Llámenme viejo o nostálgico, pero mis Final Fantasy favoritos siguen siendo los de la época en la que Yoshitaka Amano estaba a cargo de la dirección artística. Y entre todos los juegos que nacieron bajo la influencia de su inconfundible estilo, Final Fantasy VI sigue siendo mi favorito.
En ese sentido, creo que la mejor manera de revivir esta aventura es con la colección Pixel Remaster: lo acabo de rejugar por completo en mi Switch Lite y solo tengo cosas buenas que decir de una versión que entiende perfectamente lo que se debía cambiar y conservar del clásico de Super Nintendo.
Un clásico del SNES
La trama ya es una vieja conocida, pero para quien aún no le haya entrado a la sexta entrega de la serie, FF VI nos pone en la piel de Terra, una joven con poderes mágicos utilizada por el Imperio como un arma de guerra. Tras escapar de su control, termina uniéndose a un grupo de rebeldes que buscan detener la expansión del imperio, dando pie a una aventura verdaderamente épica.
Estamos hablando de un JRPG de la vieja escuela, lo que significa recorrer un enorme mapa, explorar pueblos y mazmorras, hablar con prácticamente todos los NPC que te encuentres y participar en combates por turnos utilizando el inolvidable sistema Active Time Battle, además de, así es, grindear experiencia.
La mejor versión de FF VI
Cada personaje posee habilidades completamente distintas que cambian la forma de jugar. Por ejemplo: Sabin ejecuta técnicas especiales introduciendo combinaciones de botones muy al estilo de un juego de peleas. En el lanzamiento original muchas de estas mecánicas eran difíciles de entender porque el juego asumía que habías leído el manual de instrucciones. Y algo que me gustó mucho del Pixel Remaster es que corrige ese problema añadiendo los comandos de Sabin en pantalla durante los combates.
En general, es un juego que ha envejecido bastante bien y la Pixel Remaster demuestra que no hacía falta reinventar el hilo para volver a hacerlo nuevamente relevante. Square Enix decidió respetar por completo la estructura del original: la historia, el diseño de los mapas, el ritmo narrativo y el inolvidable pixel art permanecen intactos, aunque todos los sprites fueron reconstruidos desde cero por Kazuko Shibuya, la artista responsable del apartado gráfico original
En general, conserva toda esa esencia de los 16 bits, pero luce muchísimo más limpio en pantallas modernas. A eso se suman una enorme cantidad de mejoras de calidad de vida: puedes multiplicar hasta por cuatro la experiencia, los AP y el dinero para olvidarte del grindeo si solo quieres disfrutar la historia, desactivar los encuentros aleatorios con solo pulsar un botón, acelerar los combates, aprovechar el guardado automático o cambiar en cualquier momento entre la banda sonora orquestada (supervisada personalmente por Nobuo Uematsu) y la música original del SNES.
Eso sí, conviene aclararlo: no llega al nivel de una reconstrucción completa como Dragon Quest III HD-2D Remake u Octopath Traveler. Pero sigue siendo la mejor manera de entrarle a Final Fantasy VI.
Acabar de rejugarlo en mi Switch Lite me recordó por qué esta consola sigue siendo un refugio para el retro gaming. La pantalla concentra muchísimo mejor el pixel art, haciendo que los escenarios, los sprites y las nuevas animaciones luzcan increíblemente definidos. Además, el rendimiento es impecable, los tiempos de carga prácticamente inexistentes y toda la experiencia transmite esa sensación de estar jugando exactamente como lo recordabas, sin que la nostalgia sea un filtro y sin las limitaciones técnicas que vivíamos hace tres décadas.
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