Aunque al día de hoy no suena loco hablar de un Resident Evil para consolas portátiles, es decir, tenemos a Requiem corriendo perfectamente en Nintendo Switch, en 1999 hablar de ello era que te calificaran de loco. Pero lo cierto es que hubo un intento de portear el primer juego de la serie a un Game Boy Color: el proyecto alcanzó casi el 98% de su desarrollo, pero terminó siendo cancelado por Capcom.
El port imposible de Resident Evil
Tras el éxito del primer juego de Resident Evil, el cual solo fue superado por la segunda entrega, Capcom comenzó a buscar nuevas formas de llevar su franquicia a más jugadores. La idea de trasladar la Mansión Spencer a una portátil sonaba atractiva, especialmente porque Game Boy Color también se había convertido en un fenómeno para Nintendo y contaba con una enorme base de jugadores. El problema era intentar meter un juego de PS1 en una máquina de 8 bits. Aun así, Capcom decidió que valía la pena intentarlo.
Para ello, Capcom contrató al estudio HotGen, el cual comenzó a trabajar entre 1999 y principios del año 2000 en una adaptación que, lejos de limitarse a reinterpretar Resident Evil con gráficos más sencillos, intentaba conservar la experiencia original. Los fondos prerrenderizados de PlayStation fueron comprimidos y transformados en mosaicos compatibles con la limitada paleta de Game Boy Color, mientras que los modelos 3D de los protagonistas e incluso de los zombis fueron digitalizados para convertirlos en sprites bidimensionales animados.
Cancelado al 98% de su desarrollo
Todo tenía que caber en un cartucho de apenas 4 MB, incluyendo la Mansión Spencer, sus acertijos, enemigos y música. Y lo más sorprendente es que HotGen no se quedó únicamente con la estética: el port conservaba cosas como el inventario, los baúles, las máquinas de escribir y los mapas originales. Es más, hasta el juego mantenía las dos campañas, con Chris y Jill como personajes jugables. Y para resolver las limitaciones de una pantalla tan pequeña, al apuntar el juego cambiaba a una vista más cercana, prácticamente en primera persona.
Pero en marzo del 2000, cuando el proyecto ya estaba prácticamente terminado, Capcom decidió cancelarlo. La compañía y Shinji Mikami consideraron que el resultado final no estaba a la altura de lo que debía ser un Resident Evil, incluso con el portento de adaptación de HotGen. Las limitaciones del Game Boy Color eran demasiado evidentes: las animaciones eran lentas, los sprites sufrían parpadeos y muchos elementos resultaban difíciles de distinguir en una pantalla sin iluminación. Y de esta manera pasó al olvido.
Durante más de una década se creyó que el Resident Evil de Game Boy Color había desaparecido para siempre, hasta que en 2012, un grupo de coleccionistas del antiguo foro AssemblerGames consiguió financiar la compra de dos cartuchos de prueba pertenecientes a un exdesarrollador.
De pronto, aquel Resident Evil que Capcom había considerado demasiado tosco para llegar a las tiendas podía jugarse por primera vez de principio a fin. Y lo que durante años había sonado a una creepypasta resultó ser completamente real: Resident Evil sí estuvo a punto de llegar a Game Boy Color, y solo hizo falta que alguien encontrara los restos de aquel proyecto para que dejara de ser un sueño perdido.
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