Jugué The Legend of Zelda: Ocarina of Time en 2026 y me volví a enamorar de mi juego favorito. Me hizo recordar la razón por la que me apasionan los videojuegos

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Diego Gutiérrez

Editor

El gaming como lo conocemos en la actualidad no sería el mismo sin la saga The Legend of Zelda. Nintendo realizó aportaciones a los juegos de aventuras y acción con cada entrega. Pero cuando la discusión se centra en cuál es la mejor entrega de la historia, las opciones se reducen a una sola. Ocarina of Time fue 'un antes y un después' no solo para la industria, sino para millones de jugadores. Así que entender su importancia no es tan difícil.

Sin embargo, cuando nos preguntamos si vale la pena volverse el Héroe del Tiempo en la actualidad, hay varios aspectos a considerar. El primero y más importante, es que Nintendo confirmó que llegará un remake para Switch 2 este mismo año. El segundo es que, pese a ser tan reconocido, Ocarina of Time solo tiene dos versiones: la clásica de 1998 y el remaster para 3DS de 2011.

Personalmente, este es mi juego favorito; la razón por la que me apasiona el gaming e, indirectamente, el motor por el cual me dedico al periodismo de videojuegos. Así que el enfoque de mi más reciente 'run' no fue si yo lo disfrutaría, sino si una persona que nunca ha tocado el juego podría hacerlo. No se trataba de jugarlo en Nintendo 64; más bien, en el modo más accesible de la actualidad. Es decir, Nintendo Switch por medio de la suscripción Nintendo Switch Online + Expansion Pack.

El punto clave dentro de la cronologia de The Legend of Zelda

Como mencioné al principio, Ocarina of Time es muy importante para la saga. Tanto así que dentro de la cronología oficial, funciona como un punto de quiebre para diversas líneas del tiempo. Pese a ello, quiero comenzar diciendo que no es necesario jugar ninguna entrega anterior para entender esta historia. Puedes aventurarte sin miedo a captar las referencias. De hecho, si lo terminas y te animas a probar otro título de la franquicia, te darás cuenta que muchos elementos se repiten.

"Estamos frente a la historia clásica del 'elegido para acabar con el mal'"

Por ejemplo, aquí seguimos a un pequeño niño hyliano, llamado Link, que vive en lo profundo del Bosque Deku. Sin importar qué versión del personaje conozcas, encontrarás que Link es sumamente reservado, introvertido y de pocas palabras. Eso en cada historia; como en esta, en donde ese carácter lo lleva a ser discriminado por la mayoría de habitantes del bosque. No obstante, el destino le tenía deparada una misión casi imposible: salvar a todo el reino de Hyrule de las garras de un ambicioso villano.

Pese a que esta trama se cuenta por diálogos de texto, y no por actores de voz, la emoción funciona de la misma manera. Los personajes de 64 bits pueden expresar sentimientos, como ira, enojo o tristeza, lo suficientemente detallado como para generar empatía en el jugador. Ese aspecto es uno de las principales virtudes de Ocarina of Time. Ganondorf, el villano, conquista un reino vivo, lleno de diferentes razas, zonas y ecosistemas que los hacen únicos.

Para explicarme mejor, debo dar un pequeño spoiler. El juego está dividido en dos etapas: cuando Link es niño y cuando es adulto. En la primera, exploramos Hyrule en todo su esplendor. Conocemos a sus habitantes y sus sueños. En cambio, en la segunda etapa revisitamos esos lugares después de que la desolación cayera sobre el reino, mostrando el terror y la desgracia de esas mismas personas que habíamos conocido.

En resumen, The Legend of Zelda: Ocarina of Time se toma el tiempo necesario para que te interese lo que le pasa a este reino. Lo conoces, sufres su dolor y, sobretodo, te alegras cuando los salvas del mal. No por nada estos personajes, como los Sabios, la Princesa Zelda o el propio Link, han trascendido con los años. Son icónicos desde su presentación.

Al gameplay se le notan los años... pero no todo está perdido

"Los controles de movimiento se quedaron atrapados en 1998"

Otro de los pilares que le dieron prestigio a esta entrega es el gameplay. Ya pasaron muchos años desde que Nintendo innovó los juegos en tercera dimensión con el selector de objetivo, algo tan básico en la actualidad que cuesta imaginarse una experiencia sin él. Pero para efectos de esta retro reseña, será mejor no valorar su peso histórico para definir si es cómodo y divertido jugarlo en la actualidad.

Y es aquí en donde le encontramos las costuras: los controles de movimiento se quedaron atrapados en 1998. La cámara es difícil de manejar sin un joystick designado para ello. A ello hay que sumarle el cuestionable mapeo del emulador de Nintendo Switch, que asigna el stick derecho en lugar de la cruceta del N64. Apuntar con el Hookshot o el boomerang es molesto y explorar las mazmorras es complicado. Requiere tiempo y paciencia acostumbrarse a ello, pero una vez que lo logras, comienzas a disfrutarlo de inmediato.

Pero algo que los desarrolladores visualizaron en su momento es que sería el primer juego en 3D que muchos jugadores probarían. Así que designaron toda la primer mazmorra, el interior del Deku Tree, para que se acoplaran a los movimientos de cámara y los controles de ataque. Es un movimiento que hasta el día de hoy sigue funcionando, pues te puedo asegurar que una vez termines con el jefe Gohma, no te volverás a frustrar con el mando.

Tuve que explorar esta faceta del juego para encontrarle defectos, porque tanto argumentalmente, como en cuanto a contenido, el paquete sigue siendo bastante completo. Ocarina of Time es desafiante, repleto de puzzles, easter eggs y batallas épicas que se quedarán impregnadas en la memoria. Vale mucho la pena aguantar cualquier incomodidad inicial a cambio de descubrir un mundo semi-abierto con tanta riqueza.

Todas las mazmorras desprenden personalidad e ingenio. Cada una de ellas guarda historias interesantes y mecánicas únicas que nunca quieres que acaben. Y para colmo, hay un par que pueden ser tan complicadas que te obligarán a recurrir a YouTube en busca de una guía. Esa es la experiencia que millones disfrutamos en su momento, y que esperamos ver reflejada en el remake para Switch 2.

Cada desafío es bien recompensado con objetos cada vez más extraordinarios. Llegas hasta un punto en el que eres tan poderoso que realmente crees que eres, o más bien, Link es el elegido para acabar con un mal tan imponente. Las animaciones de ataques, la música, el sistema de ítems complementarios y, sobretodo, los combates con espadas ayudan a crear esa atmósfera épica.

Los gráficos y la música seguirán siendo épicas hasta la eternidad

"La música es tan importante, que se convierte en una herramienta para avanzar"

Si hay algo que sigue sorprendiendo después de tantos años es la música. Koji Kondo consiguió que cada zona de Hyrule tuviera una identidad propia, desde melodías tranquilas hasta composiciones que elevan la tensión durante las mazmorras. Y lo mejor es que muchas canciones no están ahí únicamente para acompañar la aventura, sino que forman parte de las mecánicas. La Ocarina del Tiempo, por ejemplo, convierte la música en una herramienta para avanzar, resolver acertijos y comunicarse con otros personajes.

La banda sonora también entiende perfectamente cuándo debe desaparecer. Hay momentos en los que caminar por Hyrule sin una melodía constante permite escuchar los sonidos del entorno, mientras que otras escenas utilizan la música para hacer que una batalla o descubrimiento se sienta mucho más importante. Es una composición que no necesita de una orquesta gigantesca ni de tecnología moderna para permanecer en la memoria. Algunas melodías tienen casi 30 años y todavía son reconocibles al instante.

Lo mismo ocurre con los personajes. Ocarina of Time tomó los diseños que la saga había construido en sus entregas anteriores y los llevó por primera vez a las tres dimensiones. El resultado fue un Hyrule lleno de personajes fácilmente reconocibles, incluso cuando sus modelos son extremadamente sencillos para los estándares actuales. Link, Zelda, Ganondorf, Sheik, Epona y los Sabios tienen siluetas y características tan marcadas que no necesitan demasiados detalles para transmitir quiénes son.

Y aquí es donde los gráficos terminan jugando a su favor. Sí, los polígonos son pocos, las texturas están bastante lejos de lo que actualmente consideramos aceptable y algunas animaciones pueden resultar bastante rígidas. Pero sería injusto juzgarlo únicamente con los estándares de 2026. Ocarina of Time utiliza sus limitaciones para construir una dirección artística clara, con colores, escenarios y personajes que todavía funcionan. La versión de Nintendo 64 puede verse vieja, pero no se siente carente de personalidad, que es algo que muchos juegos modernos con millones de polígonos todavía están intentando conseguir.

¿Vale la pena jugar Ocarina of Time en 2026?

"Sus mazmorras, personajes, música, exploración y progresión siguen funcionando como lo hicieron en 1998"

Después de regresar a Ocarina of Time tantos años después, mi conclusión es bastante sencilla: sí, todavía vale la pena. No porque sea intocable o porque haya que fingir que sus controles son perfectos, sino porque debajo de esas limitaciones existe una aventura extraordinariamente bien construida. Sus mazmorras, personajes, música, exploración y progresión siguen funcionando como lo hicieron en 1998, incluso cuando algunas decisiones técnicas ya muestran su edad.

La gran pregunta ahora es qué hará Nintendo con el remake para Switch 2. Si consigue conservar esa identidad y, al mismo tiempo, solucionar los problemas de control, cámara y presentación, podría convertirse en la mejor manera de descubrir una de las aventuras más importantes de la historia del gaming. Mientras tanto, jugar la versión original sigue siendo una experiencia completamente recomendable. Después de casi tres décadas, Ocarina of Time todavía tiene algo que decir. Y, francamente, pocos juegos pueden presumir de eso.

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