La nostalgia es una cosa rara. Del griego nostos, que significa "volver a casa", es una sensación que nos transporta a lugares probablemente intangibles para nuestro entendimiento, pero al final cálidos para el corazón. Y el sonido de inicio de las consolas es justo uno de esos ruidos que pueden transportarnos a esos lugares inmateriales, y es que, según la psicología, estos sonidos son pequeñas cápsulas de memoria capaces de activar emociones, recuerdos y sensaciones acumuladas durante años de juego.
La nostalgia de jugar videojuegos
¿Llevo cuántos años jugando videojuegos? Al menos unos 30, y en todo ese tiempo he pasado por varias generaciones de consolas, modas, tecnologías y formas distintas de entender el hobby. Sin embargo, cuando escucho determinados sonidos, mi cabeza vuelve a épocas muy concretas: tardes enteras después de la escuela, vacaciones de verano o madrugadas descubriendo juegos que terminaron marcando mi personalidad.
El sonido del PS2, pero especialmente el del PlayStation original, es, para mí, una de las muestras más claras de este fenómeno. Escucharlo me produce una mezcla extraña de tranquilidad, ¿de melancolía?, y también de expectativa.
Lo mismo ocurre para otros con el legendario sonido de inicio de Windows 98 compuesto por Brian Eno, el arranque del primer Xbox, la secuencia inicial de Sega Saturn o el entrañable sonido de Nintendo Wii. Aunque cada uno tiene una identidad completamente distinta, todos comparten algo fundamental: fueron diseñados para comunicar seguridad, confianza y anticipación.
La psicología detrás del sonido
De acuerdo con Jonathan Adams, esto ocurre porque el sonido tiene una capacidad extraordinaria para activar mecanismos de recompensa dentro del cerebro. Diversos estudios sobre la relación entre audio y videojuegos señalan que ciertos estímulos sonoros pueden influir directamente en la producción de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y la satisfacción.
Con el tiempo, el cerebro aprende a relacionar determinados sonidos con experiencias positivas, como una buena sesión de Castlevania hasta el amanecer. En otras palabras, no recordamos únicamente el ruido de una consola arrancando: recordamos todo lo que venía después. Dice Adams:
"Los sonidos lineales del pasado han evolucionado hacia piezas de arte auditivo complejas que evocan emociones y tienen efectos evocadores en nuestras mentes. Y no se trata de una sola emoción, una variedad de sonidos que dependen del juego puede producir una montaña rusa de reacciones."
Nostalgia encapsulada: el sonido de arranque del PS1
No solo por mi mera apreciación emocional, sino por todo lo que conllevó su producción, me parece especialmente curioso el caso del sonido de arranque del PS1 para ejemplificar todo lo que he explicado. Creado por Takafumi Fujisawa, diseñador de sonido e ingeniero que también participó en el chip de audio de la consola, en una entrevista explicó que el proyecto nació con muy pocas restricciones creativas, más allá de las limitaciones de memoria ROM de la consola.
Su objetivo era desarrollar una secuencia que sonara bien sin importar el televisor utilizado y que, al mismo tiempo, transmitiera la identidad de la marca. De hecho, la primera versión fue aprobada casi inmediatamente. Lo que llama la atención es que Fujisawa no estaba pensando únicamente en crear un sonido que fuera reconocible, sino en construir una experiencia emocional completa desde el primer segundo:
"Mi objetivo era guiar esa sensación de seguridad al encender la consola hacia una atmósfera de entusiasmo posterior. Utilicé una transición hacia el acorde dominante de Do mayor para demostrar la intención de que la marca se mantuviera en la corriente principal (mainstream); luego entran las ricas cuerdas y la última parte presenta tonos centelleantes ajustando acordes perfectos de cuarta."
Una película, una comida o incluso unos pocos segundos de audio pueden quedar asociados a personas, lugares, emociones o etapas específicas de nuestra vida. Los videojuegos, por supuesto, no son la excepción. De hecho, por tratarse de experiencias en las que participamos activamente, sus sonidos suelen establecer vínculos todavía más fuertes con nuestra memoria.
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