En el mundo de los roguelite, existe una inmensa variedad de títulos diseñados para hacernos sentir la gratificación de terminar cada partida con ganas de desbloquear más contenido. A lo largo de los años, juegos como Hades, Slay the Spire, Dead Cells y, por supuesto, The Binding of Isaac han logrado perdurar y sobrevivir al paso del tiempo. Sin embargo, siempre hay espacio para una propuesta más. Este es el caso de Realm of Ink, un título del que tal vez no hayas escuchado hablar pero que, adelantando la conclusión de esta reseña, te estás perdiendo de algo bueno.
Si bien el juego atravesó fases controversiales durante su lanzamiento en PC —como ser retirado temporalmente de Steam tras conflictos con su editora—, el título finalmente presenta su versión 1.0. Con esto deja atrás el acceso anticipado y hace su debut oficial en plataformas como PlayStation 5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch.
A pesar de haber pasado poco más de un año en Early Access, muchos jugadores no han tenido la oportunidad de probarlo. Por ello, te contamos qué nos pareció esta versión 1.0 y qué representa tanto para los amantes del género como para los usuarios casuales que decidan adentrarse en este roguelite.
Una historia del folklore chino que no es tan profunda como su gameplay
Lo primero que se puede decir sobre Realm of Ink es que entra directamente por los ojos. La historia nos presenta a Red, una hábil espadachina que, mientras persigue al peligroso Demonio Zorro, hace un descubrimiento meta-narrativo: es solo un personaje ficticio atrapado dentro de una colección de relatos. Para conseguir su verdadera libertad, deberá enfrentarse al "Espíritu del Libro" y reescribir su propio destino a base de espadazos en un bucle constante de reencarnaciones.
Aunque la premisa es interesante, la narrativa pasa a un segundo plano rápidamente y puede volverse algo genérica. Las conversaciones y los elementos argumentales no resultan tan profundos como aparentan en un principio; se transforman en un simple trasfondo mientras el verdadero fuerte se concentra en la jugabilidad y el apartado visual. A pesar de esto, no se debe ignorar la historia: aunque el género no destaca precisamente por tramas atrapantes, se agradece que cuente con su propio lore y una excusa para conocer a cada personaje.
Un Roguelite que se inspira fuertemente en Hades mientras consigue su propia identidad
No es descabellado pensar que el estudio se inspiró en la obra de Supergiant Games para crear este juego. Ciertos elementos hacen evidente esa influencia; para empezar, el avance se estructura a través de salas interconectadas donde combatimos hordas de enemigos, recolectamos recursos y mejoramos al personaje de forma permanente.
Su combate, al más puro estilo hack and slash, goza de una acción rápida y esquivas precisas acompañadas de i-frames. Esto significa que contamos con un breve periodo de tiempo dentro de la animación del personaje —que dura unos pocos fotogramas o frames— durante el cual somos completamente inmunes a recibir daño.
Esto, sumado a un sistema de builds profundo donde podemos equipar al personaje con diferentes perks, hace que algunas partidas se sientan verdaderamente "rotas". Esto llega a desbalancear por completo la dinámica del juego y su dificultad, aunque no resulta del todo negativo. Si bien no ocurre de forma tan común, los enemigos cuentan con patrones de ataque que plantean un reto sólido, respaldado por oleadas capaces de arrinconarnos.
En cuanto a los controles, manejamos a la espadachina con ataques ligeros, pesados y un dash. A esto se suman dos habilidades de Ink —que funcionan como poderes especiales con tiempo de recarga o cooldown—, una gran variedad de armas y una personalización profunda gracias a las más de 40 Ink Gems y cientos de artefactos disponibles.
El apartado visual es lo que más resalta
Desde los escenarios estáticos y elementos decorativos hasta los efectos de los ataques, el título es una obra visual bien lograda con gráficos en 2.5D. El juego se beneficia del cel shading para ofrecer un apartado estético de tinta china inspirado en el arte clásico asiático, con pinceladas tradicionales y estilo de acuarela.
Visualmente, el juego es una obra de arte interactiva. En su diseño se aprecia cómo los desarrolladores buscaron un nivel de detalle llamativo y limpio en cada escenario, logrando que estos sean hermosos y llenos de atmósfera. A pesar del caos de luces y efectos en pantalla durante las batallas, la acción se mantiene clara y fácil de seguir, evitando que te pierdas en los momentos más intensos.
Por otro lado, un error común en muchos roguelite es la repetitividad en escenarios y efectos visuales, un aspecto donde no es fácil sobresalir debido a la naturaleza aleatoria de cada partida. Realm of Ink puede presumir de tener identidad propia. Aunque no ofrece un sinfín de escenarios generados procedimentalmente, los diseños existentes logran que cada nivel se disfrute, entregando una experiencia visual amena a la vista que acompaña muy bien a la acción.
La banda sonora va de la mano con el arte: cumple en transmitir una fantasía mítica
Respecto a la banda sonora, no hay demasiados elementos que sobresalgan o que vayan a recordarse por siempre, pero cumple al ir acorde con la ambientación de fantasía mítica feudal. Esto se complementa con efectos de sonido y actuaciones de voz bien logradas.
El título utiliza instrumentos y melodías tradicionales donde la música cambia sutilmente para adaptarse a lo que ocurre en pantalla. Por lo tanto, aunque este apartado no destaque por encima del resto del juego, cumple su promesa de transmitir una sensación de heroicidad en los momentos requeridos.
¿Vale la pena jugar Realm of Ink ahora que está en su versión 1.0?
Es importante mencionar que el juego tiene carencias y áreas de oportunidad que pueden mejorar en futuras actualizaciones, como un sistema de builds más equilibrado que no rompa las partidas, o la expansión de la historia con una trama más atractiva y sólida. En el apartado técnico, al menos en la experiencia en PlayStation 5, se aprecian algunas caídas de cuadros por segundo en situaciones de combate intenso, por lo que todavía hay margen de optimización.
Sin embargo, Realm of Ink no viene a reinventar o revolucionar el género de los roguelite o el hack and slash, sino a aportar un aire fresco que siempre es bienvenido. En su versión 1.0, el título ofrece un lanzamiento sólido y lleno de vida en cada una de sus pinceladas de arte. Su jugabilidad es satisfactoria y logra transmitir acción y adrenalina en cada movimiento, habilidad o esquive.
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