En la industria de los videojuegos, la supervivencia depende de la capacidad de adaptación. Mientras que franquicias como Super Mario Bros. lograron un salto glorioso a las tres dimensiones con Super Mario 64, su rival directo no corrió con la misma suerte. La Sega Saturn se quedó esperando el debut tridimensional de su mascota en un proyecto ambicioso que terminó cancelado: Sonic X-treme.
Este título estaba destinado a ser el primer gran paso del erizo azul en entornos 3D para la Sega Saturn. Su ausencia dejó un vacío que competidores como Nintendo y la naciente Sony, con Crash Bandicoot en la PS One, aprovecharon de inmediato. Para SEGA, este fracaso representó uno de los primeros clavos en el ataúd de su ecosistema de consolas; aunque intentaron reivindicarse años después con la Dreamcast y Sonic Adventure, el mercado y los aficionados ya se habían sumergido en los mundos de sus rivales.
El ambicioso desarrollo de Sonic X-treme
Para quienes no conocen este nombre, el proyecto comenzó a desarrollarse a finales de 1994 de la mano del equipo de STI (SEGA Technical Institute). El objetivo era lanzar una entrega revolucionaria para las navidades de 1996.
Sin embargo, una tormenta perfecta de problemas de visión, fallas en el motor gráfico y conflictos internos dentro de la desarrolladora japonesa sentenciaron su cancelación definitiva en 1997. En sus etapas iniciales, el título incluso apuntaba a aprovechar la arquitectura del periférico 32 bits y la SEGA Saturn.
En cuanto a su trama, Sonic debía proteger el "Orden" de los anillos mágicos, custodiados por el Profesor Gazebo Boobowski y su hija Tiara, para evitar que el Dr. Robotnik se apoderara de ellos. El juego prometía viajes a mundos extraños con mecánicas de plataformeo innovadoras, destacando el sistema "Reflex Lens": una cámara de ojo de pez que permitía una visión panorámica y giros gravitacionales, habilitando a Sonic para correr por paredes y techos.
El legado del erizo en la tercera dimensión
Hoy en día, aunque la franquicia de Sonic cuenta con múltiples propuestas en 3D —unas más exitosas que otras—, suelen ser los títulos en 2D o con jugabilidad panorámica los que reciben el mayor aplauso de la crítica.
Sonic X-treme permanece como un capítulo perdido en la historia del gaming, un recordatorio de la época en la que SEGA luchaba por definir el futuro de su icono en una industria que cambiaba a pasos agigantados.
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