

Escribo sobre videojuegos. Coordinador Editorial en 3DJuegos México. ¡Llegó el momento de la espada y el hacha, llegó el momento de la locura y el desdén!

25 publicaciones de Ayax Bellido

Double Fine es un estudio que ha hecho de la originalidad su principal carta de presentación. Desde propuestas como Psychonauts, el equipo ha demostrado una capacidad poco común dentro del medio para construir mundos con personalidad propia, donde lo extraño es bienvenido y hasta necesario. En ese contexto, la llegada de Kiln a Xbox Series X|S -disponible en Game Pass- PS5 y PC no resulta sorprendente en términos conceptuales, pero sí lo es en cuanto a su enfoque: un título multijugador en un mercado saturado, donde la permanencia depende tanto de la propuesta como de la constancia de su comunidad.

La pregunta, entonces, no es solo si Kiln es un buen juego, sino si tiene lo necesario para mantenerse relevante en un ecosistema competitivo que exige innovación constante y compromiso a largo plazo por parte de los jugadores. Los rasgos de identidad están y saltan a simple vista, pero… ¿en verdad vale la pena?

Una propuesta tan extraña como coherente

A primera vista, Kiln puede parecer un experimento excéntrico incluso para los estándares del propio estudio. La idea de convertir la alfarería en el eje de un juego PvP no solo es inusual, sino que desafía cualquier expectativa tradicional del género. Sin embargo, al profundizar en su diseño, queda claro que esta aparente rareza responde a una lógica interna bien definida: transformar el acto creativo en una herramienta de combate, y es ahí, donde este juego busca encontrar su principal diferenciador.

Aquí no se trata de esculpir piezas perfectas ni de competir por estética: la cerámica es un medio, no un fin. Cada vasija, cuenco o jarra que el jugador moldea en el torno tiene una función práctica dentro del campo de batalla. La resistencia, la capacidad de almacenar agua o la forma en la que se desplaza se convierten en variables tácticas que determinan su utilidad en combate.

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Esta reinterpretación del proceso creativo resulta, en sí misma, uno de los mayores aciertos del juego. Kiln no pretende ser un simulador de alfarería; es, más bien, una reinterpretación lúdica donde la creación se somete a las reglas de la supervivencia. Y aquí es donde la imaginación no tiene fronteras, porque puedes crear tus piezas pensando en cómo usarlas en el campo de batalla, o en en la personalización pura y dura de nuestras ideas: por ejemplo, yo en mi estante superior termine teniendo un cantarito, de esos en los que te sirven el tequila, un pequeño vaso con estética alienígena, y un jarrón con toda la impronta de un guerrero medieval.

Entre la simplicidad y el caos: para crear hay que destruir

Uno de los aspectos más destacables de Kiln es su accesibilidad. El juego evita las curvas de aprendizaje prolongadas y centra su jugabilidad en la simplicidad: entender sus mecánicas básicas es relativamente sencillo, lo que permite que nuevos jugadores se integren rápidamente a la dinámica. Sin embargo, esta simplicidad inicial da paso a una experiencia caótica, donde múltiples variables entran en juego de manera simultánea.

El objetivo central es apagar el fuego en el horno de alfarería del equipo contrario, mientras se protege el propio. Esto se ejecuta a través de dinámicas que combinan movilidad, gestión de recursos y confrontación directa. Las vasijas, lejos de ser objetos pasivos, se convierten en extensiones del jugador, capaces de embestir, bloquear o transportar agua en medio del conflicto.

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Esta dualidad entre accesibilidad y caos es uno de los elementos que define la experiencia. Por un lado, facilita la entrada; por otro, puede generar una sensación de repetición cuando las partidas comienzan a parecer variaciones de una misma fórmula. La ausencia de modos de juego significativamente distintos refuerza esta percepción, limitando en cierta medida su profundidad a largo plazo. Es decir, puede ser uno de esos juegos en los que te avientas un par de partidas antes de dormir o en algún momento libre del día, pero es difícil quedarse por horas sin sentir la monotonía.

Pero donde Kiln encuentra uno de sus mayores atractivos es en la libertad creativa que ofrece al jugador: el torno de alfarero es un espacio de experimentación constante. La posibilidad de diseñar piezas con diferentes formas, tamaños y capacidades introduce una capa estratégica que, aunque no es siempre determinante, sí aporta variedad a la experiencia.

Cada diseño implica una decisión: ¿priorizar la capacidad de carga de agua o la estabilidad en el movimiento? ¿optar por estructuras más resistentes o por formas más ágiles? Estas elecciones, aunque sencillas en apariencia, influyen directamente en el desempeño dentro del campo de batalla. Por ejemplo, las cerámicas grandes son perfectas para proteger el horno de los adversarios y sirven de ancla para el equipo, mientras que las más pequeñas -nuestras favoritas sin duda- son más ágiles y capaces de hacer múltiples destrozos a lo largo del mapa.

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Además, el espacio conocido como The Wedge funciona como un punto de encuentro donde los jugadores pueden exhibir sus creaciones, intercambiar ideas y observar las propuestas de otros. Este componente social refuerza la identidad del juego, alineándose con la filosofía de Double Fine de construir experiencias donde la creatividad colectiva tenga un papel relevante. Incluso puedes jugar con las creaciones de otros usuarios.

Un PvP distinto, pero con limitaciones

En un género dominado por fórmulas bien establecidas, Kiln apuesta por diferenciarse a través de su concepto. No hay armas convencionales, ni habilidades complejas, ni sistemas de progresión profundos. En su lugar, ofrece una experiencia más ligera, centrada en la interacción inmediata y en la improvisación.

Este enfoque tiene ventajas claras: partidas rápidas, mecánicas comprensibles y un tono accesible que invita a jugar sin demasiadas exigencias. Sin embargo, también plantea desafíos importantes. La falta de profundidad en su modo principal puede afectar la retención de jugadores a largo plazo, especialmente en un contexto donde los títulos multijugador compiten por la atención constante de una audiencia cada vez más fragmentada.

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Kiln parece consciente de esta limitación, apoyándose en su identidad visual y en su tono humorístico para mantener el interés. La estética vibrante, los diseños extravagantes y el carácter desenfadado del juego contribuyen a construir una experiencia distintiva, aunque no necesariamente suficiente para sostener una comunidad activa durante largos periodos.

En un momento donde los juegos como servicio dominan la conversación, cualquier propuesta multijugador se enfrenta a expectativas elevadas. Contenido constante, eventos, actualizaciones y sistemas de progresión son elementos que los jugadores han aprendido a considerar indispensables. Kiln, en su estado actual, se percibe más como una experiencia contenida que como una plataforma en evolución. Esto no es necesariamente negativo, pero sí lo coloca en una posición particular dentro del mercado: no compite directamente con los grandes exponentes del género, pero tampoco se presenta como una alternativa completamente independiente de esas dinámicas.

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La comparación con otros títulos de Double Fine también es inevitable. A diferencia de sus juegos narrativos o de aventura, donde la experiencia está claramente delimitada, Kiln depende de factores externos, principalmente la comunidad, para mantener su relevancia. Esto representa un cambio significativo en la forma en que el estudio aborda el diseño de sus proyectos.|

¿Vale la pena?

Kiln representa, en muchos sentidos, lo mejor y lo más desafiante de Double Fine. Por un lado, reafirma la capacidad del estudio para generar ideas originales y ejecutarlas con personalidad. Por otro, evidencia las dificultades de trasladar esa creatividad a un formato multijugador que exige constancia y evolución.

Como propuesta inicial, el juego cumple con ofrecer una experiencia entretenida y diferente. Su accesibilidad y su enfoque creativo lo hacen destacar, al menos en sus primeras horas. No obstante, su futuro dependerá en gran medida de la capacidad del estudio para ampliar su contenido y profundizar en sus mecánicas. En un mercado donde la innovación suele diluirse entre fórmulas repetidas, Kiln apuesta por lo inesperado. Y aunque esa apuesta no garantiza el éxito, sí deja claro que todavía hay espacio para experimentar, incluso en los terrenos más competitivos del videojuego actual.


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