
La situación de Xbox parece cada vez más comprometida. Esa es la palabra que mejor refleja lo que se respira en los corredores de Redmond en estos momentos. No frágil, no difícil, no insostenible. Todas esas palabras podrían aplicarse, pero “comprometida” parece la más precisa porque de lo que hablamos es de un Xbox que se está viendo obligado a elegir entre alternativas incómodas… diríamos que incluso impensables en otros tiempos. Que, vaya, para ser justos, alternativas incómodas ya se le presentaron antes al llevar sus exclusivas a otros sistemas por ejemplo. Pero la cosa no ha terminado.
Aunque los de verde probablemente tuvieron su mejor presentación veraniega en años, apenas hace un par de semanas, eso no borra la crisis por la cual están atravesando y que, como Asha Sharma advirtió a comienzos de mes, forzará a Xbox a tomar decisiones difíciles durante los próximos meses… MÁS decisiones difíciles.
Cuando uno reflexiona sobre lo que “decisiones difíciles” significa para una empresa, los despidos parecen la respuesta lógica e inmediata –porque no es como que Matt Booty va a pedirte dinero prestado a ti, por ejemplo–. Y sí, parte del “sacrificio”, será el de los empleos, será el de los recursos, con todo lo que eso implica para la cadena de producción de la industria completa –porque cuando Xbox o PlayStation sufren en sus finanzas, los estudios también, las agencias de marketing, de relaciones públicas, las consultorías, las tiendas, todos la pagan de alguna manera u otra–.
Pero todo parece indicar que esta vez el compromiso, el sacrificio, vendrá también en forma de incomodidades para los consumidores, con ajustes que van más allá de los precios o, mejor dicho, con costos que quizá nunca habían experimentado.
¿El "modelo Netflix" llega a los videojuegos?
Como parte de una charla con Christopher Dring, editor en jefe del medio Game Business, un extrañamente relajado Mathew Ball insinuó, hace algunos días, que una de las posibles soluciones para el dilema de Xbox pasa por emular lo hecho por las compañías de stream en Estados Unidos, que es compensar las pérdidas o estancamiento de los planes de suscripción mediante planes con anuncios. Sí, escuchaste bien: anuncios.
Matthew Ball es el nuevo jefe de estrategia de Xbox, así que sus declaraciones dicen mucho, muchísimo sobre lo que pasa por la mente de quienes toman las decisiones importantes dentro de la marca. El tipo se integró a Microsoft apenas en mayo, así que no te culpamos si no tenías ni idea de quién era.
La palabra “comerciales” no le gusta a nadie. Si no, pregúntenle a los fans del fútbol su opinión sobre las nuevas “pausas de hidratación” en el torneo más importante del mundo. Y en los videojuegos no es diferente. De hecho, las insinuaciones de Ball causaron un sismo suficientemente notorio como para que el tipo tuviera que salir a matizarlas, pero la realidad es que la industria completa está contra las cuerdas, no nada más Xbox.
Apenas a comienzos de esta semana, Electronic Arts anunció su nueva división de publicidad in-game y tanto Ubisoft como Activision ya han cometido “errores” en el pasado, que apuntan a la implementación de publicidad formal dentro de los juegos que amamos. Es decir, no parece ser un asunto de preguntarse si va a pasar o no, si no de cuándo y quién será el primero de los grandes en asimilar esta como una alternativa obligada para solucionar el enigma de los crecientes costos de desarrollo y, en el caso de Xbox, los crecientes costos de producción de hardware, emparejados con menos venta de consolas, escaso crecimiento y muy pocas ganancias. Es, en efecto, un problema por donde lo veas.
Hay excepciones, claro. Dring preguntó sobre el tema de los comerciales al jefe de Take-Two interactive, y Strauss Zelnick dijo que le parecían injustos en juegos premium, pero NBA 2K dice otra historia y bueno… es Take-Two. Ya viene GTA y cuando tienes GTA 6 en tu portafolio, hablar de problemas de dinero parece de mal gusto.
Cuando empezamos a redactar este guión, habíamos interpretado las declaraciones de Ball como un pronóstico de comerciales hasta en los calzones del Capitán Price. Quizás skins con marcas –a la Tuzos del Pachuca–, objetivos de juego patrocinados, en fin. Pero la cosa se puso tan incómoda, que Ball tuvo que echarse para atrás después y precisar que no se refería a publicidad dentro de los juegos, ni generalizados.
Entonces, si no estamos hablando de anuncios en el casco de tu Master Chief y el mío, ni de marcas en la motosierra de tu Marcus Phoenix y el mío, entonces el modelo quizás es más como el de Netflix o el de Spotify: experiencias premium para quienes pagan el precio completo, y alternativas más económicas financiadas por publicidad para quienes no pueden o no quieren hacerlo.
Personas que no pueden pagar una consola de 500 o 600 dólares que nada más no baja de precio; que no pueden pagar Game Pass Ultimate cada mes porque la IA los reemplazó en la chamba. Alguien que no se anima a gastar 70 dólares en un juego nuevo, y pronto 80 o más. Alguien que nunca ha jugado Halo, Gears o Forza y no sabe si le van a gustar, pero no va a desembolsar nomás para probar. Vaya, no sería ni generalizado, ni destructivo para la inmersión.
El ecosistema frente a la inmersión: ¿Dónde veremos la publicidad?
Ball dijo que la pregunta no era si Xbox podía llenar sus productos de anuncios, sino más bien si existían formas de acercar sus franquicias a personas que hoy están fuera del ecosistema. Es decir, la publicidad no serviría para monetizar más a quienes ya juegan Halo o Gears, sino para reducir la barrera de entrada a través de modalidades más accesibles de Game Pass, Cloud Gaming u otros servicios similares.
Y cuando lo pones así, tiene sentido, por muy feo que suene. Tiene sentido considerando el volumen tan grande de desafíos que enfrenta Xbox. En este momento son problemas por todos lados, al punto donde Asha preguntó a Ball si había que echarle cal o si había remedio –eso de cal no sabemos si fue así, por cierto–.
¿Pero cómo se vería esto en la práctica? Esa es la cuestión, ese es el terror y esa es la pregunta. Bueno, si no veremos una armadura con el logo de Elektra, entonces quizás veremos un “Tu sesión comenzará después de este comercial.”, al correr un juego de Game Pass, para no ver otra pauta en horas. Cloud Gaming con cortes publicitarios, dashboard con publicidad, recompensas contra consumo de comerciales, como en los juegos móviles. No imaginamos nada de esto dentro, ya, de tu juego, sino más bien en el ecosistema.
Sigue sonando del nabo, pero la diferencia entre ver 20 segundos de publicidad antes de iniciar Halo y que Halo se detenga para venderte una hamburguesa es abismal. Y es justamente ese detalle el que Ball dejó sin responder.
Volver a lo básico tiene un costo
Al final del día, todo esto se parece a intentar taparse el pecho sin destapar los pies. Xbox necesita más dinero, pero no puede seguir subiendo precios. Necesita más exclusivas, pero producirlas cuesta cada vez más. Necesita que Game Pass siga creciendo, pero también que sus juegos generen ingresos. Necesita más usuarios, pero vende menos consolas que sus competidores. Y necesita hardware más accesible justo cuando los componentes son más caros que nunca. El problema de Xbox no parece ser la falta de soluciones, sino que ninguna de ellas llega sin… compromisos.
La buena noticia para los consumidores, al menos mientras llegan o no los comerciales a los juegos, es que Xbox parece haber recuperado algo de carácter. La compañía parece haber entendido que parte de la solución pasa por volver a lo básico: identidad, franquicias propias y exclusivas fuertes. Lo vimos con Gears of War: E-Day en Summer Game Fest, y ahora se reporta que Asha Sharma habría recibido luz verde de los jerarcas para redirigir recursos hacia los grandes juegos que Xbox le debe a sus fans: Halo, Fallout y The Elder Scrolls, cuya próxima entrega lleva casi una década en el horno.
Pero, como todo en esta historia, eso también tendrá un costo. Más dinero para los grandes nombres probablemente significa menos espacio para proyectos pequeños, más recortes, más estudios bajo presión y, quizá, más despidos. Xbox puede haber encontrado una dirección, pero no una salida fácil. Porque en esta nueva etapa, cada solución viene con… adivinaste: compromisos.
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