Llevo 22 años jugando videojuegos como religión: no hay semana que recuerde, más que cuando me castigaban de niño, en la que no haya tomado un control y encendido la televisión para jugar. Pero de ese tiempo, solo tengo 6 años tomándome el hobby de manera más seria, invirtiendo mi propio dinero, y no el de mis padres, en periféricos. Es por ello que valoro la importancia de reconocer cuando le sacarás todo el partido a un monitor gamer exclusivo para jugar, o cuando un televisor dedicado a videojuegos será más que suficiente.
Los monitores son la respuesta obvia para un gamer
He tenido la fortuna de contar con varios monitores enfocados a los videojuegos en años recientes. Desde que escuché a algún creador de contenido de Apex Legends decir que si quería mejorar mi nivel debía tener uno de ellos, me obsesioné con buscar el ideal que me diera la ventaja competitiva que buscaba. Lo malo es que, para mi bolsillo, hacerme con los mejores monitores del mercado es una inversión que no puedo permitirme. No solo por su alto costo, sino porque no cuento con los elementos para sacarle todo el provecho.
En ese entonces tenía mi Xbox Series S recién salido del empaque, capaz de ejecutar cualquier juego como servicio a 60 frames por segundo (fps). Para mí eso era una locura; una locura a la que debía sacarle el máximo provecho. Así que compré el monitor con mejor calidad-precio de ese entonces: un Samsung C27F390FHL.
Pese a sus limitados 60 fps para los estándares actuales, comprendí las maravillas que me llevaron al cambio: una pantalla más pequeña era ideal para jugar desde un escritorio, los colores tenían mejor representación que una pantalla tradicional y las opciones de personalización (como el FreeSync) eran ideales para gamers.
Más tarde, cuando los estándares de los shooters evolucionaron, quise hacer otra inversión: las actualizaciones next gen llegaron a todos lados, siendo el tope el doble de cuadros por segundo (120 fps). En ese entonces me decidí a buscar sobre el tema, y entendí que, si realmente quería llegar al competitivo de Apex Legends, quería cambiar mi plataforma principal de consolas a una PC. La doble decisión me volvía loco: debía encontrar una máquina con el suficiente poder como para correr Apex Legends; pero también un monitor que soportara esa velocidad.
Los televisores gamer también tienen sus aspectos positivos
La decisión final fue: una laptop gamer con una buena pantalla y, sobre todo, con una gráfica dedicada. Bajo mi razonamiento en ese momento, maté dos pájaros de un tiro. Sin embargo, un tiempo después de entrar a trabajar en los medios de videojuegos, tuve la oportunidad de reseñar un televisor gamer, con el cual sigo jugando en la actualidad.
Y es que, para mi sorpresa, estas pantallas son capaces de tener tiempos de respuesta en milisegundos, opciones de personalización igual de específicas que los monitores y, lo más importante, tener hasta los 144 Hz. Todo ello sin sacrificar el gran tamaño ni las comodidades de una smart TV. Claro que el precio se eleva a los cielos; pero de por sí estos electrodomésticos son más caros que los monitores.
En lo personal, quedé tan fascinado con este televisor, un Amazon Omni TV Mini LED, que mudé todos mis dispositivos de regreso a las TVs. Con ello, también tuve que cambiar mis metas como jugador profesional, pues con una televisión, por más adaptada a nuestro mercado que sea, no llega a ser igual de efectivo que un monitor. Pero eso no es una mala noticia, sino una distinción de dos sectores a los que atiende cada producto.
Para definir cuál es mejor, debes conocer qué tipo de gamer eres
La realidad es que no existe una respuesta universal sobre cuál es mejor, porque monitores y televisores gamers están pensados para necesidades completamente distintas. Un monitor tiene sentido cuando buscas sentarte frente a un escritorio, tener la pantalla cerca y aprovechar al máximo una alta tasa de refresco, tiempos de respuesta reducidos y tecnologías que ayuden en juegos competitivos. En cambio, un televisor gamer apuesta por una experiencia más cómoda y envolvente, con pantallas mucho más grandes, buena calidad de imagen y todas las funciones de una Smart TV. Elegir uno sobre otro depende, en gran medida, de qué tipo de jugador eres y cómo disfrutas tus videojuegos:
- Si eres de los que pasa horas intentando subir de rango, perfeccionando su puntería o buscando cualquier ventaja posible en un shooter competitivo, entonces el monitor sigue siendo la opción más lógica. Su tamaño, distancia de uso y características están diseñados para reaccionar rápido y mantener toda la acción dentro de tu campo de visión.
- Pero si lo que quieres es sentarte en el sillón, conectar una consola y disfrutar de The Legend of Zelda, GTA VI o cualquier aventura para un jugador en una pantalla enorme, un televisor gamer puede ser mucho más conveniente. Incluso para quienes juegan competitivamente de manera casual, las nuevas televisiones ya ofrecen especificaciones que hace algunos años parecían exclusivas de los monitores.
Por eso, después de tantos años jugando y probando ambas opciones, no creo que una pantalla haya derrotado a la otra. Los monitores siguen siendo la herramienta ideal para quienes buscan competir y aprovechar cada milisegundo, mientras que los televisores gamers atienden a quienes priorizan comodidad, tamaño e inmersión sin renunciar a buenas prestaciones para jugar. Al final, no se trata de encontrar la pantalla definitiva, sino de elegir la que realmente tenga sentido para la manera en que cada jugador disfruta sus videojuegos.
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