Digimon nació como un Tamagotchi con esteroides: cuidar ya no bastaba, ahora había que pelear

Jesús Zamora

Editor

Digimon es una franquicia extraña: muchos la creen rival de Pokémon, cuando en realidad está más cerca del cyberpunk de Mamoru Oshii y se relaciona más con Tamagotchi que con la propiedad de The Pokémon Company. Y es que igual se trataba de una mascota a la que debías cuidar, pero no bastaba con ser niñera: también había que pelear.

El orígen de los monstruos digitales

Al poco tiempo de salir al mercado y convertirse en un éxito instantáneo, Tamagotchi se transformó en un fenómeno mundial para Bandai. Sin embargo, la compañía detectó algo curioso: la mayoría de sus usuarios eran niñas. Fue entonces cuando surgió la idea de crear una versión más ruda de la mascota virtual. Así nació en 1997 Digital Monster, un dispositivo que tomaba la lógica del Tamagotchi y la llevaba a otro terreno: entrenar criaturas digitales para enfrentarlas contra las de otros jugadores.

Los creadores serían Akihiro Yokoi y Aki Maita, quienes sentaron las bases del proyecto entre Bandai y la empresa WiZ. Pero la identidad visual que hoy asociamos con Digimon se debe en gran medida a Kenji Watanabe, diseñador responsable de darles a los monstruos un aspecto más agresivo: músculos marcados, cicatrices, cables expuestos y una estética que recordaba más a los atrevidos y violentos diseños de cómics como Spawn o X-Force.

Un spin-off de Tamagotchi probando suerte en México

Como los Tamagotchi, estos dispositivos terminaron llegando a México a finales de los noventa, aunque muchas veces lo hicieron de manera casi informal. Yo me hice con uno a los 12 años, cuando mi papá lo compró en el tianguis de juguetes navideño de Velódromo.

En ese momento, yo estaba obsesionado con la franquicia (siempre fui más de Digimon que de Pokémon), y por lo mismo, estaba encantado. A simple vista se parecía al famoso Digivice del anime, pero en realidad era otra cosa: un pequeño dispositivo de pantalla LCD en blanco y negro y pilas de litio, el cual nos presentaba un ávatar al que debías alimentar, limpiar y entrenar para hacerle evolucionar. Ninguna evolución era lineal: tu criatura se desarrollaba con base en el cuidado que le habías dado. Y eso era lo genial.

La diferencia con respecto a Tamagotchi, además de que podías entrenar a tu Digimon, estaba en el conector superior del dispositivo. Si juntabas tu aparato con el de un amigo, los datos se transferían y los digimon peleaban entre sí, algo que en ese momento se sentía casi mágico en el patio de la escuela. Aunque... la mayoría siempre fueron de Pokémon.

Con el tiempo, y especialmente después de la década de 2010, estos dispositivos fueron desapareciendo del consumo masivo. El auge de los smartphones y los juegos móviles relegaron a las mascotas virtuales de Bandai a un rincón más de la cultura pop. Eso sí: Digimon siguió existiendo en anime, en los videojuegos y el merchandising, pero los pequeños V-Pets sencillamente dejaron de ser un objeto cotidiano.

Digimon al día de hoy

En pleno 2026, al igual que pasó con Tamagotchi, parece haber un resurgimiento de estos dispositivos. Bandai ha relanzado varias versiones modernas con pantallas LCD a color, baterías recargables por USB-C y funciones de conexión digital y conseguirlos en tiendas especializadas en cultura geek o incluso en Amazon es realmente secillo.

Digimon nació como un simple spin-off de Tamagotchi, pero terminó convirtiéndose en un universo propio donde criar, entrenar y combatir conviven en la misma experiencia: un espacio donde nuevos jugadores descubren la magia de Digimon, mientras los más veteranos reviven la nostalgia de sus 12 años.

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