
El gaming está muerto, damas y caballeros… o al menos, la idea del gaming de consumo físico, accesible, prestable y revendido. Esa ha desaparecido o está por desaparecer; la de tus memorias de niño, la de los regalos de navidad con rebaja, la de los préstamos de juegos a tus amigos del salón, la de ahorrar algo razonable para darte un “gustito”. Eso… toooodo eso está recibiendo los santos óleos mientras nos lees, y no va a regresar.
Un caparazón, que para fines meramente dramáticos podemos describir como hecho de oro, permanece, pero el alma de esta forma de entretenimiento fue masacrada en el lapso de un semestre y la responsabilidad ni siquiera se le puede fincar a un solo actor.
Lo fácil aquí sería decir que es culpa de los de pantalón largo, y sí… en parte, en buena parte, tiene que ver con sus decisiones, pero no al 100%. También se ha dado una convergencia de circunstancias apocalípticas que vale la pena desmenuzar para entender a fondo qué demonios está pasando y, más importante todavía, qué sigue ahora. Pero una cosa parece cierta: ese “algo” no es bueno.
Silicio, inflación e Inteligencia Artificial: ¿por qué las consolas ya no se abaratan
Para empezar tenemos consolas cada vez más y más caras, un fenómeno que jamás se había dado. Cuando éramos niños, es posible que tus papás y los nuestros no tuvieran lana suficiente como para comprarlas de lanzamiento, de modo que esperar un par de años para obsequiarlas en rebaja, era la estrategia lógica. Una táctica completamente entendible que miles de familias siguen, o mejor dicho, seguían aplicando hasta ahora.
Las viejas estrategias para ahorrar y entrar en esta bella forma de vida, sirven de poco cuando la lógica que solía imperar ya no aplica. Uno más uno, ya no da dos. ¿Cuáles rebajas, cuál ahorro? Ambos, tanto Xbox como PlayStation –y probablemente Nintendo, en los próximos meses– siguen subiendo el costo de hardware que hoy debería ser mucho, pero mucho más barato. No tiene ningún sentido.
Y el deslave que las consolas costosas genera, arrastra también al mercado de segunda mano, mismo que suele ser refugio para el resto de los fans. Esos para quienes las rebajas tampoco son una opción accesible y que representan a más consumidores de los que quizás te has puesto a pensar. Consolas usadas que hoy deberían costar 5 mil pesos, con un buen kilometraje de uso, hoy todavía superan los 8 mil y contando.
Pero bueno… decir que es incomprensible tampoco es contar la historia con absoluta precisión, y es ahí donde la cosa deja de ser solamente egoísmo o categórica maldad de los hombres de negocios, para convertirse también en un pasaje de mala fortuna. Porque quién hubiera anticipado, hace 5 o 10 años, que estaríamos a las puertas del mayor salto tecnológico de nuestra era, uno impulsado por una herramienta que es tan útil como proporcionalmente destructiva y voraz para nuestros recursos naturales y de silicón: la inteligencia artificial.
Que las consolas hoy cuesten tanto obedece en buena medida a que varios de sus componentes clave ya no se abaratan como antes. La memoria, el almacenamiento y otras materias están bajo una presión brutal por la demanda de centros de datos e inteligencia artificial. Esto es algo de lo que se hablaba desde hace un año, pero cuyos efectos apenas estamos empezando a sentir. Los videojuegos no son, ni remotamente, el único ámbito afectado, pero sí el que más nos interesa aquí.
Lo peor del asunto –porque no, ni siquiera hemos llegado a lo peor– es que esta crisis no solo está transformando a la generación en curso, sino que tiene potencial para redefinir a la siguiente y, con ella, a la industria completa. Mira los costos. Una PS5 Pro nueva te cuesta casi 20 mil pesos y la Steam Machine superará fácilmente ese umbral. ¿Tú cuánto crees que van a costar entonces una PlayStation 6 y una Xbox Helix? Estamos hablando ya de niveles de segunda mano… para carros, no para lo que solían ser consolas. Y bueno, ya ni hablar de la ventaja competitiva que la consola casera solía presumir frente a la PC en términos de dineros. Si el pretexto para NO pasarse a PC era la lana, la ecuación también ha dejado de tener sentido.
En términos de facilidad de uso, la consola sigue siendo reina, pero a estos costos, armarte una PC competitiva en dos o tres años puede que sea más barato que comprarte una consola de décima generación. Y las consolas ya también están perdiendo al formato físico como diferenciador. Lo que nos lleva a ooootro de los ámbitos donde el gaming, como lo conocías, está agonizando.
Cajas vacías y códigos de descarga: la muerte planificada del formato físico
Apenas hace algunos días –dependiendo de cuánto tiempo nos haya tomado redactar este texto– Rockstar abrió las puertas del infierno cuando anunció que GTA 6 no saldría más en disco, sino que tu “formato físico” sería una triste caja con un código para descargar los méndigos 200 gigas que esa obra maestra va a terminar por pesar.
Para ser justos, Rockstar no fue la primera en explorar el ámbito de los “códigos” como reemplazo para los Blu-rays. Nintendo y sus keycards fueron el antecedente más inmediato, con la importante distinción de que, las keycards al menos se pueden prestar y revender. Un código, no.
A lo anterior siguió el anuncio formal de PlayStation de que en el lapso de los próximos dos años va a descontinuar la producción de discos como formato de consumo de videojuegos. Todo serán códigos, códigos y más códigos. El sueño húmedo de Don Mattrick de no poder revender juegos está por materializarse y acá la culpa es de todos, si es que, como tal existe una “culpa” que echar porque acá hablamos de tendencias de mercado, no tanto de vicios.
Si crees que esto fue solo un capricho de Rockstar o una ocurrencia en la que todos se están montando para aprovechar, estás pecando de ingenuo. Analistas financieros llevaban advirtiendo sobre esto desde antes incluso de que comenzara la generación actual, no solamente porque las compañías fueran cada vez más avariciosas, sino porque tú y yo, como consumidores, empezamos a comprar cada vez menos discos. Punto.
De acuerdo con cifras del otoño pasado, Sony Interactive Entertainment generó 31 mil millones de dólares, pero solo 945 millones vinieron de juegos físicos, es decir, solo el 3%. Ahí, la lógica sí es lógica: los discos todavía se venden, pero van de la mano con su fabricación, los empaques, la impresión de carátulas, la distribución, negociar con las cadenas de tiendas, aceptar devoluciones, manejar inventario, perder margen ante intermediarios y convivir con la reventa, que es dinero perdido.
En digital, Sony toma una página del libro de jugadas de Luis Enrique, y prefiere controlarlas todas. Suma eso al tema de lo caras que ya son las consolas y para qué quieres agregar todavía más números a una cuenta que va a dejar a muchos con la quijada en el suelo y una tarjeta de crédito topada añadiendo un lector de disco. Imagínate una PS6 digital de 25 mil pesos y un modelo opcional de 26 mil con lector de discos con toooda la problemática agregada, para un segmento que ya genera una dosis minúscula de dinero. Ojo: no estamos diciendo que sea bueno o que esté bien, estamos diciendo que la matemática no favorece al caso de los juegos físicos como negocio.
Xbox, por su parte, ya anunció que va a seguir la misma tendencia, con la salvedad de que explorarán la opción de pasar los discos físicos que ya tengas a digital con alguna magia arcana similar a las keycards de Nintendo, que permite intercambios. Y eso es lo otro, estamos dejando en segundo plano el tema de que, con todo esto, la reventa de juegos probablemente se vaya derechito al demonio.
Si comprabas juegos físicos con la esperanza de luego revenderlos, cambiarlos o, ya ni eso, simplemente prestarlos a algún amigo –cosa que ha sido de lo más tradicional en el mundo de los videojuegos desde siempre– bueno, pues olvídalo porque con todo atado a un código, es muy probable que se muera este espacio informal pero tan cómodo para nosotros como consumidores. Y luego está otro pequeño, pequeñito detalle: el costo de los juegos en sí mismos.
El juego de los 80 dólares
Al igual que con el formato físico, esto es algo que se veía venir, pero no deja de doler y abonar a una forma de entretenimiento más inaccesible que nunca: los juegos de a 80 dólares. No la mencionamos antes porque todavía no es tendencia, pero lo será.
Desde hace años, directivos de varias compañías venían hablando de que la etiqueta de 69 dólares para los títulos era, quizás, demasiado baja para lo mucho que estaba costando desarrollarlos. De ahí también el apetito por producir solo títulos como servicio, pero como ese segmento rápidamente se llenó más que Reforma en las celebraciones por la selección mexicana, tuvo que imponerse una forma menos arriesgada de monetizar y esa fue simplemente subirle el costo a cada juego de 69.99 dólares a 79.99.
Acá no sabemos bien si hablar en presente o en pasado porque, como dijimos hace un instante, todavía no es la norma, pero es solo cuestión de tiempo, y lo único que la industria tuvo que hacer fue esperar a que un juego extraordinariamente bueno se atreviera y ese juego fue Grand Theft Auto 6. Considerando que Mario Kart World ya no está solo, es casi un hecho que veremos cada vez más títulos de a 2 mil pesos mexicanos cada uno, cuando recordamos haber comprado cartuchos nuevos para Nintendo 64 en 500 pesos a comienzos de los dosmiles.
¡Qué lejos se sienten esos días ya! O sea, te sale ya más caro que una consulta médica de especialidad; puedes pagar un año de Netflix con eso o de Spotify; o pagar dos semanas de despensa con tu peoresnada. Es un golpe duro al bolsillo, especialmente si tienes un trabajo medianito o de esos de transición. Cuando un videojuego cuesta 2,000 pesos, ya no está compitiendo contra ir al cine: está compitiendo contra hobbies de ricos, como pagar una ronda de golf.
Entonces, repasando, tenemos: consolas híper, mega, súper caras, que te cuestan lo mismo que un carro viejo, pero un carro al fin; juegos que no puedes intercambiar, ni revender ni nada porque esencialmente sólo existen en en el éter; y juegos carísimos, con los que te tienes que quedar para siempre. No señores, este gaming no lo reconocemos, este no es el gaming de nuestra niñez y no sabemos será NUESTRO gaming para el futuro.
Encima, esto es como una cadena. Si las consolas son caras y se venden menos, te queda menos para comprar juegos, y peor si consideras lo caros que son. Menos juegos por consola implican que el subsidio de los fabricantes, o sea Microsoft y Sony, se recupera más lentamente, lo que significa, que no pueden bajarles el precio más rápido y así sucesivamente, por no hablar del impacto que toooooodo esto tiene sobre los estudios de desarrollo, mismos que ya están sufriendo muchísimo como están las cosas. Es un problemón sin aparente salida, donde los videojuegos van a ser una forma de entretenimiento de verdadero lujo, más aún de lo que se creía antes.
Estamos hablando de una industria que, paso a paso, está convirtiendo una de las formas de entretenimiento más populares del mundo en una afición cada vez más exclusiva. Cuando el camino principal del gaming empieza a exigir consolas de 25 mil pesos, juegos de 2 mil y una biblioteca que ya ni siquiera puedes tocar, la pregunta deja de ser si el futuro será digital. La pregunta es para quién será ese futuro.
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