Recuerdo hacerme de mi primer Tamagotchi cuando tenía seis años, probablemente todavía no era ni el año 2000. El hermano de mi papá había llegado de una larga temporada en Estados Unidos y me dio uno como regalo. Como yo, miles de niños fuimos sorprendidos con estos animales de bolsillo, y no solo de mi generación: la nostalgia ha convertido al dispositivo de Bandai en un objeto de culto tan vigente hoy como lo estaba en el primer día.
Cuidando los tamagotchijos
Tamagotchi nace en 1996 en Japón, de la mano de Aki Maita y Akihiro Yokoi, con el respaldo de Bandai. La idea era muy sencilla: crear una mascota que pudieras llevar a todas partes, un compañero virtual que como los reales, necesitara de atención y cuidados.
¿El resultado? Un pequeño dispositivo digital con una mascota dentro que crecía conforme pasaban los días y al final moría como todo lo que muere en la vida. Nadie esperaba que su simplicidad, ternura y el misterio de cuidarlos convirtieran a Tamagotchi en un fenómeno inmediato en Japón, escalando rápidamente a una escala global.
El dispositivo era pequeño, de bolsillo, casi un llavero con una pantalla monocromática y tres botones que servían para alimentar, jugar y limpiar a tu mascota.
Cada acción tenía consecuencias: si descuidabas a tu Tamagotchi, podía enfermar y morir, lo que de entrada ya generaba una sensación de responsabilidad. La interacción era directa y constante y estaba bastante alejada de la experiencia de un videojuego tradicional; aunque, también era extrañamente divertida.
El éxito y la llegada a México de Tamagotchi
Su llegada a México se dio a finales de la década de los noventa y fue un choque cultural inmediato. Como recientemente pasó con los Labubu, en cuestión de semanas, los Tamagotchi estaban en tiendas departamentales como Sanborns o Liverpool, y la popularidad masiva también abrió la puerta a la piratería: aparecieron versiones genéricas con hasta 100 criaturas en un solo dispositivo que se vendían en tianguis, mercados y papelerías.
Incluso yo tuve uno de esos, de Digimon, comprado en el mercado de juguetes del Velódromo. Acá cabe aclarar una cosa: para quien no lo sepa, Digimon nació como un spin off de Tamagotchi, era la vertiente más “masculina” que llegó a México popularizado a través de su anime. Y a diferencia del Tamagotchi, los Digimon podían conectarse entre sí para pelear.
Aunque el enfoque era distinto, ambas franquicias coexistieron y se complementaron. La verdad es que en esos primeros años el éxito de Bandai fue casi imparable y, hacia los 2000, incluso la compañía se dio el lujo de incorporar funciones como infrarrojo, matrimonios y descendencia digital (¡las criaturas de los Tamagotchis ya podían tener hijos entre sí!)
La caída y el resurgimiento de Tamagotchi
Pero como todo lo que sube, tiene que bajar: hacia 2010, la popularidad del Tamagotchi en Occidente ya había disminuido drásticamente. Los dispositivos dejaron de estar en tiendas, la marca se volvió de nicho y muchos de los niños de los 90 empezaban a mirar al Tamagotchi como un recuerdo cada vez más lejano.
Sin embargo, durante la década de los 2020, Tamagotchi ha tenido un resurgimiento notable. La nostalgia de los 90 y el factor retro se combinaron con nuevos lanzamientos. Hace poco fui a la feria de juguetes que se hace en el World Trade Center por Navidad, y pude ver cómo volaban de los escaparates. Incluso me compré una reedición de la segunda generación.
Per lo que más me sorprendió era la enorme variedad de modelos, algunos con pantalla a color y otros clásicos de píxeles negros (como el mío), y cómo tanto niños como adultos compraban estos aparatitos con una ilusión muy inocente.
Lo más bonito, en el caso específico de Tamagotchi, es que, como con Pokémon o Dragon Ball, también se ha convertido en una magia que se renueva con los años, capaz de conectar a generaciones a través de algo tan sencillo y tan bello como cuidar a una mascota, aunque sea digital y tenga la forma de un pollo mutado con un perro.
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