Seaman rompió todas las reglas de los videojuegos: fue el tamagotchi de Dreamcast que insultaba y juzgaba a los jugadores

Jesús Zamora

Editor

Japón siempre ha sido raro, y no en el mal sentido: las diferencias culturales que como Occidente tenemos con la nación nipona son enormes, resultado de un contexto histórico, económico y social propio de cada región, pero también son asombrosas.

Y precisamente esto es lo sabroso de experimentar su cultura, especialmente en el ámbito de los videojuegos, y en este nicho, creemos que no hay obra más surrealista que Seaman: el "tamagotchi" de Dreamcast que bien pudieron haber ideado los desarrolladores durante intensas sesiones de sueños febriles.

El experimento más surrealista de Japón

A pesar de su catálogo brillante, Dreamcast fue una consola con mala fortuna. La máquina de SEGA llegó tarde, con pocos recursos para competir contra Sony y Nintendo, aunque esto, paradójicamente, abrió un espacio perfecto para que se aprobaran proyectos bizarros que jamás habrían visto la luz en un contexto más conservador. De esa manera nació Seaman, un experimento que no buscaba ser un hit comercial sino una experiencia única y perturbadora.

En esencia, Seaman es un tamagotchi mala onda con cuerpo de pez y cara de hombre, un híbrido virtual que requería atención como una persona de verdad y con la que se podía tener una conversación real gracias al micrófono de Dreamcast.

El juego, como puedes ver, era bastante raro: en principio te pedía cuidar huevos que posteriormente evolucionaban en criaturas extrañas hasta convertirse en el Seaman adulto.

Un tamagotchi mala onda

La variedad era la constante en este juego, y estamos seguros que para más de un jugador se convirtió este extraño personaje se convirtió en un fiel acompañante. El pez-hombre te preguntaba tu edad, tu estado civil, tu opinión sobre política y tus decisiones de vida, y aunque poseía una Inteligencia Artificial muy rudimentaria para nuestros estándares, podía recordar lo que le decías y reaccionaba a estimulos contextuales con sarcasmo, a veces con insultos o en ocasiones con comentarios filosóficos.

Este no era un juego de acción ni de plataformas, ni siquiera parecía un juego a decir verdad, más bien sonaba como a experimento social, uno muy surrealista donde la paciencia y la constancia eran tu única recompensa.

El status de culto de Seaman

El juego nunca salió de Japón, y tras el fracaso de la Dreamcast, se ha mantenido como un objeto de culto. Hubo una secuela en PlayStation 2 donde cuidabas a un hombre de las cavernas en una isla, pero tampoco se lanzó fuera de ese país y tenía menos funciones.


Así que el status de leyenda del primer juego solo siguió creciendo, y lo hizo gracias a esa curiosa mezcla de tecnología temprana, una narrativa experimental y su extraña capacidad para generar una conexión emocional, aunque fuera incómoda, con el jugador.



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