Perecerá una locura, pero ajustar tu monitor 3 FPS por debajo del máximo disponible puede ayudar a que tenga una experiencia más solida, estable y con menos latencia

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Tengo buen sentido del humor y soy bueno contando chistes malos, mi pasión son los videojuegos y la tecnología y no pasa un día en que no consuma alguna noticia que tenga que ver con eso.

En mi tarjeta de presentación, soy Editor Gaming, en mi mente, tengo una banda de rock exitosa. Pero en mi corazón, soy un gamer. 

El que obra bien le va bien.

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En el universo del PC gaming existe una enorme cantidad de opciones y configuraciones que, al ajustarse correctamente, permiten maximizar el rendimiento, la estabilidad y reducir la latencia de entrada (input lag). Sin embargo, hay un ajuste en particular cuyo método parece poco intuitivo, pero ofrece beneficios sustanciales: limitar la tasa de refresco del monitor exactamente tres FPS por debajo del máximo soportado por la pantalla.

Limitar ligeramente la tasa de cuadros por segundo (FPS) por debajo de la frecuencia de actualización (Hz) es una práctica recomendada y respaldada por ingenieros de hardware para optimizar tecnologías de sincronización adaptativa como NVIDIA G-Sync o AMD FreeSync. Esta configuración garantiza que el monitor se mantenga siempre dentro de su rango de refresco variable, ofreciendo la máxima fluidez con la menor latencia posible.

¿Por qué funciona este ajuste?

Para entender su efectividad, primero hay que comprender cómo operan G-Sync y FreeSync. Estas tecnologías sincronizan los hercios (Hz) del monitor con los fotogramas por segundo que renderiza la tarjeta gráfica (GPU), evitando los cortes de imagen (tearing) y asegurando un despliegue visual fluido.

Adaptive Sync Tearing 1200 1

El problema surge cuando la GPU es tan potente que alcanza o supera el límite del monitor (por ejemplo, al generar 144 FPS en un panel de 144 Hz). En ese instante, G-Sync y FreeSync se desactivan automáticamente, obligando al sistema a elegir entre dos escenarios desfavorables:

  • Opción A (Sin V-Sync): se produce desgarro de imagen, ya que la GPU envía un fotograma nuevo antes de que el monitor termine de desplegar el anterior.
  • Opción B (Con V-Sync activado): la GPU debe esperar a que el monitor complete su ciclo de refresco. Esta fila de espera genera un cuello de botella conocido como input lag (retraso de entrada), haciendo que el ratón se sienta pesado y el juego responda tarde.

El impacto de reducir 3 FPS

Si se limita un monitor de 144 Hz a 143 FPS, la GPU aún puede experimentar picos invisibles de hasta 144.1 FPS. Ese leve microsegundo basta para activar el V-Sync tradicional, provocando tirones (stuttering) o retraso.

En cambio, al reducir tres fotogramas completos —estableciendo el límite en 141 FPS para 144 Hz, o 237 FPS para 240 Hz— se logran los siguientes resultados técnicos:

  • Crea un margen de seguridad: absorbe cualquier fluctuación o pico repentino en el rendimiento de la GPU.
  • Evita el techo del monitor: la tarjeta gráfica nunca llega a tocar el límite de refresco del panel.
  • Mantiene G-Sync/FreeSync activo al 100%: al no alcanzar el techo, la sincronización adaptativa jamás se apaga, garantizando fluidez constante, cero rupturas de imagen y la menor latencia posible que tu hardware pueda entregar.
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Para visualizar el funcionamiento de esta técnica, imagina que conduces un automóvil equipado con un limitador automático que se activa a los 100 km/h y frena bruscamente para evitar que superes esa velocidad. Si intentas mantenerte a 99 km/h, cualquier pequeño bache te hará tocar los 100 km/h y sentirás el tirón del freno de forma constante; en cambio, conducir a 97 km/h te permite ir lo más rápido posible sin activar nunca el sistema de frenado. Eso es exactamente lo que logran esos tres FPS de diferencia.

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