
Cuando era niño, uno de mis mayores sueños era que una lechuza llegara a mi casa y, por debajo de la puerta, dejara la carta de Hogwarts anunciando mi admisión a la mejor escuela de magia y hechicería del mundo. Por supuesto, nunca ocurrió, pero casi 33 años después pude probar el juego que finalmente me permitió vivir esa fantasía. Hablo, por supuesto, de Hogwarts Legacy. ¿Y lo mejor de todo? Que ahora mismo puedes jugarlo a través de Xbox Game Pass.
El mejor juego del Universo Harry Potter
A diferencia del canon principal creado por J. K. Rowling, los eventos de Hogwarts Legacy ocurren mucho antes del nacimiento de Harry Potter, Hermione o el mismo Voldemort. La aventura nos transporta al siglo XIX, en una época donde muchas de las figuras más importantes de la saga ni siquiera existían. Sin embargo, es precisamente esta decisión le da al juego una libertad enorme para contar su propia historia mientras conserva intacta la esencia que convirtió al universo mágico en el fenómeno millenial que es.
La historia nos pone en la piel de un estudiante con una habilidad extremadamente rara para percibir y manipular una forma de magia ancestral que prácticamente nadie más puede ver. De esta manera, terminamos llegando a Hogwarts, incorporándonos directamente al quinto curso mientras el castillo se encuentra envuelto en una serie de misterios que amenazan la estabilidad del mundo mágico.
De esta manera, lo que comienza como una simple aventura escolar pronto se transforma en una épica que nos lleva a explorar ruinas olvidadas, descubrir secretos ocultos y enfrentarnos a fuerzas que buscan utilizar la magia para fines completamente malvados. Es una historia sencilla, de blancos y negros, pero su premisa funciona porque constantemente nos hace sentir importantes, una especie de nuevo Elegido como el mismo Harry, y todo sin romper la fantasía de ser simplemente otro estudiante aprendiendo hechizos.
Cuando Hogwarts te entra por los ojos
La razón por la que me enamoré de este juego es sencilla, y es que como pocos otros me entró por los ojos. Acá, Hogwarts no es simplemente un escenario: sus escaleras móviles, salones, pasadizos secretos, retratos parlantes y aulas están recreados con un nivel de detalle impresionante. Pero la magia, literalmente, no termina ahí.
Salir del castillo para recorrer Hogsmeade, perderse entre pequeñas aldeas escondidas o aventurarse en los sombríos bosques que rodean la escuela genera constantemente esa sensación de descubrimiento que tan bien transmitían los libros y las pelis. Más de una vez me encontré ignorando la misión principal simplemente porque quería explorar un rincón nuevo del mapa y ver qué secretos me escondía.
Por supuesto, no todo es miel sobre hojuelas, y sería injusto fingir lo contrario. Uno de los problemas más notorios es la dependencia casi obsesiva del hechizo Revelio, que terminarás utilizando una cantidad absurda de veces. Llega un punto donde escuchar esta palabra una y otra vez puede resultar cansado.
Algo similar ocurre con algunos rompecabezas, que aunque son entretenidos al principio, terminan reciclando demasiadas ideas conforme avanza la partida. Sin embargo, ninguno de estos problemas consigue dañar seriamente la experiencia. El motivo es sencillo: el juego entiende perfectamente cuál es su principal fortaleza y constantemente encuentra nuevas formas de alimentar el fanservice.
En muchos sentidos, se trata del mejor simulador del universo de Harry Potter que haya podido probar hasta la fecha. No necesariamente porque tenga la mejor historia o los sistemas más complejos, sino porque entiende algo que hasta parece obvio: los fans llevamos décadas imaginando cómo sería caminar por esos pasillos, asistir a clases y lanzar hechizos a diestro y siniestro, y Hogwarts Legacy convierte esas fantasías en experiencias que verdaderamente podemos vivir.
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