Algo especialmente interesante en la manera en que Shigeru Miyamoto habla de la inteligencia artificial generativa, es que no parece hacerlo desde el miedo ni la fascinación. A sus 73 años, el creador de Mario y The Legend of Zelda pertenece a una generación que ha visto cómo la tecnología modificaba radicalmente las herramientas con las que trabajaban los diseñadores, y precisamente por eso su reflexión resulta menos apocalíptica de lo habitual.
Para Miyamoto, la IA no representa necesariamente la desaparición del creador, sino otra transformación tecnológica que obligará a preguntarnos qué parte de nuestro trabajo realmente importa cuando las máquinas puedan encargarse de una cantidad cada vez mayor de tareas.
La IA puede hacer el trabajo más rápido, pero no necesariamente hacerlo mejor
Crear algo siempre ha tenido una parte poco romántica, porque una cosa es imaginar un concepto y otra muy diferente dedicar horas a desarrollarlo, corregirlo, modificarlo, desecharlo y volver a empezar. Miyamoto señala que, cuando alguien se dispone a crear, primero establece una estructura general y después comienza el trabajo de rellenar huecos y concretar detalles, y buena parte de ese proceso es precisamente el tipo de tarea que las herramientas generativas pueden automatizar o acelerar.
"Nuestra generación vivió un periodo de rápido desarrollo informático, un tiempo en el que las herramientas evolucionaban constantemente, de las máquinas de escribir a los procesadores de texto... Creo que la IA generativa representa un cambio similar. Cuando te propones crear algo, primero estableces una estructura general y luego empiezas el trabajo manual: rellenar huecos o pedir detalles", declaró Miyamoto.
Y es justo ahí aparece una paradoja que me parece mucho más interesante que la habitual discusión sobre si la IA "reemplazará" a los humanos: si una máquina puede encargarse de una parte cada vez mayor del trabajo manual, el valor del creador no necesariamente disminuye. Puede ocurrir exactamente lo contrario, pues cuanto más fácil sea producir algo, más difícil será conseguir que ese algo tenga una identidad propia.
La historia de los videojuegos está llena de herramientas que hicieron más sencillo aquello que antes requería más tiempo y esfuerzo. Cada avance tecnológico ha desplazado ciertas tareas y, al mismo tiempo, ha permitido que los creadores concentren su energía en otras. La inteligencia artificial generativa puede representar un cambio mucho más profundo, pero la pregunta fundamental podría seguir siendo la misma: ¿qué quiere decir el creador?
Porque si algún día una máquina puede encargarse de dibujar, escribir, diseñar, programar y construir prácticamente cualquier cosa que le pidamos, entonces producir dejará de ser la principal dificultad y el verdadero reto será tener una visión que no pueda confundirse con todas las demás.
Ver 0 comentarios