Baldur’s Gate 3 sigue regalándonos un sinfín de anécdotas y curiosidades que solo reflejan lo abrumador y gigantesco que es el mundo creado por Larian Studios. Aunque muchos usuarios han intentado llevar las mecánicas del título al límite, muy pocos se comparan con la hazaña del jugador conocido como Vikashar.
Muy al principio de la aventura, Vikashar decidió poner a prueba los límites del juego: intentó fingir la muerte de Wyll antes de que apareciera su patrona demoníaca, Mizora. Al hacerlo, descubrió un método para matarla de verdad. Mizora, un personaje que normalmente es invulnerable en esa etapa, quedó reducida a un simple montón de ceniza en el campamento.
Un montón de ceniza en las escenas clave
Para sorpresa del jugador, el sistema no se dio cuenta del todo. Mizora continuaba programada para aparecer en varios momentos clave de la historia de Wyll, y efectivamente lo hacía, pero únicamente como un puñado de polvo en el suelo. Cada vez que el grupo debía interactuar con ella, solo encontraban ceniza silenciosa.
Mizora
A pesar de esto, la misión de Wyll avanzaba de forma habitual: diálogos unilaterales, promesas incumplidas y maldiciones que se aplicaban sin importar el estado del personaje.
La situación funcionó de manera aceptable durante los dos primeros actos. Wyll conservó sus cuernos demoníacos, la trama de Karlach siguió su curso y el jugador pudo explorar Faerûn sin mayores contratiempos. El juego parecía haber asimilado el absurdo de tener a una patrona reducida a restos calcinados y continuaba tirando de los hilos narrativos.
La factura del Acto 3
El verdadero problema llegó en el Acto 3. Para rescatar al Gran Duque Ravengard, padre de Wyll encarcelado en el Trono de Hierro, era imprescindible negociar con Mizora, quien ofrecía su ayuda a cambio de renovar el pacto. Sin embargo, como solo había ceniza donde debía estar la tieflina, resultaba imposible iniciar la conversación. Sin ese diálogo, el duque moría siempre, sin importar cuántas veces se recargara la partida o se intentara un enfoque distinto.
El jugador ejecutó todo lo necesario para completar la misión: infiltración, combate y un timing perfecto. Aun así, el duque aparecía sin vida en su celda. El juego, fiel a su costumbre de marcar las misiones fallidas como completadas, no cerraba la historia de Wyll de forma limpia. En su lugar, el diario de misiones continuaba sugiriendo la única acción que ya no era posible: hablar con Mizora.
Mizora.
Al final, Vikashar quedó atrapado en un callejón sin salida narrativo que los desarrolladores nunca contemplaron. Matar a un personaje supuestamente invulnerable al inicio de la aventura no rompió el juego de inmediato, pero dejó la historia herida de muerte. La consecuencia definitiva llegó decenas de horas después, cuando un simple montón de ceniza impidió salvar a un personaje clave y cerrar una de las tramas más personales del título.
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