Instaló Windows 95 en esta PlayStation y vió con sus propios ojos por qué es una de las consolas más complejas de Sony

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Ayax Bellido

Coordinador Editorial
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Ayax Bellido

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Escribo sobre videojuegos. Coordinador Editorial en 3DJuegos México. ¡Llegó el momento de la espada y el hacha, llegó el momento de la locura y el desdén!

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La PlayStation 2 es una de esas consolas cuya fama no se explica únicamente por su enorme catálogo o por haber vendido millones de unidades, una buena parte de su legado está en lo complicada e inovadora que resultó su arquitectura, una característica que en su momento representó un reto para los desarrolladores y que, más de dos décadas después, sigue ofreciendo terreno fértil para quienes disfrutan llevando el hardware hasta límites poco convencionales.

Ejecutar Windows 95 en una PS es posible

Eso es justamente lo que hizo el modder MetraByte, quien se propuso trasladar el antiguo sistema operativo de Microsoft a la consola de Sony. La idea puede parecer un experimento anecdótico, pero detrás de ella existe una curiosidad técnica: la PlayStation 2 utiliza un procesador Emotion Engine basado en arquitectura MIPS, mientras que Windows 95 fue diseñado para funcionar sobre procesadores x86. No se trata, por tanto, de instalar simplemente un sistema operativo incompatible y esperar que arranque.

La solución encontrada por MetraByte fue recurrir a la emulación directamente desde la PlayStation 2. En lugar de intentar que el hardware ejecutara Windows 95 de manera nativa, el proyecto utiliza una capa intermedia capaz de traducir las instrucciones necesarias. El proceso requirió cerca de 14 horas de trabajo.

El resultado es, desde luego, curioso. Windows 95 consigue arrancar en la PlayStation 2, pero sería exagerado describirlo como una alternativa funcional a un ordenador de aquella época. El sistema presenta diferentes problemas de estabilidad y compatibilidad, mientras que algunos elementos básicos de interacción tampoco funcionan como deberían. El reconocimiento de un ratón estándar, por ejemplo, supone un obstáculo, y la representación de las fuentes puede deteriorarse hasta resultar prácticamente ilegible cuando se abren determinadas ventanas.

Y todavía quedaba una prueba particularmente apropiada para medir el resultado: DOOM. El juego de id Software se ha convertido casi en una unidad de medida para este tipo de experimentos tecnológicos. A lo largo de los años ha aparecido ejecutándose en dispositivos para los que jamás fue concebido, convirtiéndose en una especie de desafío recurrente entre aficionados al hardware y la programación. Si una máquina extraña consigue ejecutar DOOM, la hazaña adquiere inmediatamente otra dimensión.

En este caso, sin embargo, la PlayStation 2 no consigue superar esa prueba. Al intentar iniciar DOOM desde Windows 95, el lanzador presenta problemas de visualización y el juego finalmente no llega a ejecutarse. Puede parecer una derrota después de semejante esfuerzo, pero en realidad ayuda a explicar por qué el proyecto resulta tan revelador. Arrancar Windows 95 ya supone superar una barrera enorme; conseguir además que sus aplicaciones funcionen correctamente exige resolver una segunda capa de problemas relacionados con el rendimiento, la compatibilidad y la interacción con el hardware.

La paradoja es que un sistema operativo de finales de los noventa termina sirviendo para demostrar las peculiaridades de una consola lanzada en el año 2000. La PlayStation 2 fue una máquina extraordinariamente capaz para su época, pero también tenía una arquitectura que obligaba a los desarrolladores a comprender muy bien cómo aprovechar sus recursos. Esa complejidad fue parte de su identidad y también uno de los motivos por los que desarrollar para ella podía convertirse en un desafío.

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