Hace meses adquirí la colección de juegos de Castlevania para Game Boy con la intención de revivir uno de mis clásicos favoritos: Aria of Sorrow. Sin embargo, entre todos esos juegos dejé uno para después, uno que nunca probé en su momento y que ahora se ha convertido en una verdadera tortura para mí: Castlevania: Circle of the Moon. Lo que me imaginé sería otro metroidvania con la fórmula Konami terminó convirtiéndose un desafío mucho mayor de lo que imaginaba, al punto de hacerme sufrir más que cualquier Dark Souls.
El Castlevania más difícil de toda la serie
La premisa de Circle of the Moon es muy sencilla: en 1830, Drácula vuelve a ser invocado en un castillo situado en Austria y el cazador Morris Baldwin, su hijo Hugh y su aprendiz Nathan Graves tratarán de deterlo, sin embargo, el grupo termina separado y Nathan, nuestro protagonista, se verá obligado a recorrer por su cuenta este laberinto de monstruos y trampas mientras busca a su maestro y trata de impedir el regreso de Drácula. Es, como dijimos, una premisa bastante sencilla.
Lo que resulta inversamente proporcional a esta sencillez es la dificultad del juego. Desde los primeros minutos me quedó claro que estaba frente a un Castlevania mucho menos permisivo, y conforme avancé en la aventura la situación solamente empeoró. De hecho, todavía me sorprende pensar que este era un juego que Konami esperaba que los niños jugaran en la portátil de Nintendo.
Para empezar, la mayor diferencia frente a otros Castlevania que he jugado está en algo tan básico como el combate. En Circle of the Moon los enemigos no están ahí simplemente para rellenar habitaciones mientras avanzas: muchos tienen ataques agresivos, un rango más que considerable y suficiente vida como para obligarte a estudiar sus sets de movimientos antes de lanzarte contra ellos.
Además, Nathan no se mueve con soltura, sino que conserva esa rigidez más propia de los classicvanias. Los saltos requieren anticipación y para correr tenemos que apretar dos veces la cruceta en la dirección que busquemos. Y si calculaste mal un movimiento, lo pagarás caro. Por si fuera poco, los pequeños márgenes de invulnerabilidad cuando recibes un golpe hacen que varios enemigos puedan encadenar ataques sobre Nathan y llevarte al game over casi instantáneamente.
El juego, en otras palabras, te obliga a jugar con mucha más cautela de la que esperarías de un metroidvania de hace más de 20 años. Pero lo verdaderamente cruel es que esta dificultad no parece bajar conforme avanzas en el mapa. Al contrario: el castillo cambia a medida que avanzas y algunas zonas que ya conocías comienzan a llenarse de enemigos mucho más peligrosos.
Otro aspecto que vuelve a este juego en un título complicadísimo lo encontrarás cuando finalmente necesites recuperar vida: acá no existe una tienda a la que acudir para comprar pociones. Así que cada objeto curativo que vayas encontrando tiene un valor enorme y gastarlo en el momento equivocado puede dejarte varado en el siguiente enfrentamiento.
Paradójicamente, la herramienta que debería ayudarte a romper la dificultad, el sistema de Cartas del Tarot, también puede convertirse en otra fuente de frustración. Dichas cartas permiten combinar atributos y acciones para conseguir mejores ataques, pero estas no aparecen simplemente esperando en el escenario: muchas dependen de conseguir drops específicos de determinados enemigos, algunos con probabilidades realmente bastante bajas. Así que el grindeo se vuelve acá una verdadera constante si buscas subir un poco tus estadísticas ofensivas.
Tengo que admitir que lo sufrí. Y parte de la culpa es mía, porque mis principios puristas no me dejaron utilizar la función de retroceso que incluye la colección de Konami. Estoy bastante seguro de que voy a tener pesadillas con algunos de los monstruos de este juego, con mención honorífica a los malditos Dragones Zombi. Ese enfrentamiento todavía me parece una locura: dos criaturas enormes atacando al mismo tiempo, un espacio reducido, proyectiles por todas partes y ataques capaces de bajarte la mitad de la vida si cometes el más mínimo error.
Y pese a todo, sigo creyendo que los fans de Castlevania no deberían dejar pasar la oportunidad de probar Circle of the Moon en pleno 2026: no tanto para descubrir un Castlevania que haya envejecido como el vino, sino para encontrarse con la clásica fórmula de Konami, pero llevada al EXTREMO.
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