
Considerado uno de los mejores mundos abiertos de la época de PS2, The Simpsons: Hit & Run sigue siendo recordado como uno de los juegos más icónicos de la familia amarilla por más de una sencilla razón: llevó la fórmula de los GTA a un terreno completamente ignoto y adaptó sus mecánicas para entregarnos uno de los juegos más frenéticos y divertidos de aquellos años.
Usando la fórmula GTA
Corría el año 2001 y Los Simpson venían de una larga racha de adaptaciones irregulares. Desde los difíciles beat'em ups hasta los toscos juegos de pelea como, la licencia no terminaba de encontrar una fórmula que hiciera justicia al universo de Matt Groening.
Hubo un primer acercamiento con The Simpsons: Road Rage, un juego de conducción arcade que tomó descaradamente las mecánicas de Crazy Taxi, pero fue el éxito de GTA III el que terminó de cambiar las cosas. Radical Entertainment encontró en el juego de Rockstar lo que necesitaba para The Simpsons: Hit & Run.
La idea era aprovechar la libertad que había convertido a GTA en un fenómeno de la industria, pero trasladarla a un escenario que los jugadores ya conocían de memoria. Radical quería que Springfield dejara de ser un simple fondo para transformarla en una ciudad que pudiéramos recorrer a nuestro antojo. El reto estaba en conservar esa sensación de libertad sin abandonar el humor absurdo característico de la serie.
Buscando su propia identidad
De esta manera, en Hit & Run podíamos robar los automóviles de otros habitantes de Springfield, recorrer la ciudad a pie o al volante y provocar tantos destrozos como quisiéramos hasta llenar un medidor de búsqueda policial. Si atropellábamos peatones, chocábamos contra otros vehículos o destruíamos mobiliario, el Jefe Górgory aparecía para perseguirnos hasta conseguir detenernos y cobrarnos una multa de 50 monedas.
También había misiones con objetivos y límites de tiempo, personajes que nos daban encargos y una banda sonora que cambiaba según la intensidad de la acción. Sin embargo, a diferencia de GTA, aquí no había armas de fuego ni asesinatos: los enfrentamientos se resolvían a patadas y los peatones atropellados simplemente rodaban por el suelo antes de levantarse para continuar con sus vidas.
La conducción también apostaba por una física mucho más arcade, con saltos imposibles, atajos a través de cristales y cabinas telefónicas que permitían reparar los vehículos dañados. Todo esto se distribuyó en siete niveles ambientados en tres grandes zonas de Springfield, con cambios de horario y atmósfera.
El resultado fue una aventura que reconocía abiertamente sus influencias, pero que tenía suficiente personalidad para no sentirse como una simple copia de GTA. En palabras de Joe McGinn, Lead Designer del juego:
"Todo el equipo [estaba compuesto por] grandes fans [de la serie]. Eso fue alrededor de la temporada 12, la época dorada de la serie. Y sí, eso hizo que crear el juego fuera súper divertido"
Los jugadores encontraron en Hit & Run algo que las anteriores adaptaciones de Los Simpson simplemente no habían conseguido ofrecer: una representación convincente de Springfield en la que realmente apetecía perderse. El juego no estaba exento de problemas, por supuesto, pero Radical había conseguido convertir una licencia en un mundo abierto capaz de competir con algunas de los juegos más populares de su generación y eso ya era un portento.
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