Castlevania: Belmont's Curse es mucho más que un regreso nostálgico: un metroidvania de la vieja escuela que dividirá a los fans

Castlevania: Belmont's Curse es mucho más que un regreso nostálgico: un metroidvania de la vieja escuela que dividirá a los fans

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Castlevania Review
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Jesús Zamora

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Jesús Zamora

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Fanático del manga, entusiasta de los videojuegos y obseso de la fantasía. Editor en 3DJuegos México. Puedo jugar con los ojos cerrados Castlevania: Symphony of the Night y mirar speedruns de Dark Souls hasta el amanecer.

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Castlevania: Belmont's Curse es la nueva entrada de una de las series más míticas de Konami, abandonada durante 12 largos años y anticipada con genuina emoción tanto por los veteranos como por los puros entusiastas de los metroidvania.

La pregunta que muchos se están haciendo es, más allá de si se trata de un buen o mal juego, si es un título verdaderamente a la altura de su franquicia. ¡Así que toma tu látigo y descuelga el crucifijo del cuarto de tu abuelita, que vamos a averiguar si Belmont's Curse vale la pena!

Una nueva Belmont en el árbol familiar

Muchos años después de los acontecimientos de Dracula's Curse y Curse of Darkness, Rose Belmont y su padre, un viejo Trevor Belmont, llegan a una París en llamas, asediada por hordas de espíritus y muertos vivientes. Algo raro y muy malo está ocurriendo y, como ya es costumbre, todo tiene la impronta de Drácula.

Bajo esta premisa, Belmont's Curse nos pone en la piel de Rose, una nueva protagonista que debe salvar el día al mismo tiempo que hacer frente a una misteriosa maldición: una herencia que se remonta a los tiempos en que Trevor, Sypha Belnades y Alucard, consiguieron derrotar al señor de los vampiros. A partir de ahí, el juego construye una aventura que, más allá de solo sumar un nuevo capítulo a la franquicia, busca celebrar todo lo que ha convertido a Castlevania en una de las series más queridas de Konami.

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No estamos ante una historia especialmente compleja, pero tampoco es algo que deba sorprendernos: Castlevania siempre ha apostado por relatos relativamente sencillos. Más bien la intención de Motion Twin y Evil Empire es la de tender un puente entre distintas épocas del canon, con una buena cantidad de easter eggs para los jugadores más clavados de Akumajo Dracula y suficientes conflictos personales para quienes llegaron a este universo a través de la serie de Netflix.

El resultado funciona. La historia tiene buen ritmo, los personajes están bien desarrollados dentro de sus limitaciones y hasta los jefes ahora tienen la oportunidad de intercambiar algunas palabras con nosotros. No esperes grandes conversaciones ni diálogos particularmente profundos, pero sí una adición que ayuda a darles más personalidad a los encuentros. Sin demasiadas pretensiones narrativas, Belmont's Curse encuentra su lugar en este Universo.

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Wa-pjjjjjjjjjj!

La exploración, como ya se podía inferir desde la demo, es de puro y duro metroidvania y el trabajo de los desarrolladores franceses ha resultado bastante sólido: el mapa está construido como una red de caminos interconectados, con pasajes bloqueados y zonas a las que no podremos acceder, así que el progreso no consiste únicamente en avanzar hacia la siguiente habitación. Es una estructura conocida por cualquiera que haya jugado un juego del género.

En lo que respecta al combate, Belmont's Curse ofrece un amplio repertorio de armas: espadas, espadones, puños, lanzas, látigos.

Pero Belmont’s Curse brilla en más de una ocasión por merito propio: como si fuera un Super Castlevania IV en esteroides, el látigo de Rose se convierte en una de las grandes estrellas de su gameplay. Y no hablamos únicamente de andar repartiendo trancazos contra los monstruos que se crucen en nuestro camino. Esta herramienta es fundamental para desplazarnos por el escenario y explorar cada rincón del mapa.

Podemos engancharnos a argollas, balancearnos para alcanzar plataformas aparentemente inaccesibles e incluso sujetarnos a los enemigos o cambiar nuestra posición durante un enfrentamiento. Sí, también tenemos recursos como el dash y el consabido doble salto, pero buena parte de la movilidad gira alrededor del látigo. Aprender a calcular los balanceos, aprovechar el impulso y encadenar movimientos precisos para alcanzar una zona específica del escenario, además de divertido, es muy satisfactorio. Se siente como agua fresca entre los juegos de la serie y es una de las cosas que más  le dan personalidad a Belmont’s Curse.

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En lo que respecta al combate, Belmont's Curse ofrece un amplio repertorio de armas que, sin alcanzar la variedad de Symphony of the Night o de otros Igavanias, nos permite experimentar con distintos armamentos para encontrar nuestro estilo propio. Tenemos de todo: espadas, espadones, puños, lanzas, látigos.

Cada uno de estos objetos los encontraremos muy escondidos en urnas repartidas a lo largo de Paris y del Castillo, algo que puede venir bien o mal dependiendo de si eres de los que disfruta pasar horas eliminando enemigos hasta que dropeen el arma que buscabas. En cualquier caso, hay opciones para alternar entre los diferentes estilos de combate que ofrece esta experiencia siendo nuestros armamentos favoritos definitivamente fueron los puños y los látigos.

Donde pueden echar algo en falta los veteranos es en las armas secundarias. Salvo el crucifijo, Belmont's Curse prescinde de clásicos como las hachas y las pociones de agua bendita para apostar por otras habilidades, entre ellas llamaradas de fuego, poder invocar un puño enorme para aplastar a un monstruo, ataques de petrificación. Estas herramientas se obtienen mediante un sistema que recuerda, en cierta medida, a Castlevania: Circle of the Moon. Nos referimos a las cartas del tarot.

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Una diferencia es que además de que podemos subir el nivel de cada carta cumpliendo ciertas condiciones, estas las conseguiremos al derrotar a determinados jefes. También cambia la manera de usar estas secundarias: en lugar de recurrir al contador de corazones de toda la vida, deberemos administrar una barra de maná que se recarga al atacar enemigos o romper velas. Una modificación importante para una serie tan ligada a sus convenciones, aunque funciona bien dentro de la propuesta y nos obliga a ser estratégicos y pensar cuándo conviene gastar nuestros recursos.

Todo esto se sostiene por un sistema de combate que recuerda bastante a Dead Cells, algo que no sorprende si tenemos en cuenta la experiencia de los estudios responsables. Los enfrentamientos son rápidos y exigen precisión, combinando ataques cuerpo a cuerpo y a distancia con esquivas constantes. El control responde muy bien y los movimientos de Rose se sienten fluidos, por lo que los errores son enteramente nuestra culpa.

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La dificultad predeterminada también contribuye a que los encuentros tengan su gracia. Hay que aprender patrones y encontrar el momento adecuado para contraatacar porque incluso el enemigo más simple puede complicarnos las cosas si nos lanzamos a atacar sin pensar.

Aunque el castillo puede sentirse algo más reducido de lo que cabría esperar, la aventura amplía sus horizontes para llevarnos por una París mucho más extensa. 

La variedad de monstruos también ayuda a mantener el interés. Zombis, esqueletos, cabezas de Medusa, hombres lobo, valquirias: seres que forman parte del repertorio más reconocible de la franquicia. Los jefes, por su parte, aprovechan bien las posibilidades del sistema de combate y obligan a poner en práctica lo aprendido durante la aventura: no solo atacar, sino usar el látigo para desplazarnos sobre sus arenas.

Son enfrentamientos vistosos, con patrones que debemos estudiar y ventanas de ataque que conviene aprovechar, en lugar de limitarnos a machacar botones hasta que la barra de vida desaparezca. En cualquier caso, siempre podemos cambiar la dificultad desde los ajustes del juego o hacer más poderosa y resistente a Rose acabando con las huestes de Drácula, pues como en entregas anteriores, derrotar enemigos otorga experiencia para subir de nivel y mejorar estadísticas automáticamente.

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El nuevo Netflixvania de Konami

El backtracking es esencial en un metroidvania y Belmont's Curse lo aprovecha bastante bien. A medida que consigamos nuevas habilidades, podremos regresar a zonas que ya habíamos visitado para descubrir caminos que antes estaban bloqueados. Lo mejor es que estos desvíos muchas veces nos obligan a superar nuevos desafíos de plataformeo en los que el látigo vuelve a ser fundamental. Para desplazarnos entre las distintas áreas del mapa vuelven los puntos de teletransporte, pero ahora es el mismísimo Caronte quien nos ayuda a viajar de un lugar a otro.

La variedad de biomas también juega a su favor. Aunque el castillo puede sentirse algo más reducido de lo que cabría esperar, la aventura amplía sus horizontes para llevarnos por una París mucho más extensa. Sus calles, catacumbas y panteones ofrecen escenarios distintos que ayudan a renovar el recorrido y evitan que todo se sienta como una sucesión de habitaciones. No todas las áreas tienen el mismo peso ni sorprenden igual, pero su diseño consigue que casi siempre haya un motivo para desviarnos del camino principal.

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Mención honorífica merece el nuevo diseño de mapas, mucho más cercano al de metroidvanias modernos como Prince of Persia: The Lost Crown y Hollow Knight, con el añadido de que, por primera vez en la historia de la serie, podemos colocar marcadores para señalar caminos bloqueados o secretos a los que nos gustaría regresar más adelante.

El apartado artístico es, quizá, el punto que más recelos despertará entre los seguidores de la franquicia. Belmont's Curse deja atrás buena parte de la estética pixel art que ha acompañado a los juegos bidimensionales de Castlevania durante décadas para apostar por una estilización cercana al cel shading, con un aspecto que recuerda tanto a Dead Cells como a la serie animada de Netflix. En nuestro caso, el diseño artístico en general no terminó de convencernos.

Entendemos que estamos ante una reinterpretación de la franquicia por parte de un estudio occidental, con su propia visión de lo que debe ser Castlevania en la actualidad y tampoco es que pidamos el regreso de Ayami Kojima. Pero cuesta no preguntarse qué habría pasado si en lugar del dibujo vectorial plano que se usó tanto en diseños como en cinemáticas, hubieran utilizado de base el bellísimo arte de, por ejemplo, Katsuya Terada, quien trabajó en este proyecto e hizo una de las mejores ilustraciones en toda la historia de Castlevania.

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Por supuesto, el arte es una cuestión subjetiva y habrá jugadores que agradezcan este cambio de dirección. En nuestro caso, aunque reconocemos el trabajo detrás de los escenarios y muchas de sus animaciones, nos habría gustado una interpretación que conservara algo más de la personalidad estética que ha distinguido a la franquicia durante tantos años.

Su combate, su exploración y un látigo que transforma tanto las peleas como el plataformeo lo convierten en un metroidvania muy disfrutable.

Con la banda sonora nos pasó algo muy parecido. Acostumbrados a décadas de composiciones que mezclan con mucha personalidad géneros como el rock gótico, la música barroca y el jazz, el trabajo electrónico de ASADI nos dejó un sabor agridulce.

Sus ritmos modernos y beats ambientalizados acompañan bien la acción, pero las melodías carecen del gancho y la personalidad que han convertido a la música de Castlevania en una parte fundamental de su identidad. Salvo por algunos arreglos puntuales, la banda sonora opta por la contención en lugar de la grandiosidad, dejando ir una oportunidad de oro para coronar la atmósfera del juego.

Jugamos en PS5 y nuestra experiencia fue prácticamente impecable. El juego mantuvo unos 60 FPS estables durante toda la partida y solo nos encontramos en más de 20 horas de partida con un bug que nos dejó bloqueados en una sala, problema que solucionamos reiniciando el juego. Más allá de ese incidente, el rendimiento fue excelente.

Si tienes más de una plataforma para jugarlo, nuestra recomendación es apostar por la más potente: Belmont's Curse se disfruta mucho más cuando el movimiento responde con la fluidez que exige su diseño.

Castlevania Belmont's Curse: ¿vale la pena?

Después de 12 años de espera, Belmont's Curse demuestra que la franquicia de Konami todavía tiene mucho que ofrecer. Su combate preciso, una exploración bien construida y un látigo que transforma tanto las peleas como el plataformeo lo convierten en un metroidvania muy disfrutable. ¿Es una buena adaptación de Castlevania? Sí, aunque no necesariamente la que todos esperaban.

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Motion Twin y Evil Empire entienden las bases de la franquicia y construyen una aventura con identidad europea desde su raíz, ideal para quienes buscan un metroidvania moderno y para los veteranos dispuestos a aceptar una nueva dirección artística en la serie. Puede que no alcance la grandeza de los clásicos, pero Rose y Konami han demostrado que el legado de la familia Belmont sigue vivo. Por estos motivos es que nosotros le ponemos una calificación de 70/100.

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