Al principio parece una colorida aventura de supervivencia para niños, pero este juego siempre ha escondido una historia más profunda y emotiva dentro de su universo

Portda
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Tengo buen sentido del humor y soy bueno contando chistes malos, mi pasión son los videojuegos y la tecnología y no pasa un día en que no consuma alguna noticia que tenga que ver con eso.

En mi tarjeta de presentación, soy Editor Gaming, en mi mente, tengo una banda de rock exitosa. Pero en mi corazón, soy un gamer. 

El que obra bien le va bien.

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Todos sabemos que los juegos de Nintendo suelen caracterizarse por su estética colorida y de apariencia infantil. Sin embargo, muy pocos saben que este apartado visual no impide que sus historias escondan trasfondos oscuros, con tramas sumamente turbias y profundas. Uno de los casos más evidentes es el de Pikmin, una saga que se presenta como una amigable aventura de supervivencia para niños, pero que en realidad oculta uno de los lores más perturbadores y fascinantes de la compañía.

A primera vista, la premisa nos sumerge en una historia de supervivencia, exploración espacial y cooperación junto a unas pequeñas criaturas en un planeta misterioso y gigante. Sin embargo, quienes se adentran en la franquicia descubren rápidamente que este escenario no es un mundo alienígena cualquiera: se trata de una Tierra postapocalíptica y completamente desprovista de humanos, conocida formalmente en el juego como PNF-404.

Un planeta Tierra postapocalíptico y hostil

En esta saga, el protagonista, el Capitán Olimar, explora geografías que resultan extrañamente reconocibles. De hecho, el diseño de los niveles coincide con la disposición de los continentes reales y las estaciones del año terrestre. Sin embargo, el aire ya no es respirable para cualquiera; el oxígeno es un gas altamente tóxico para la especie de Olimar, lo que lo obliga a usar un casco espacial en todo momento y refuerza la hostilidad del ambiente de este planeta abandonado.

pikman

La naturaleza del entorno se hace evidente a través de los objetos cotidianos que encontramos a lo largo de la aventura. Elementos que pertenecieron a una civilización humana extinta, tales como pilas Duracell, tapas de botellas, consolas Game Boy y canicas, yacen esparcidos por los escenarios como reliquias del pasado.

Incluso la fauna local, que incluye desde los Bulborbos hasta el temible Waterwraith, no tiene un origen extraterrestre. Se trata de criaturas terrestres que mutaron debido a la radiación o a una selección natural extrema tras la caída de la humanidad, cuya agresividad refleja un ecosistema salvaje y desesperado por sobrevivir.

La soledad extrema de Olimar y la culpa del superviviente

A la ambientación postapocalíptica se suma el diario de viaje del Capitán Olimar, el cual añade una densa capa de horror psicológico a la experiencia. A través de sus bitácoras escritas, el jugador puede palpar su miedo real a morir envenenado si su traje llega a fallar, la profunda culpa por encontrarse tan lejos de su familia y una perturbadora revelación moral: el astronauta es plenamente consciente de que está utilizando a cientos de criaturas sintientes como "carne de cañón" para poder reparar su nave y regresar a casa.

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Aunque nos encontremos ante una franquicia colorida, minimalista y por momentos enternecedora, Pikmin cuenta con un trasfondo mucho más triste, reflexivo y profundo de lo que aparenta en su superficie. Es un claro ejemplo de cómo Nintendo es capaz de entregar una jugabilidad accesible para todo público sin renunciar a construir un universo maduro y turbio para quienes deciden prestar atención a los detalles.

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