Ya jugué Forza Horizon 6 y tengo algo claro: Japón se siente como estar en casa para el icónico festival automovilístico de Xbox

Ya jugué Forza Horizon 6 y tengo algo claro: Japón se siente como estar en casa para el icónico festival automovilístico de Xbox

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Resena Forza Horizon 6
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Ayax Bellido

Coordinador Editorial
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Ayax Bellido

Coordinador Editorial

Escribo sobre videojuegos. Coordinador Editorial en 3DJuegos México. ¡Llegó el momento de la espada y el hacha, llegó el momento de la locura y el desdén!

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Hay franquicias que entienden perfectamente lo que son y lo que su público espera de ellas. Forza Horizon pertenece a ese grupo. Mientras otros juegos de conducción intentan perseguir el realismo absoluto o convertir cada carrera en una simulación milimétrica, Playground Games lleva más de una década apostando por algo distinto: la fantasía automovilística definitiva. Un lugar donde los coches no son únicamente máquinas, sino símbolos de libertad, velocidad y estilo. Y ahora, con Forza Horizon 6, esa fantasía finalmente aterriza en uno de los escenarios más solicitados por los jugadores durante años: Japón.

Desde que comenzaron los rumores sobre una posible entrega ambientada en el país del sol naciente, las expectativas crecieron de forma gigantesca. La cultura automovilística japonesa es una de las más influyentes del planeta y también una de las más variadas. Ahí conviven el drift callejero, los autos compactos modificados, los superdeportivos tecnológicos, las rutas montañosas iluminadas por neones y toda una tradición mecánica que marcó generaciones enteras de aficionados. Era lógico pensar que Forza Horizon, una saga construida alrededor de la celebración del automóvil, terminaría llegando eventualmente a ese territorio.

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Tras recorrer las carreteras de Colorado, la Costa Azul en Francia, Australia, el Reino Unido y México, la pregunta es si el primer viaje que hace la saga hasta el lejano oriente cumple con las expectativas. Tras más de cuarenta horas de juego en una Xbox Series X, hemos tenido la oportunidad de probar esta experiencia de primera mano, y aquí les decimos, si realmente vale la pena.

Apartado gráfico y visual: el Japón soñado por los fans de los autos

Forza Horizon 6 mantiene intacta la estructura que convirtió a la franquicia en uno de los referentes modernos del género arcade de conducción. El juego vuelve a apostar por un gigantesco mundo abierto en el que los jugadores pueden explorar libremente, participar en actividades cuando quieran y construir una colección automovilística prácticamente interminable.

Desde el inicio queda claro que la marca Horizon sigue priorizando la diversión inmediata por encima del realismo estricto. Aquí no importa tanto tomar cada curva de manera perfecta, más bien se trata de sentir la adrenalina de atravesar una carretera montañosa derrapando a toda velocidad mientras la lluvia golpea el parabrisas y las luces de Tokio se reflejan sobre la carrocería.

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La nueva entrega coloca al jugador como un novato dentro del Festival Horizon Japón, una enorme celebración automovilística que funciona como excusa narrativa para recorrer distintas regiones del país, competir en eventos y ascender dentro de la clasificación del festival a través de pulseras de diferentes colores. Pero como suele ocurrir en esta saga, la historia es apenas un hilo conductor, ya que el verdadero protagonista es el viaje.

Desde los primeros minutos, Forza Horizon 6 transmite una sensación constante de movimiento. No importa hacia dónde conduzcas: siempre hay algo sucediendo. Un nuevo evento, una ruta escondida, un coche abandonado, un desafío de velocidad o una expedición turística aparecen constantemente en el mapa. El juego entiende muy bien que el secreto de un buen mundo abierto no está únicamente en su tamaño, sino en la capacidad de mantener al jugador curioso, y Japón ayuda enormemente a conseguirlo.

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Y es que si  hay algo que Forza Horizon 6 logra desde el primer instante es construir un escenario espectacular. Visualmente, este es el juego más impresionante de toda la franquicia. Hay una mejora técnica evidente en iluminación, texturas o reflejos, pero sobre todo, en la manera en que el mundo está diseñado para convertirse en una postal constante.

Cada región del mapa tiene personalidad propia. Las autopistas urbanas recuerdan inmediatamente a la cultura nocturna del street racing japonés, mientras que las zonas rurales transmiten una tranquilidad completamente distinta. Hay carreteras rodeadas por bosques de bambú, caminos escoltados por cerezos en flor, túneles iluminados, campos de arroz, templos y puertas Tori escondidas entre montañas y enormes vistas panorámicas donde el Monte Fuji aparece dominando el horizonte como una presencia permanente.

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El juego logra capturar ese contraste tan particular entre tradición y modernidad que suele asociarse con Japón. En un momento puedes conducir un Nissan Skyline clásico atravesando un distrito lleno de anuncios luminosos y minutos después encontrarte recorriendo una carretera silenciosa rodeada por naturaleza y santuarios sintoístas.

La iluminación merece una mención especial. Los reflejos sobre los coches son impresionantes, particularmente durante la lluvia o en recorridos nocturnos. Hay momentos donde el juego parece acercarse más a una producción cinematográfica que a un título de conducción tradicional. Incluso detenerse unos segundos para observar el entorno puede convertirse en parte de la experiencia.

Sin embargo, no todo funciona igual de bien cuando se analiza el mundo más allá de lo visual. Aunque Tokio y otras zonas urbanas lucen espectaculares, existe una sensación constante de artificialidad. Las calles están sorprendentemente vacías para tratarse de una representación de una de las ciudades más pobladas del planeta. Entendiendo que un juego de carreras necesita cierto equilibrio para no saturar las rutas con tráfico o peatones, sigue resultando extraño recorrer lugares inspirados en Shibuya o Akihabara y sentirlos más como una maqueta gigantesca que como una ciudad verdaderamente viva.

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Incluso durante eventos importantes del Festival Horizon, la falta de público termina afectando la atmósfera. Las gradas, las calles y las zonas emblemáticas carecen del dinamismo humano que ayudaría a darle más autenticidad al escenario. El mapa es hermoso, pero rara vez se siente habitado.

Aun así, el trabajo artístico sigue siendo extraordinario. Forza Horizon 6 convierte cada trayecto en una experiencia visual constante y probablemente tenga el mejor mapa que ha diseñado la saga hasta ahora.

Libertad absoluta, caos y un manejo más enfocado al drift

La esencia de Horizon sigue intacta: conducir sin restricciones y divertirse a tu manera. El juego permite cambiar constantemente entre tipos de eventos, superficies y estilos de conducción sin imponer una estructura rígida. Puedes participar en carreras callejeras, atravesar montañas en vehículos de rally, competir en pruebas de velocidad o simplemente conducir sin rumbo mientras exploras el mapa. Los eventos especiales también regresan y son tan inverosímiles como divertidos: hay carreras contra aviones que planean a toda velocidad por los túneles de las carreteras o una emocionante competencia contra un mecha.

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Esa libertad sigue siendo uno de los mayores aciertos de la franquicia. Forza Horizon entiende que muchas veces la experiencia más divertida no es necesariamente ganar una carrera, sino improvisar el trayecto entre un evento y otro. Y Japón potencia esa idea gracias a un diseño de carreteras extremadamente variado.

Las carreras en carretera son probablemente el punto más fuerte del juego, o al menos, el más satisfactorio desde nuestra experiencia. La sensación de velocidad alcanza momentos espectaculares, especialmente en rutas abiertas rodeadas por paisajes naturales: derrapar en curvas montañosas mientras los cerezos atraviesan la pantalla o acelerar junto al océano crea algunos de los momentos más memorables de toda la experiencia.

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También existe una enorme variedad de actividades adicionales. Discovery Japan funciona como una especie de celebración turística del país, incorporando eventos más relajados donde el jugador puede explorar lugares emblemáticos mientras recibe información sobre cultura, tradiciones o regiones específicas. Algunas misiones incluso se alejan completamente de las carreras tradicionales, como tomar una camioneta de delivery para hacer entregas de comida en callejones urbanos, expediciones que nos llevan cua turistas a los lugares más emblemáticos de Japón, ayudar a un fotógrafo para crear tomas dignas de una revista, o simplemente ayudar al mecánico del festival a conseguir y probar autos para una caravana.

Esto ayuda a que el juego no se convierta únicamente en una sucesión repetitiva de competencias. Pero el problema aparece cuando el manejo entra en escena. Forza Horizon 6 continúa apostando por una conducción arcade, pero esta vez el comportamiento de los coches puede resultar excesivamente sensible. El sobreviraje aparece con demasiada facilidad y muchas veces basta un pequeño movimiento para perder el control del vehículo. Lo más complicado es que una vez que el coche comienza a derrapar, recuperarlo suele provocar una reacción en cadena que compromete las siguientes curvas.

El juego nos obliga constantemente a corregir la conducción y aprender el comportamiento específico de cada automóvil. Para algunos jugadores, esa curva de aprendizaje será parte importante de la experiencia. Para otros, puede sentirse frustrante, especialmente porque las ayudas de conducción no suavizan tanto la sensación como uno podría esperar. Claro, siempre estará ese salvavidas que es un clásico de la saga: rebobinar, aunque esto le quita mucho encanto a la experiencia.

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La puesta a punto adquiere entonces un papel mucho más importante. Ajustar neumáticos, suspensión, frenos o transmisión deja de ser un simple sistema opcional para entusiastas y se convierte en algo casi necesario si se quiere obtener una experiencia de manejo más estable. Y aunque el sistema de personalización en el taller no alcanza la profundidad de simuladores más complejos, sí ofrece suficientes herramientas para experimentar.

En cuanto a progresión, Forza Horizon 6 mantiene la filosofía moderna de la saga: los coches llegan rápido y en cantidades enormes. Desde muy temprano el jugador recibe vehículos constantemente mediante sorteos, descubrimientos, recompensas y eventos, es más, algunos hasta parece que llegan de forma mágica a tu garage y cuando lo abres simplemente ya tienes un nuevo modelo. Eso genera una colección gigantesca en poco tiempo, pero también elimina cierta sensación clásica de recompensa que tenían los juegos de carreras más antiguos.

Antes, obtener un Ferrari o un Lamborghini requería horas de esfuerzo y victorias importantes. Aquí, en cambio, los superautos aparecen casi desde el inicio. La emoción pasa más por probar distintos vehículos que por perseguir uno específico y para un veterano de los juegos de carrera esta falta de sensación de recompensa se termina echando mucho de menos.

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Eso sí, el homenaje a la cultura automovilística japonesa es excelente. Nissan, Toyota, Honda, Mitsubishi y otras marcas legendarias del motor japonés tienen una presencia enorme, incluyendo modelos clásicos y contemporáneos. Además, el juego rinde tributo constante a la cultura del drift mediante zonas especializadas, un club y rutas diseñadas específicamente para derrapar, porque no olvidemos que gracias a sus caminos montañosos y autopistas, Japón es considerada la capital mundial del derrape.

Por último, en lo que respecta al multijugador, no hubo oportunidad de encontrar un matchmaking en todas nuestras horas de juego durante esta fase previa a la cual tuvimos acceso, sin embargo, se prometen algunos minijuegos interesantes como un modo Battle Royale, donde el último auto en pie es el que gana, así como un modo escondidillas que probaremos una vez que la comunidad entera se haga presenta cuando el juego esté disponible para todos el próximo 19 de mayo.

¿Vale la pena?

Forza Horizon 6 no reinventa la franquicia, pero sí perfecciona muchas de las ideas que la han convertido en uno de los grandes referentes del género arcade de conducción. Playground Games entiende perfectamente qué hace especial a el festival Horizon y vuelve a entregar una experiencia construida alrededor de la libertad, el espectáculo y la pasión por los automóviles.

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Japón termina siendo el gran protagonista. No solo porque era el escenario más deseado por los fans desde hace años, sino porque encaja de manera natural con la identidad de la saga. Las carreteras montañosas, la cultura del drift, los autos legendarios y la mezcla entre tradición y modernidad convierten este mapa en uno de los más memorables que ha tenido la franquicia y en una postal constante que te hará abrir el modo fotografía de manera recurrente.

Sin embargo, también queda la sensación de que Forza Horizon empieza a mostrar ciertos límites estructurales. El mundo abierto sigue siendo hermoso, pero rara vez se siente realmente vivo. El manejo, aunque divertido, puede resultar demasiado nervioso. Y la progresión acelerada elimina parte de esa sensación clásica de recompensa que definió durante años a los juegos de carreras.

Aun así, cuando Forza Horizon 6 funciona, lo hace de manera espectacular. Hay algo profundamente satisfactorio en simplemente conducir por sus carreteras mientras el juego mezcla velocidad, música y paisajes en una experiencia casi hipnótica. Y quizá ahí está la verdadera esencia del festival: no en competir obsesivamente por el primer lugar, sino en disfrutar el trayecto.

Porque al final, más que un simulador o una experiencia competitiva estricta, Forza Horizon 6 sigue siendo una celebración del automóvil. Una gigantesca postal interactiva dedicada a quienes entienden que conducir también puede ser una forma de viajar, descubrir lugares y perderse un rato entre curvas, luces de neón  y montañas japonesas. Aquí le ponemos una calificación de 4 mazapanes y les podemos decir que definitivamente, sí, vale la pena.


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