Voy a ser muy sincero: antes de convertirme en una persona que se desespera fácilmente con el tráfico de la Ciudad de México, existía un muchacho tranquilo, que disfrutaba estar detrás del volante. Amaba llevar a mis seres queridos a cualquier destino o viajar cómodamente al trabajo sin pensar en el tráfico citadino. Incluso llegué a fantasear con manejar autos más grandes como por ejemplo un autobús. Ser aquél chofer que transportará a miles de personas a sus destinos, llegar a tiempo, respetar semáforos. Todo esto con la misión de facilitarles un “viaje pacífico”.
Bueno, todo eso se esfumó con el paso del tiempo y hoy, a mis treinta y tantos años, esa fantasía la creí muerta. Sin embargo, gracias a los videojuegos, pude “cumplir ese sueño” con Bus Bound, un simulador que no busca adrenalina, sino disciplina y relajación frente al volante. Sí, por fin pude manejar autobuses y desde el primer minuto, supe que en este trabajo, al igual que otros simuladores, debes comprometerte al 100%.
Manejar un autobús nunca fue tan sencillo como en Bus Bound
Acá no hay historia. El único contexto que necesitamos es que Bus Bound se desarrolla en una ciudad que parece sacada de un sueño, Emberville. No es una ciudad cualquiera, es ese tipo de lugar que, si eres mexicano, te hace levantar una ceja con desconfianza y apostar que en cuestión de minutos se generará un caos terrible. Aquí el transporte público es gratuito, ordenado y funcional. Esta ciudad está construida con un propósito: ser un espacio donde el jugador pueda experimentar el impacto positivo del transporte público bien ejecutado.
Al inicio, las calles están “inundadas por el tráfico pesado” y el asfalto. Pero conforme haces bien tu trabajo la ciudad cambia. Intersecciones gigantes se convierten en plazas peatonales, zonas congestionadas se ordenan idealmente, etc. No es solo decoración, es una recompensa visual constante que le da sentido a cada ruta. Bajo este argumento, lo adictivo del juego es transformar cada ruta en un paseo de buena calidad.
Acá la regla de oro es conducir bien. No hay de otra. Su sistema de progreso gira completamente en torno a la aprobación de los pasajeros, algo así como la dinámica conductor-pasajero de las grandes aplicaciones de taxis. Si haces bien tu trabajo, recibes likes. De lo contrario, si manejas como Toretto e ignorando las señales… bueno, prepárate para progresar más lento que una tortuga.
Tienes que respetar semáforos, señales, topes, literalmente todo. Suena simple, pero esto toma un enorme grado de importancia porque, al igual que las grandes ciudades del mundo, Emberville también tiene su reglamento de tránsito y su tipo de licencias. Es responsabilidad de cada jugar saber si es buena idea girar a la derecha con el semáforo en rojo. Puedes ganar una infracción y poner en riesgo a los pasajeros, o ahorrar tiempo y llegar a la parada más rápido, todo depende si conoces o no el reglamento.
¡Por eso, joven, respete la señalización”
Ese equilibrio entre relajación y exigencia es lo adictivo por lo que puedes permanecer horas y horas. Luego vienen las reglas principales para cada conductor (tanto en la vida virtual como en la real): siempre estás atento a cada movimiento que hagan los demás conductores.
En general suena como un juego que no da problemas, sin embargo, hay un único elemento realmente estresante: la inteligencia de los demás conductores. No, no porque no sepan manejar, si no porque la inteligencia artificial del tráfico es inconsistente. A veces fluye de forma natural, otras veces parece que todos los conductores obtuvieron su licencia en una rifa. Hay vehículos que se detienen sin razón y otros que se te avientan encima de ti aún pasando en intersecciones. Sí, pasa en la vida real, pero acá es un problema notablemente de programación que te orilla al error. Lo peor de todo es que el juego no distingue a los culpables. Si hay accidente, eres el responsable, te guste o no… y eso no está bien.
Donde Bus Bound sí brilla es en su nivel de interacción dentro de él. La vista en primera persona es una delicia para quien disfruta este tipo de experiencias. Puedes encender luces, abrir ventanas, manipular el sistema de avisos, desplegar rampas para facilitar el abordaje o descensos… básicamente, sentir que estás operando una máquina real. Y eso me emocionó, porque aunque sea de manera virtual, pude cumplir uno de mis mayores sueños en la vida.
Si a eso le sumamos que el sonido acompaña perfectamente… ufff, la cosa es todavía más divertida. Motores, botones, puertas, anuncios, todo está cuidadosamente diseñado para sumergirte como amo y señor de la ruta 2 de Emberville.
Un aspecto curioso que sin duda permea la experiencia es que, a pesar de que choques contra algo, nunca hay daño visible en los vehículos. Puedes chocar a toda velocidad y el autobús queda intacto, como si nada hubiera pasado. Ni un espejo roto, rasguño o un motivo para que tengas que hablarle al seguro… si es que hubiera. Sus razones tendrá el estudio para no tener esto.
En Emberville todos los días son festivos… ¡Yeii!
Otro punto que me sorprendió en este mundo virtual, pero que a menudo detesto en la vida real es la cantidad de pasajeros. En la mayoría de las paradas apenas suben unas pocas personas. A veces ni siquiera llegas a quince pasajeros, algo raro teniendo en cuenta que fácil le caben unas 70 personas a ojo de buen cubero. Lo mismo pasa con el tráfico.
Para un simulador que basa gran parte de su tensión en la conducción urbana, la densidad vehicular se siente ligera. Sí, hay eventos espontáneos como accidentes, autos varados, pero no son suficientes para compensar la sensación general de que la ciudad podría estar mucho más viva.
Por parte de la personalización, el juego incluye una buena variedad de autobuses, muchos de ellos con licencias oficiales de marcas reconocidas, para que el jugador sienta un poco más de alegría al momento de regresar a manejar. Desde modelos clásicos hasta opciones más modernas, hay suficiente variedad para mantener el interés durante varias horas. El único problema es que en la personalización más profunda, este apartado solo se limita a cambiar colores. Hasta ahí.
No sabía que necesitaba este simulador de autobuses en mi vida
Bus Bound es un juego tranquilo, enfocado en la rutina, en la mejora progresiva, en esa satisfacción silenciosa de hacer bien un trabajo repetitivo, y se bien. Durante varias horas, pasaba de ser un elemento de 3DJuegos México a ser chofer de autobuses y justamente por eso puede decir que el juego vale la pena. Te sumerge en un mundo tranquilo, donde tienes que mantener felices a tus pasajeros para que te califiquen bien.
Por supuesto que temas como la IA del tráfico necesita pulirse mejor, pero creemos que basta con una actualización de calidad de vida para arreglar estos detalles. Eso sí, la ciudad pide más vida, algo que se vuelve aburrido después de tus ocho horas de jornada. Si el estudio hubiera analizado el tráfico de México, este sería un juego diferente.
Ojo, considero que no es un juego para todos. Bus Bound es un simulador de autobuses enfocado en la conducción responsable y la progresión mediante objetivos claros. Si buscas acelerar a lo loco y salir volando con el coche, mejor espera a Forza Horizon 6 que ya viene en camino. Si no es el caso, adelante, cómpralo, es un título que indudablemente vale la pena.
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