Remedy Entertainment pertenece a esa clase de estudios que, sin necesidad de saturar la cultura mainstream, logran que cada uno de sus lanzamientos deje una huella profunda en la industria. Fuimos testigos de ello con Max Payne, Quantum Break, Control y Alan Wake; títulos definidos por historias singulares, un alto nivel de drama y una jugabilidad fina que siempre deja con ganas de más. Con Control ocurrió exactamente eso: cuando debutó en 2019 se convirtió en la definición perfecta de un shooter en tercera persona. Al terminarlo, no solo quedé con el deseo de profundizar en su mitología, sino de seguir disfrutando de esa acción frenética y destructiva. Esa misma expectativa es la que busca responder Control Resonant.
Aunque previo a su estreno tuvimos acceso a diversos avances, trailers e información sobre la trama, el protagonista y su apartado visual, conviene aclararlo de entrada: todo lo mostrado hasta ahora es apenas la punta del iceberg. El universo conectado de Remedy es tan amplio y detallado que exige sentarse a disfrutarlo con calma, prestando atención a cada pequeño elemento.
Antes de adentrarnos en el análisis, conviene romper el hielo con una duda recurrente: ¿es necesario haber jugado al título de 2019 para entender este nuevo capítulo? La respuesta corta es sí. Se trata de una secuela directa ambientada siete años después de los acontecimientos protagonizados por Jesse Faden, aunque la entrega incluye un resumen de los hechos previos para poner al día a los nuevos jugadores.
El giro argumental: el turno de Dylan Faden
Si vienen del primer Control, recordarán que la premisa central consistía en explorar la Casa Inmemorial para rastrear al hermano desaparecido de Jesse y contener a la amenaza conocida como el Hiss. En esta entrega presenciamos la otra cara de la moneda. Si bien el juego explica qué ocurrió con Dylan tras ser localizado por su hermana, también profundiza en sus vivencias durante ese lapso, el rol crucial que desempeñó y lo que representa para la Agencia Federal de Control (FBC).
Estamos ante una narrativa de roles invertidos: si en la primera entrega Jesse buscaba a Dylan, ahora es él quien intenta dar con ella. La acción nos traslada a una Manhattan sumergida en el caos por el Hiss y por las anomalías que antes permanecían contenidas en las instalaciones de la Casa Inmemorial.
Dos caras de una misma moneda. Una relación de hermanos fragmentada por una organización gubernamental.
Aunque la entrega no lleva por título Control 2, funciona en toda regla como la continuación directa de la obra original. Mantener un subtítulo resulta un acierto narrativo y comercial: no solo anticipa la llegada de una nueva amenaza —Los Resonantes—, sino que reduce la barrera de entrada para quienes deseen adentrarse por primera vez en este universo sin sentir el peso de una secuela numerada.
Del tiroteo táctico al combate hack and slash
Durante los primeros anuncios del juego, debo admitir que el cambio de enfoque en la jugabilidad me generó ciertas dudas. La experiencia con las armas de fuego y las habilidades de Jesse en el título de 2019 fue tan satisfactoria que temía echar de menos esa fórmula. Afortunadamente, la práctica demostró lo contrario. El título introduce una estructura que permite elegir entre distintos estilos de combate, desde arquetipos centrados en ataques pesados o veloces, hasta variantes híbridas.
El movimiento se siente mucho más fluido que Control, pero en ocasiones da la sensación de ir más rápido de lo que creemos.
El sistema de combate cuerpo a cuerpo evoca de inmediato la época dorada de referentes como Devil May Cry o Bayonetta, pero integrado con un motor de físicas en tiempo real y una movilidad que se siente como una evolución natural del género hack and slash. La contundencia de Control Resonant es notable; la dinámica de combate no escatima en fluidez ni en variedad de combos, permitiendo abordar las batallas de forma directa e interactiva, o bien manteniendo la distancia mediante la lectura de los patrones del enemigo.
No obstante, el cambio de sistema deja algunas ausencias. A pesar de lo bien implementado que está el estilo de Dylan —el cual evoluciona conforme avanza la historia—, en escenarios amplios la falta de armas a distancia puede volver tedioso el desplazamiento para perseguir a ciertos enemigos. De igual forma, se echa de menos la presencia de un botón de bloqueo o parry, una mecánica que los entusiastas de la respuesta defensiva extrañarán al momento de buscar el contraataque.
Progresión no lineal y gestión del ritmo
En la mayoría de los títulos del género, la progresión depende directamente de la cantidad de enemigos derrotados. En Control Resonant, Remedy retoma la lógica de su antecesor: la obtención de habilidades no se amarra al despeje de oleadas convencionales, sino a la derrota de jefes principales (en este caso, los Resonantes) y a la resolución de misiones secundarias. A través de varios árboles de habilidades y mejoras de corte RPG, el desarrollo del personaje responde al ritmo que decida imprimirle el jugador, ya sea priorizando la trama principal o pausando para explorar el contenido opcional.
Cada camino ofrece sus propios matices. Aunque en momentos concretos la curva de dificultad puede exigir haber completado misiones secundarias o derrotado a cierto Resonante antes de avanzar, no se trata de una norma rígida. De hecho, es perfectamente posible alcanzar el enfrentamiento final sin haber desbloqueado la totalidad del árbol de habilidades.
Esta flexibilidad permite especializar la experiencia según las preferencias de juego, maximizando estadísticas pasivas hasta consolidar un estilo propio. Además, el juego integra un espacio dentro de la mente de Dylan que funciona como central de operaciones, donde es posible aplicar mejoras al armamento y probar combinaciones en un área de ensayo dedicada.
Desafío estándar y Modo Asistencia
Siguiendo la línea de las producciones de la desarrolladora, el juego prescinde de un selector de dificultad tradicional. La obra ofrece una experiencia base única diseñada por Remedy Entertainment, asegurando un nivel de reto uniforme para la comunidad. Sin embargo, esta curva de dificultad se puede moldear mediante el Modo Asistencia (Assist Mode), una suite de opciones de accesibilidad integrada en los menús de configuración.
Esta herramienta permite ajustar parámetros específicos para adaptar el nivel de exigencia, con opciones que van desde la reducción del daño recibido hasta la aceleración en la recarga de energía o la invulnerabilidad. Su presencia resulta clave cuando el juego presenta picos de dificultad elevados, donde se pasa de un dominio absoluto del escenario a enfrentamientos contra jefes u oleadas capaces de reiniciar la partida en cuestión de segundos.
Northlight: física y destrucción en tiempo real
Son escasos los puntos cuestionables en torno a la optimización y el rendimiento visual que alcanza Northlight, el motor propietario de Remedy. Es un aspecto a destacar en una industria donde la mayoría de los estudios recurren a soluciones comerciales de terceros. La tecnología del estudio finlandés ya había demostrado su potencial de destrucción en Control y alcanzó un estándar de ambientación sumamente elevado en Alan Wake 2; con Control Resonant, el motor vuelve a exhibir sus fortalezas.
El diseño de niveles es todo lo que está bien en el juego, nos adentramos a un laberinto tridimensional al mas puro estilo metroidvania.
El nivel de interacción con los escenarios se mantiene como uno de los pilares de la experiencia. Cada elemento presente en el entorno reacciona a los combates: desde equipos de cómputo, archivos y extintores, hasta teléfonos y jarrones. Todos los objetos cuentan con modelado e interacción física independiente, convirtiéndose en daño colateral de las batallas.
A la par de estos detalles, el motor destaca en la gestión de iluminación, reflejos, efectos de partículas y optimización general, sumado a una mejora sustancial en el modelado y gesticulación facial de los personajes. La física aplicada al entorno no funciona como un mero adorno visual, sino que añade una capa constante de dinamismo a las confrontaciones.
Un apartado sonoro con peso narrativo
El uso de la música en las producciones de Remedy ha ido evolucionando hasta convertirse en un componente central. Mientras que en el primer Control la banda sonora destacaba por la sincronización entre el combate y la arquitectura de ciertos niveles, en Alan Wake 2 asumió un rol marcadamente narrativo, donde las composiciones y sus letras funcionaban como un reflejo directo del estado psicológico de los personajes.
En Control Resonant se consolida esta visión. Diversas piezas clave de la banda sonora se perciben orquestadas e compuestas de forma explícita para acompañar la evolución emocional de Dylan Faden. Es un trabajo musical que logra transitar con solvencia entre la adrenalina del combate y los pasajes de mayor carga dramática, consolidándose como uno de los puntos más sólidos de la narrativa.
Junto a los temas ambientales diseñados para la exploración de cada zona, el título incluye composiciones vocales e instrumentales de alta producción dedicadas a momentos cumbre, manteniendo la línea de distribución independiente en plataformas digitales que el estudio ya ha implementado en sus lanzamientos recientes.
El punto pendiente: la localización y el doblaje
Un problema recurrente en las producciones recientes del estudio vuelve a hacerse presente en este lanzamiento. Si bien el trabajo de doblaje en español de España mantiene un nivel correcto en la interpretación, persisten desincronizaciones labiales y saltos repentinos al idioma inglés en medio de los diálogos. Aunque se trata de un apartado corregible mediante actualizaciones posteriores, su reaparición por tercera ocasión consecutiva afecta la continuidad de la experiencia en momentos clave de la trama.
Debido a esta situación, la recomendación principal es disfrutar el título en su versión original en inglés con subtítulos en español. Las actuaciones de voz de Courtney Hope y Sean Durrie ofrecen un nivel de interpretación sobresaliente que aprovecha al máximo el trabajo de captura facial, permitiendo apreciar los matices dramáticos de la historia sin las interrupciones derivadas del doblaje.
Conclusión: ¿Vale la pena Control Resonant?
Control Resonant representa la maduración de una propuesta de diseño que Remedy Entertainment ha venido construyendo a lo largo de más de una década a través de Quantum Break, Control y la saga Alan Wake. El título reafirma la capacidad del estudio finlandés para construir narrativas envolventes y desarrollar personajes con un alto grado de vulnerabilidad, un sello de identidad que estuvo presente desde los días de Max Payne.
A pesar de que la curva de dificultad puede resultar exigente en tramos específicos para quienes no estén familiarizados con el género hack and slash, y de que el diseño de ciertas zonas puede provocar momentos de desorientación, el conjunto final entrega una experiencia sumamente sólida. Con una valoración de 87 sobre 100, la entrega se posiciona como uno de los lanzamientos más destacados del año, empañado únicamente por los detalles técnicos de localización que empañan de forma puntual su cuidada atmósfera.
Aun habiendo completado la campaña y la gran mayoría del contenido secundario para este análisis, Control Resonant se percibe como una obra rejugable por la fuerza de su puesta en escena. Estamos ante un título que, aun en un periodo competitivo para la industria, cuenta con los argumentos necesarios para figurar en las conversaciones principales hacia las entregas de premios a lo mejor del año.
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