Marathon es el videojuego más polémico de lo que llevamos del año: eso no es un secreto para nadie. El rechazo casi instantáneo de la comunidad podría demostrar la fatiga de los juegos como servicio. Pero dejarse guiar únicamente por el hate en redes sería un error, sobre todo al ser el legendario estudio Bungie quien se encuentra detrás. Después de horas de frustraciones y diversión, encontré lo que realmente hace especial a esta entrega: el valor de hacer amigos.
Lo que hace muy bien Marathon
Marathon hace sus propios méritos para que jugarlo no se sienta como estar en las dos grandes franquicia de Bungie. No solo su gameplay o su apartado artístico los que diferencia una saga de otra: el mismo enfoque general de los juegos los hacen únicos. En el caso del videojuego de 2026, su ciencia ficción futurista y el simple hecho de que es un shooter podría aparentar como "más de lo mismo". Pero si bien hay contrastes claros, hay un factor que considero primordial para los éxitos del estudio que está presente aquí.
Marathon te invita a convivir con los demás jugadores. Es más, a mi parecer, te obliga a hacer comunidad si no quieres morir en el intento de completar tus misiones. Al final de cuentas, las partidas están compuestas por un trío de desconocidos que, si bien podrían tener misiones y estilos de juego distintos, tienen que encontrar acuerdos mutuos para poder completar la exfiltración.
No es que sea imposible hacer misiones sin un escuadrón; es que es completamente descabellado. Las mecánicas de looteo, el time-to-kill severo y las hordas de enemigos ya complican de por sí las cosas. A eso súmale que nadie te cubrirá la espalda de otros escuadrones y tendrás como resultado una misión suicida, en donde seguramente no tendrás ni el mínimo margen de error. Lo digo porque a mi me pasó en mi reseña, en donde preferí mil veces tener "malos compañeros" que a estar solo.
La herramienta perfecta para hacer amigos
Sin embargo, en Marathon el chat de voz tiene un papel fundamental, más que en Halo o en Destiny. Aquí, el trabajo y la coordinación en equipo recompensa a los jugadores, evita la muerte segura ante third parties molestos y fomenta el intercambio de suministros para no quedarte en ceros. Más allá de eso, esta herramienta es el puente para crear comunidad y eliminar las diferencias que he mencionado en esta nota.
En las partidas, si tienes activado el chat en los ajustes, te encontrarás constantemente con jugadores dispuestos a entablar comunicación. Yo lo tuve activado en mis sesiones, y aunque me topé con los típicos que dejan su micrófono abierto para escuchar ruidos de ventilador o familias disfuncionales, también tuve la fortuna de charlar con gente que no era de mi país.
Por ejemplo, la primera conversación para definir qué misiones tomar y en qué orden hacerlas, mueve las fichas para que la comunicación fluya y se disfrute. Fue muy divertido escuchar a estadounidenses tratando de hablar español justo cuando se dieron cuenta que yo lo hacía. O reírse de un rival caído junto con tu escuadrón de desconocidos —es una acción tóxica, perdón—.
Marathon tiene el corazón de Halo y Destiny
Estos momentos de diversión inherentemente me trajeron recuerdos de Halo, cuando era habitual encontrar estas clases de comportamientos en el matchmaking. Era un contexto diferente al de Marathon, pues en Halo el competitivo es más importante que la supervivencia. Pero esos momentos de diversión con desconocidos hicieron de la saga de Xbox una con enorme presencia en México.
En cambio, Destiny sí apuesta por una estrategia más abierta por crear comunidad —sobre todo en la segunda entrega—. Después de unas raids en solitario, es casi un paso natural buscar amigos en Xbox o en grupos de redes sociales para encontrar quién pueda acompañarte en tu siguiente viaje. Así fue como conecté con amigos de Internet, que nunca faltaron a la cita de las 8 de la noche para explorar Forsaken.
Marathon podrá estar rodeado de polémica, pero en medio del ruido hay una esencia que Bungie no ha perdido: la capacidad de conectar jugadores. Más allá de sus sistemas, balance o modelo como servicio, lo que realmente se queda contigo son esas partidas en las que tres desconocidos terminan coordinándose como si se conocieran de años, compartiendo risas, errores y victorias. No será perfecto, pero si algo demuestra este shooter es que, incluso en los entornos más hostiles, siempre hay espacio para construir comunidad.
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