Durante décadas, los fanáticos de Castlevania han encarnado a diferentes generaciones de la familia Belmont para pelear con Drácula. Sin embargo, existe otro linaje dentro de los juegos de Konami que también ha peleado contra el malvado vampiro y no ha obtenido el reconocimiento que se merece: ellos son los Morris, otra familia legendaria en su quehacer de cazar vampiros.
El origen de los Morris en Castlevania
Desde el primer juego de Castlevania, un Belmont ha estado al frente de la batalla contra las fuerzas de la noche. Desde Simon, Trevor y hasta Richter, siempre generaciones separadas por siglos, el apellido se convirtió en sinónimo de cazar vampiros. Pero los Belmont no fueron los únicos que se enfrentaron a Drácula.
A medida que avanzó la historia de la franquicia, Konami introdujo a los Morris como otra familia de cazadores de primer orden, aunque su relación con el legado de los Belmont siempre estuvo marcada por una diferencia fundamental: ellos podían empuñar el látigo, pero hacerlo a su máximo poder tenía un precio.
Inspirados por la novela Drácula de Bram Stoker, los Morris tienen uno de sus primeros antecedentes en Quincey Morris, el tejano que forma parte del grupo de cazadores liderado por Abraham Van Helsing y que participa en la batalla final contra el Conde. En la novela, Quincey consigue herir mortalmente a Drácula con su cuchillo Bowie, pero también muere a causa de sus heridas.
Konami tomó este personaje como punto de partida para integrarlo al universo de Castlevania, donde los Morris quedaron establecidos como una rama relacionada con los Belmont. El siguiente miembro importante de la familia fue John Morris, protagonista de Castlevania: Bloodlines, quien en 1917 tomó el látigo para enfrentarse a Drácula. John consiguió destruir al vampiro, pero el uso del látigo también terminó consumiendo su fuerza y años después moriría a consecuencia de haberlo utilizado.
El último de los Morris en pelear contra Drácula
A John le sucedió su hijo Jonathan Morris, protagonista de Castlevania: Portrait of Ruin, y probablemente el miembro más conocido de esta familia dentro de los juegos. En 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, Jonathan se adentró en el castillo de Drácula junto a Charlotte Aulin para detener al vampiro Brauner y a las fuerzas que buscaban aprovechar la guerra para resucitar al Conde.
En primera instancia, Jonathan guardó resentimiento hacia su padre porque nunca le enseñó a utilizar correctamente el Vampire Killer, aunque pronto descubrió que quería mantenerlo alejado de la maldición que había condenado su propia vida. Aun así, Jonathan asumió el riesgo y realizó el ritual necesario para liberar el verdadero poder del látigo. Con él consiguió enfrentarse a Brauner, la Muerte y finalmente al propio Drácula, demostrando que el apellido Morris estaba más que preparado para cargar con el legado de los Belmont.
Aunque no tienen la presencia constante de los Belmont, los Morris ocupan un lugar particularmente oscuro dentro del lore de Castlevania. Su historia está ligada a un legado que heredaron sin recibir realmente sus beneficios: podían utilizar el arma más importante de los cazadores de vampiros, pero cada vez que recurrían a todo su poder estaban pagando con años de vida.
En cualquier caso, estos héroes son importantísimos para entender el lore de esta serie, además de protagonistas de dos de los mejores juegos de toda la franquicia. Y aunque sabemos que Rose será la protagonista del nuevo Castlevania: Belmont's Curse, esperamos encarecidamente que un nuevo Morris aparezca en la franquicia.
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