Lo compré creyendo que sería otro metroidvania de Nintendo Switch: terminé atrapado en uno de los mundos más hostiles, bellos e impredecibles que he jugado

Rain World
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Jesús Zamora

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Jesús Zamora

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Fanático del manga, entusiasta de los videojuegos y obseso de la fantasía. Editor en 3DJuegos México. Puedo jugar con los ojos cerrados Castlevania: Symphony of the Night y mirar speedruns de Dark Souls hasta el amanecer.

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En mi eterna búsqueda de metroidvanias buenos y juegos que me hagan pasar más que el rato, y también, de una buena oferta en la Nintendo Store, me hice con Rain World. Y vaya que no pude haber tenido mejor suerte: me encontré ante mi nueva obsesión de 2026, una verdadera joya escondida en la Nintendo Switch. 

El viaje del héroe de un gato babosa

Pese a su apariencia superficialmente cozy viendo solo su portada, Rain World es un juego tan deprimente como maduro en su narrativa: acá encarnas a un pequeño Gato que también es una babosa y el cual queda separado de su familia después de una inundación, iniciando un viaje para encontrarla. 

Pero esa búsqueda aparentemente sencilla comienza a revelar algo mucho más imponente, incluso sombrío: un mundo mucho extraño, decadente, marcado por la muerte y la reencarnación. En este sentido Rain World es un juego bastante sutil en lo que te cuenta y buena parte de su encanto está en observar, atar cabos y entender poco a poco qué demonios ocurrió en este lugar.

Rain World

Monstruos que piensan por sí mismos

Por supuesto, un juego como este debía tener un gameplay a la altura de su mundo, y vaya que lo consigue. Rain World toma algunas ideas que asociamos comunmente con los metroidvanias, como explorar un enorme mapa interconectado, pero las retuerce hasta convertirlas en una experiencia de supervivencia en la que prácticamente todo quiere busca acabar contigo de alguna manera.

En esencia, eres una criatura que necesita encontrar comida, acumular suficiente alimento para poder hibernar y alcanzar un refugio antes de que termine el día. Y mientras intentas orientarte, como en el mundo real, los depredadores también hacen su propia vida: lagartos, buitres, ciempiés y otras criaturas se desplazan por el escenario, cazando y compitiendo entre sí gracias a una IA que no se limita a seguir patrullas predefinidas.

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Todos los enemigos tienen comportamientos y personalidades diferentes, pueden recordar tus interacciones con ellos e incluso llegan a reconocerte. Por ejemplo: puedes alimentar a un depredador para ganarte su confianza o provocar que dos criaturas se enfrenten entre sí para aprovechar el caos y escapar del conflicto. Hay criaturas que desaparecen y vuelven a aparecer después de varios días, en lugar de solo surgir mágicamente cuando entras a una habitación como en cualquier otro juego.

El resultado es uno de los ecosistemas más impredecibles que he visto en un videojuego, capaz de generar situaciones que ni Red Dead Redemption 2 puede conseguir. En este sentido, claramente cada partida única porque el mundo simplemente está ocurriendo, y tú tienes que aprender a adaptarte a sus cambiantes formas. Hasta el propio movimiento del Slugcat responde a físicas y animaciones procedurales, con deslizamientos, giros y toda clase de maniobras que el juego prácticamente te obliga a descubrir por experimentación.

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El fin del mundo retratado por el pixel art

Una de las cosas que más amé de Rain World fue su arte: un pixel art industrial, sucio, melancólico. Los escenarios están llenos de maquinaria oxidada, estructuras gigantescas, vegetación que se ha comido las ruinas y una profundidad que aprovecha distintas capas para hacer que el mundo parezca mucho más grande de lo que realmente ves en pantalla.

Tengo que admitir que el juego me recordó bastante a Tsutomu Nihei, y por supuesto no es una queja: su fascinación por los espacios industriales interminables, esa arquitectura que pertenece a una civilización perdida hace mucho tiempo son aspectos que se ven adoptados, y adaptados al Universo de Rain World.

También me recordó, desde un lugar completamente distinto, a Nausicaa del Valle del Viento, especialmente por esa manera de presentar la naturaleza no como un simple decorado, sino como un sistema vivo que puede ser hermoso pero también aterrador.

Rain World

El apocalipsis en la palma de tu mano

En mi Nintendo Switch Lite este juego encontró, además, un lugar que le queda perfecto. Es bastante cómodo en jugar Rain World en una portátil: entrar a uno de sus ciclos, explorar durante unos minutos, encontrar comida, intentar llegar al refugio y descubrir que el plan salió bien (o completamente mal) antes de volver a intentarlo. Su estructura se presta muchísimo a sesiones cortas.

Visualmente el juego también funciona de maravilla en la pantalla de la Lite: su pixel art no solo se siente "vivo", sino que en una pantalla tan chica como el de esta consola los detalles se ven mucho más nítidos y compactos. Al tener la misma resolución 720p, la densidad de píxeles aumenta significativamente.

Rain World no intenta comportarse como un videojuego convencional, no busca hacerme sentir poderoso ni me llena de recompensas cada cinco minutos. Me obliga a observar, a experimentar, a equivocarme y a aprender, incluso a aprender sobre lo aprendido y por eso se ha convertido en una de las mejores experiencias que he podido probar este año.

Rain World

Es una de esas joyas escondidas que quizá no entren en una conversación habitual cuando hablamos de los "mejores juegos del Switch", pero puedo decir, después de 35 horas de juego y sin temor a equivocarme, que es una de las mejores obras que he tenido la oportunidad de probar este 2026 en la pequeñita consola de Nintendo. 

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