
En una época en la que todos creían que la tecnología del Nintendo Wii sería la revolución de los videojuegos, Microsoft se aventuró también a crear su propio hardware de control por movimiento. El resultado fue el Xbox Kinect, un accesorio que vendió millones y que prometió muchas cosas, sin embargo, al día de hoy, casi nadie lo recuerda.
El accesorio más olvidado de Xbox
Lanzado a finales de la primera década del nuevo milenio, Kinect llegó en un momento en el que Nintendo había demostrado que los videojuegos podían llegar a familias enteras, adultos mayores y personas que nunca habían tenido demasiado interés por los videojuegos gracias a sus controles por movimiento. Microsoft llevaba varios años compitiendo por el público tradicional con Xbox 360, Halo y Gears of War, pero ahora quería entrar en un terreno que Nintendo prácticamente había convertido en suyo.
La idea era llevar esa misma revolución del movimiento a Xbox 360, pero sin depender de un control físico. El dispositivo llegó a las tiendas el 4 de noviembre de 2010 y estuvo acompañado por una campaña de marketing gigantesca: Microsoft compañía quería que Kinect no fuera simplemente un accesorio más del 360, sino una nueva manera de interactuar con la consola.
Kinect utilizaba una cámara RGB, sensores infrarrojos y una matriz de micrófonos para detectar la posición del jugador, reconocer su voz y seguir sus movimientos en tiempo real. De esta manera, el sistema podía construir un mapa tridimensional del cuerpo y utilizarlo para controlar juegos sin necesidad de tocar un botón.
El problema fue que buena parte de aquella demostración no representaba lo que Kinect podía hacer realmente. Cuando llegó a las casas, sus limitaciones comenzaron a ser evidentes: el retraso entre los movimientos del jugador y la respuesta en pantalla hacía que los juegos que requerían precisión fueran poco prácticos, mientras que el sensor tampoco podía reconocer con suficiente detalle los dedos, las muñecas o movimientos pequeños. Además, necesitaba bastante espacio para funcionar correctamente.
En total, Kinect consiguió vender más de 35 millones de unidades en Xbox 360, pero ese éxito inicial no consiguió convertirlo en el nuevo estándar de los videojuegos. para acabarla de amolar, Microsoft cometió el error de apostar todavía más fuerte por la tecnología con Kinect 2.0 al incluirlo obligatoriamente con Xbox One y elevar el precio de la consola frente al PS4.
Y con el tiempo, Kinect terminaría abandonando los videojuegos, aunque su tecnología encontró una segunda vida en áreas como la medicina, la robótica y el mapeo 3D.
Kinect vendió millones de unidades, pero eso no significó necesariamente cambiar la forma en que jugamos. No por nada, en pleno 2026, apenas se le recuerda como un accesorio interesante, adelantado a su tiempo en cierto sentido, pero por lo mismo, poco apto para convertirse en la revolución que Microsoft había imaginado.
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