
Minecraft, el juego de cubos por excelencia acaba de recibir una segunda parte de su nuevo spin off que echa todos los diamantes por la ventana y apuesta de nuevo por la vista isométrica, los calabozos, el primer acercamiento a un nuevo universo y un montón de cosas que hacen que se sienta como el respiro de aire fresco en un paseo por un bosque cúbico que la saga necesitaba. ¿Pero vale la pena?
Mucho más que "un juego de cubos"
Más de catorce años tuvieron que pasar para que el team de Mojang decidiera poner manos a la obra para dar entrada a un nuevo universo dentro de Minecraft que revitaliza totalmente la saga con una buena cantidad de MOBS, materiales y biomas enteros que parecen sacados del sueño más fumado de un fan de la moda Frutiger Aero de los 2010, con toques azules, plantas y nuevas criaturas que encajan muy bien junto con la estética del juego.
Y aunque para el Minecraft base, este nuevo universo llegará hasta 2027 (sin fecha exacta hasta el momento en el que se está escribiendo este guión), no quisieron desaprovechar la oportunidad para que sea el engrane más importante dentro de este nuevo título, pues The sift es parte importante dentro del canon de esta nueva historia.
Pero bueno, vamos bloque por bloque; la historia es una continuación casi directa de lo que sucedió en el título de 2020. Esta secuela agarra el lore donde lo dejamos y va directo al grano: en lugar de rehacer la misma fórmula, expande muchísimo el mapa mental del juego metiéndonos el viaje interdimensional que da inicio a través de una grieta que rompe la realidad del Overworld. Lo importante aquí es cómo lo introducen, ya que no se siente como un parche metido con calzador, sino como la evolución natural de la magia oscura que se quedó flotando tras el primer título.
Esta nueva anomalía abre el juego a universos alternativos con biomas psicodélicos, criaturas distorsionadas y ruinas de civilizaciones olvidadas, aportándole esa frescura y sustancia narrativa que al original le faltaba para sentirse dentro de un universo con muchísima más alma, aunque preferimos dejarlo hasta ahí para evitar spoilers.
En cuanto a la jugabilidad, Minecraft Dungeons 2 no solo pule lo que ya funcionaba, sino que hace toda la chamba necesaria para solucionar la sensación de monotonía del primer título. La exploración da un salto gigantesco gracias a un mapa procedimental muchísimo más vertical y ramificado, donde perderse entre caminos, en las cavernas o en el bosque realmente vale la pena: ya no vas por pasillos rectos, sino que te topas con rutas secretas, acertijos ambientales y portales no tan discretos a dimensiones distorsionadas.
En este caos interdimensional te esperan una muy buena cantidad de nuevos mobs bastante castigadores, como variantes corruptas de los MOBs clásicos, o un buen de arqueros que atacan a la distancia, obligándote a no bajar la guardia, y esto, aunque supone un buen reto para la jugabilidad, casi que convierte el juego en un hack and slash donde todo el tiempo tienes que machacar los botones sin dejar de atacar. Y se vuelve aún más pesado cuando notas que aunque limpies las zonas de pies a cabeza, cuando vuelvas a pasar por ahí habrá igual o más cantidad de enemigos; ni se diga de pasar de regreso por una zona de noche, porque fiel al lore, se llenará aún más de criaturas amenazantes.
Para hacer frente a esta amenaza, el sistema de equipo se volvió mil veces más profundo. A diferencia del juego anterior donde la armadura era una sola pieza, aquí finalmente dividieron el set en partes independientes (casco, pechera y pierneras), lo que te da un control total para combinar estadísticas y adaptar tu build de la forma que más te convenga, pasando por modificaciones que ayudan a la movilidad aumentando el número de sprints, o haciendo que los ataques se recarguen de una forma mucho más rápida, lo que, en conjunto con la variedad de enemigos que existen, te va obligando lentamente a explorar todo tipo de armas y encantamientos para usar distintos conjuntos según las necesidades de la batalla.
La variedad de armas se disparó con la llegada de arcos, ballestas, guadañas y dagas, a las que se suman dos grandes añadidos: un catálogo de hechizos activos que sustituye la barra clásica de magia y que te hace usarlos de forma estrategica. Y por otro lado están los amuletos, unos accesorios equipables que te otorgan pasivas alucinantes o efectos de estado en área que al combinarlos, también aumentan demasiado el poder de tu build, aunque estos a diferencia de las armas, no son tan fáciles de conseguir.
Toda esta mezcla de mecánicas se pone a prueba en una escala de dificultad mucho más ajustada y desafiante; si juegas en solitario la experiencia se siente con una dificultad desafiante que definitivamente se agradece donde la gestión de recursos, ataques y el esquive lo son todo, mientras que en multijugador (ya sea en el sofá o en línea) la cosa se multiplica, permitiendo combos entre jugadores para limpiar salas enteras de enemigos. En resumen, mantiene la esencia accesible y el combate directo del original, pero le mete capas de personalización y rejugabilidad que lo convierten en un juego infinitamente más completo.
En la parte visual y sonora, la secuela es una verdadera obra del cubismo (si, fue un chiste para los entendedores del arte) que le saca todo el jugo al estilo cozy que suele tener Minecraft en sus biomas. El apartado gráfico da un golpe sobre la mesa gracias a una iluminación dinámica espectacular y unos efectos de partículas para los hechizos que te dejan con la boca abierta, haciendo que los entornos luzcan vibrantes sin perder esa esencia pixelada tan característica.
El diseño de niveles abandonó la monotonía del primer juego para entregarnos biomas impresionantes que cambian drásticamente entre ruinas antiguas, dimensiones flotantes y bosques bioluminiscentes, llenos de capas de profundidad y detalles en el fondo que le dan muchísima vida a cada escenario. Todo esto viene empaquetado con una banda sonora brutal: la música, como era de esperarse, sabe cuándo ponerse atmosférica y misteriosa mientras exploras, pero en cuanto empieza la trifulca contra un jefe, se transforma en composiciones épicas con sintetizadores y orquesta que te suben la adrenalina a mil y hacen que cada combate se sienta legendario.
Obviamente no todo es perfecto y el juego aún tiene detalles por pulir. En la parte técnica hay cosas curiosas: durante nuestro gameplay, un Warden nos mandó a volar fuera de los límites del mapa por culpa de un bug. Desde esta zona fuera del límite de la batalla, se podía seguir disparando con el arco a distancia sin recibir un solo punto de daño hasta vencerlo; una experiencia curiosa que demuestra que la física y las colisiones todavía tienen pequeños errores de colisión por corregir.
Sin embargo, en temas de optimización la historia es muy diferente: nosotros lo probamos directamente en una Xbox Series S y funcionó de forma cumplidora en todo momento. No notamos caídas de fotogramas ni jalones de rendimiento incluso cuando la pantalla se atascaba de enemigos, explosiones y hechizos simultáneos, lo cual habla muy bien del trabajo de rendimiento para consolas de entrada, sin embargo, el juego no está exento de caídas de FPS con una pantalla llena de 4 jugadores de forma local ya que no pudimos probarlo con sala llena.
En cuanto a la duración, la campaña principal ronda entre las 12 y 15 horas dependiendo de qué tanto te entretengas explorando cada rincón de los mapas y haciendo misiones secundarias las cuales abundan todo el tiempo, pues eres el encargado de rescatar a un pueblo entero que suele pedirte favores cada que te encuentra.
Además, el juego no llega solo: se lanza acompañado de dos DLCs disponibles desde el día uno por separado o mediante la Deluxe Edition. Estas expansiones traen nuevos biomas temáticos fuera del mapa principal, un puñado de misiones de historia adicionales, jefes agregados y más tipos de armaduras y amuletos. Si consideramos que el juego base ronda los $30 USD y la edición completa ronda los $50 USD, la relación entre el precio y las decenas de horas que te ofrece está más que justificada.
Si en solitario el juego es divertido, en multijugador es una absoluta locura que eleva la experiencia a otro nivel: El verdadero gancho está en la sinergia: un jugador puede enfocar su equipamiento en control de masas usando amuletos de empuje o ataque para juntar a los enemigos, mientras otro lanza un hechizo en área de fuego y el restante los remata con arcos de larga distancia.
La dificultad escala de manera automática para apretar las tuercas según la cantidad de personas en la sala, exigiendo coordinación real para revivir a tus compañeros caídos antes de que el grupo entero quede eliminado. Es ese tipo de multijugador caótico y adictivo que te hace decir "una partida más y nos vamos", ideal para disfrutar en grupo sin importar si juegas con veteranos o con amigos que apenas están entrando a los videojuegos.
¿Vale la pena?
En conclusión, Minecraft Dungeons 2 es exactamente la secuela que la saga necesitaba: agarra la base divertida pero algo limitada del primer juego y la transforma en una experiencia profunda, adictiva y visualmente potente. Al meterle mano al sistema de equipo, darle la primicia del universo nuevo "The Shift" y arreglar la variedad de los mapas, los desarrolladores entregaron un título que engancha tanto a los fans del Minecraft de toda la vida como a los amantes de los dungeon crawlers que buscan un buen reto. No es perfecto, pero cumple de sobra en entretener, especialmente si juegas en cooperativo con amigos. Si te quedaste con ganas de más tras la primera entrega, esta secuela es una compra obligada que te va a volar la cabeza y sacarte decenas de horas de vicio puro.
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