Según la psicología, los millennials que aún juegan videojuegos desarrollan habilidades especiales, y estas pueden resultarles útiles en la vejez

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Tengo buen sentido del humor y soy bueno contando chistes malos, mi pasión son los videojuegos y la tecnología y no pasa un día en que no consuma alguna noticia que tenga que ver con eso.

En mi tarjeta de presentación, soy Editor Gaming, en mi mente, tengo una banda de rock exitosa. Pero en mi corazón, soy un gamer. 

El que obra bien le va bien.

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Existe una creencia popular que ha acompañado a la industria casi desde sus inicios: la idea de que los videojuegos son una simple pérdida de tiempo. Sin embargo, diversos estudios científicos permiten contrarrestar esta postura, asegurando que jugar de manera habitual —incluso en la edad adulta— fortalece áreas clave del cerebro y ayuda a construir una reserva cognitiva valiosa con el paso de los años.

Los beneficios cognitivos pueden manifestarse en cualquier etapa de la vida y, en algunos casos, contribuyen a mitigar síntomas asociados a enfermedades neurodegenerativas. Investigaciones han documentado incrementos en la materia gris y mejoras en el reconocimiento del entorno tridimensional tras sesiones de juego en títulos como Super Mario 64. Asimismo, estudios destacados por medios como The Guardian, entre ellos los liderados por el investigador Gregory West, respaldan el impacto positivo de este pasatiempo:

"Los adultos mayores reciben una verdadera estimulación social al jugar videojuegos en línea con otras personas y comunicarse a través del micrófono, y creo que no se puede ignorar el efecto positivo, también en lo que respecta al riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer."

El entrenamiento cognitivo y la construcción de la reserva cerebral

Los análisis señalan que los títulos de acción funcionan como un entrenamiento mental efectivo. Además, el componente multijugador en línea aporta un valor social relevante: la interacción constante y la comunicación por micrófono brindan una estimulación real que favorece la salud mental en adultos mayores.

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Este tipo de ejercitación contribuye a la creación de la llamada reserva cognitiva, definida como la capacidad del cerebro para improvisar y resolver problemas complejos. Dicha reserva se desarrolla a lo largo de la vida y permite retrasar o compensar con mayor efectividad los efectos de padecimientos como el Alzheimer, el Parkinson, la esclerosis múltiple o las secuelas de un accidente cerebrovascular. Desde la década de los ochenta se han documentado casos de personas que no mostraron signos clínicos de demencia en vida, pero cuyas autopsias revelaron daños propios de un Alzheimer avanzado, gracias a la compensación de su reserva cognitiva.

Quienes han jugado de forma continua durante décadas están, en teoría, fortaleciendo estas habilidades de manera prolongada. Aunque aún se requieren estudios longitudinales de mayor alcance —dado que la generación millennial que creció con los videojuegos aún no alcanza la edad de jubilación—, la evidencia actual sugiere que este pasatiempo contribuye a preservar la salud cerebral en la vejez.

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Como en cualquier actividad, el exceso puede resultar contraproducente. Mantener jornadas de juego demasiado prolongadas puede derivar en fatiga visual o estrés; sin embargo, consumidos con moderación, los videojuegos destacan como un entrenamiento accesible para potenciar la mente, la percepción espacial y los reflejos.

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