
La industria de los videojuegos, aunque responsable de entregarnos algunas de las obras más importantes que ha dado el arte en los siglos XX y XXI, también ha estado marcada por la explotación laboral hacia quienes la conforman, e incluso sus grandes creativos no están exentos de ella. Tal es el caso de Masahiro Ito, quien acaba de compartir un mensaje descorazonador en el que reconoce que, si no hubiera hecho el trabajo que hizo para Silent Hill, probablemente habría sido más feliz.
El artista de Silent Hill que no fue feliz
Masahiro Ito es una leyenda del gaming: conocido especialmente por su labor como diseñador en Konami, su trabajo ayudó a darle forma a la trilogía original de Silent Hill y al día de hoy sería imposible imaginar la franquicia sin la identidad visual que este artista logró imprimirle.
Sin embargo, su visión, mucho más íntima y profunda por el simple hecho de haber sido él quien la vivió, difiere inevitablemente de la que tienen los jugadores que durante décadas han celebrado su aportación a la serie. Así lo confirmó en un reciente mensaje publicado en X, donde recordó hasta qué punto su carrera en Konami terminó afectando su vida personal y las decisiones que tomó durante aquellos años. Ito escribió:
"Durante los ocho años que pasé desarrollando Silent Hill 1, 2 y 3 en Konami, renuncié a tener novia. Ni siquiera tuve una sola cita con una mujer. Sacrifiqué mis días libres y dormí sobre cartones extendidos en el suelo, pero nunca, ni en mis sueños más salvajes, imaginé que acabaría así en X. Para ser honesto, últimamente he estado pensando que, si no hubiera sacrificado mi vida personal, hubiera encontrado una novia y me hubiera casado desde joven, probablemente habría sido más feliz".
Lo cierto es que, lamentablemente, esta es una situación muy común en la industria de los videojuegos. Durante años, el desarrollo de los mismos ha arrastrado una cultura laboral en la que las jornadas interminables, los periodos de crunch y la idea de que sacrificar tiempo personal es parte natural del proceso creativo han terminado normalizándose.
Y aunque las condiciones han cambiado en algunos estudios y existe una mayor conversación sobre el bienestar físico y psicológico de los desarrolladores, todavía hay artistas y desarrolladores que terminan pagando un precio personal muy alto para que un proyecto llegue a las manos de los jugadores.
Detrás de algunas de las obras que más admiramos existen personas que perdieron muchísimo para crearlas. Por supuesto, reconocer ese sacrificio no disminuye el valor de Silent Hill, pero es importante no olvidar el costo humano que existe detrás de cada una de esas historias.
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