Viaje a una tierra corrompida con el nuevo DLC de Diablo 4 y algo me queda claro: estamos ante el capítulo más oscuro del juego

Alejandro Acevedo

Senior Producer

Después de mucho tiempo, regresamos a Diablo 4 para probar de manera anticipada el nuevo contenido llamado Lord of Hatred, la segunda expansión más grande y qué precisamente va después de Vessel of Hatred, donde tendremos la oportunidad de derrotar por fin a Mephisto.

Antes de iniciar y para entender el punto de partida de Lord of Hatred, es indispensable regresar a lo ocurrido en Vessel of Hatred. La historia nos dejó en Najantu, siguiendo el rastro de Nairel, quien decidió cargar con el destino que pocos estarían dispuestos a aceptar: perseguir a Mefisto, el Señor del Odio, en su intento por renacer y reclamar nuevamente su lugar en Santuario.

Ese viaje no era solo físico, sino también emocional. Nairel se convirtió en una figura trágica, impulsada por una mezcla de responsabilidad, miedo y una determinación casi suicida. Y justo cuando parecía haber encontrado el paradero de Mefisto, el resultado fue devastador. 

Skovos: el lugar donde reina el odio

Bajo este contexto no solo establece el tono de la expansión, sino que también deja claro que estamos entrando a una etapa mucho más oscura de la cuarta entrega, en donde las decisiones tienen consecuencias irreversibles y el Odio ya no es una amenaza latente, sino una fuerza que se está expandiendo activamente por el mundo.

Dicho lo anterior, la campaña de Lord of Hatred toma ese hilo narrativo y lo lleva a un terreno más ambicioso, tanto en escala como en intención. Ahora el destino nos conduce hasta las tierras Skovos, una región clave dentro del lore de Diablo, pues según las antiguas escrituras, es la cuna de la humanidad.

Skovos se presenta como un nuevo bioma, el cual, al igual que Najantu, es una nueva excusa para echarle un par de horas extras para desentrañar sus misterios, recorrer cada rincón hasta desbloquearlo todo. Una tierra que alguna vez fue sagrada, ahora corrompida por la influencia del Odio. 

El diseño del mundo es algo nunca antes visto para esta entrega. Estos nuevos horizontes se presentan como cuenta su propia historia: templos derruidos, costas inundadas y un ambiente que constantemente recuerda que algo se ha roto y probablemente no tenga solución. Es visualmente cautivador cómo Blizzard transforma una pequeña isla, un simple trozo de tierra, en un escenario de épicos enfrentamientos que se desarrollan capítulo a capítulo. Mientras que en Najantu podrías sentirte abrumado por la vastedad de sus verdes horizontes, aquí la sensación es de ahogo ante un paisaje rústico que evoca historias de hostilidad.

Lord of Hatred nos regala muchísimos pretextos para regresar una vez más

Ahora bien, por parte de la historia, el nuevo personaje creado para esta expansión se ve en la necesidad de estar acompañado de Lórat, quien funciona como ancla narrativa, ofreciendo contexto y peso a los eventos que se desarrollan. Gracias a los descubrimientos de Nairel, los héroes se han percatado que el regreso de Mefisto está más cerca que nunca. El Odio ya no es una idea, sino una presencia que necesita ser frenada a la brevedad.

Uno de los aciertos más importantes de esta expansión que pudimos encontrar es que no intenta suavizar su narrativa. Aquí no hay héroes clásicos ni victorias limpias. Todo está teñido de ambigüedad moral, y cada avance en la historia se siente más como una pérdida contenida que como un triunfo. Durante cada capítulo, el jugador se va dando cuenta que el avanzar por los escenarios y librar batallas no siempre traerá buenas consecuencias. 

Es aproximadamente entre 15 horas en las que Diablo 4 vuelve demostrar porque su historia tiene el peso narrativo suficiente para durar muchos años en la conversación. Disfrútala con paciencia, no saltes el intro recopilatorio si es que tienes tiempo de no volver a jugar  y sobre todo, disfrútala.

El Paladín y Conjugador llegan para ser las clases favoritas de los jugadores

Ahora, en términos de jugabilidad, Lord of Hatred introduce una cantidad considerable de sistemas que amplían la experiencia -que de por sí ya era abrumadora- sin romper la esencia clásica de la saga. Para empezar y lo más notorio es que en esta nueva expansión se agregan dos nuevas clases: el Conjugador y el Paladín.

El Conjurador es una propuesta agresiva dentro del arquetipo de invocador. No se limita a generar aliados, sino que los utiliza como recursos desechables en un ciclo constante de invocar, utilizar y sacrificar. Esto crea un ritmo de combate dinámico y estratégico, donde el jugador debe balancear poder y corrupción en todo momento, haciendo sus combates más estratégicos, pero poderosos. Es una clase sin duda recompensa la toma de riesgos y penaliza la indecisión, pero una vez que le agarraste el modo, se te va el tiempo apreciando su verdadero poder. 

Por otro lado, está el Paladín, que representa el regreso de un clásico para los más veteranos, pero con ajustes modernos. Su sistema de juramentos define el estilo de juego, permitiendo transicionar entre defensa sólida y ofensiva contundente. Es una clase versátil, ideal tanto para jugadores que prefieren resistir como para aquellos que buscan satisfacer sus deseos del crowd control a cada rato.

Dos clases que sin duda son llamativas, y que desgraciadamente, por la naturaleza de nuestro acceso anticipado no pudimos probar a profundidad como nos hubiera gustado. A medida que desbloqueamos nuevas habilidades, notamos cómo interactúan mejor con ciertas pasivas, dejándonos en una buena posición. Sin embargo, en otros momentos, veíamos cómo un enemigo nos destrozaba, obligándonos a volver al árbol de habilidades para buscar nuevas combinaciones.

El Endgame vuelve a ser el punto más adictivo gracias a esta nueva actualización

Reestructurar las habilidades hasta donde es posible es una actividad muy divertida, aunque entendemos que puede ser un obstáculo para algunos jugadores. Estamos ansiosos por ver las combinaciones que lograrán los jugadores más experimentados en este género, quienes seguramente estarán sacando nuevas builds constantemente.

Más allá de las clases, esta expansión también añade varias mejoras en calidad de vida, que por supuesto mantiene entretenido al jugador. Una de ellas es el sistema del Talismán, que agrega una capa extra de personalización. Funciona como el eje de cada builds, donde los abalorios y sus combinaciones permiten construir sinergias profundas. Te permite no solo equipar objetos, sino diseñar una identidad de combate para cada partida.

Otro agregado interesante es el Cubo Horádrico, que se desbloquea casi hacia el final de la campaña y que se posiciona como el núcleo del endgame. Su capacidad para modificar, mejorar y crear equipo lo convierte en una herramienta fundamental para quienes buscan optimizar sus builds al máximo. No te preocupes, a pesar de quebrarnos la cabeza al tratar de explicar de mejor manera estos elementos, son muchísimo más complejos de realizar y requieren su revisión exhaustiva si quiere modificar algo. 

Con todo esto nos dimos cuenta que Diablo 4 cierra la historia de Mephisto a lo grande. Lo hace con una calidad sobresaliente y nos reafirma la importancia de Blizzard al tratar con delicadeza y amor a una de sus sagas más importantes. Lo disfrutamos mucho y nos regaló muchísimas horas de diversión. Incluso, hasta sentimos que nos hizo falta más tiempo. Pero bueno.

Las actividades extras pueden ampliar la diversión o sufrimiento

Ahora, sí eres de los que se clava en el Endgame, tenemos buenas noticias. Junto con esta expansión llegan los Planes de Guerra. Este elemento da posibilidad a cada jugador de elegir diversas actividades dentro del juego como Mareas Infernales, Calabozos de Pesadilla o enfrentamientos contra jefes, mientras se progresa en un árbol de recompensas.

La ruta escogida determina las recompensas y permite añadir modificadores para ajustar la dificultad y la dureza del desafío a gusto del jugador. Esto proporciona una sensación de control que antes no siempre estaba garantizada.

También está el evento de Odio Reverberante, que introduce un desafío puro: supervivencia. Oleadas infinitas de enemigos con dificultad creciente que ponen a prueba no solo la build del jugador, sino su capacidad de adaptación. Es una experiencia intensa, diseñada claramente para jugadores veteranos.

Finalmente, pero de manera sorpresiva tenemos la pesca... sí, hay pesca en un juego de Diablo. Es la forma sutil de decirnos: no todo es combate, también hay estos pequeños respiros que ayudan a construir una conexión más orgánica con el mundo. Solo quédate observando y disfruta tus alrededores.

Y bueno, para finalizar esta expansión se mantiene el estándar alto en cuanto a lo gráfico. El estudio acierta nuevamente al representar Skovos y los efectos visuales de las nuevas clases, todo alineado para que la experiencia se lleve a otro nivel. La iluminación juega un papel clave, especialmente en interiores y templos derruidos, donde las sombras no solo ambientan, sino que generan tensión. 

Pudimos acceder al previo en su versión de PC, jugando con una gráfica 3070 y la verdad es que el juego sigue viéndose espectacular. El Conjurador, con sus rituales y sacrificios, tiene efectos visuales cargados de energía oscura, mientras que el Paladín transmite peso y autoridad en cada golpe. Y afortunadamente la parte auditiva también tiene mantiene la calidad que anteriormente escuchamos. Tenemos doblaje y subtítulos al español latino, conservando las mismas voces, así que es reconfortante regresar a donde a donde uno fue feliz.

Lord of Hatred nos dejó un gran sabor de boca, tanto que queremos regresar a Diablo 4

Lord of Hatred reafirma el potencial que tiene Diablo 4 y lo hace con muchísimo contenido de alta calidad. Narrativamente, apuesta por una historia más oscura y madura, donde las consecuencias tienen peso real, y el gameplay introduce sistemas que enriquecen la experiencia sin tener que saturarla.

Las nuevas clases aportan variedad real, el endgame se siente más estructurado y el mundo, especialmente Skovos, logra transmitir una identidad fuerte y coherente. Algunos sistemas pueden sentirse densos al inicio, y ciertos contenidos, como el Odio Reverberante, pueden no ser accesibles para todos en las primeras horas. Pero en conjunto, es una expansión que entiende muy bien lo que los jugadores buscan en este universo. Más importante aún: logra que el Odio, como concepto, se sienta presente en cada rincón del juego. La expansión Lord of Hatred vale la pena.

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