En los noventa conseguir consolas y videojuegos en México no era tarea fácil: el punto de encuentro para los gamers se volvió Plaza Meave

Jesús Zamora

Editor

El comercio informal en México es, desde hace décadas, el pan de cada día, pero también hay que aceptar que se ha convertido en el punto de acceso para miles de personas que, de otro modo, no podrían acceder fácilmente a ciertos productos, y eso también compete a los videojuegos. Y es que en la década de los 90, en la Ciudad de México, era realmente difícil ser gamer y conseguir consolas o videojuegos; sin embargo, había un punto de encuentro muy especial para los jugadores: la icónica Plaza Meave.

El lugar de encuentro de los jugadores del D.F.

Recuerdo la primera vez que fui a Plaza Meave con mi papá. Buscábamos un PS2 de segunda mano y mi tío eligió el lugar para hacer la transacción: Plaza Meave. Al parecer, en los años 80 y principios de los 90, el Eje Central ya era famoso por la venta de electrónicos.

Así que la plaza nació justo en ese contexto, después de un largo proceso de transformación del centro de la ciudad, cuando el gobierno capitalino comenzó a concentrar buena parte de los comerciantes informales en espacios específicos para evitar que desbordaran las banquetas.

Pásele, jefe, sin compromiso

Lo primero que me llamó la atención fue el ruido. Nada más entrar, la gente que trabajaba en el lugar te bombardeaba con frases como: “¿Qué buscaba, jefe?”, “¿Juegos, controles, reparaciones?”, y el clásico “Pásele, sin compromiso”. Era una especie de coro improvisado que se repetía pasillo tras pasillo, pero nosotros íbamos con alguien en específico. Le decían el Diablo, un conocido de mi tío que hacía reparaciones de electrónicos en general y también “chipeaba” consolas.

Como el Diablo, decenas de personas convirtieron a Meave en el epicentro de la época dorada del gaming en la capital. Y es que si querías ponerle el “chip” a tu Play o Xbox, ahí te lo hacían en cuestión de minutos y frente a tus propios ojos. Era como una cirugía: abrían la consola, soldaban un par de puntos y listo.

Por supuesto, el "chipeo" no era el único giro del lugar. También encontrabas juegos de importación, RPGs raros y en japonés que nunca llegaron a México o consolas retro cuando aún no eran consideradas "vintage", sino solo "viejas".

Cuando llegamos con el Diablo, este le entregó el PS2 a mi papá con un par de controles y algunos juegos, entre los que se encontraba Shrek 2 y el GTA San Andreas, además de mil pesos extra. Al parecer, ese era el trato por un mueble que mi papá le había hecho previamente a este sujeto (así es, como podrás haber inferido, mi padre era carpintero). A mí, sinceramente, todo ese intercambio me parecía secundario.

Plaza Meave hoy en día

Pocas veces volví a Plaza Meave. Algunos años después regresé para hacerme de un Nintendo DS usado, y en otra ocasión pasé por ahí con mi novia de la prepa, más por curiosidad que por necesidad.

Lo que noté fue que, aunque la plaza seguía especializada en el comercio de electrónicos, los videojuegos poco a poco fueron cediendo su lugar. En parte esto se explica por la llegada de las tiendas digitales, pero también por un competidor muy concreto que había aparecido a unos cuantos pasos de distancia: la Frikiplaza.

Lo cierto es que le tengo una nostalgia extraña a Meave. Soy consciente de que se trata de un lugar más bien gris, donde la informalidad y los negocios sospechosos forman parte del día a día, pero también fue el sitio donde me hice de mi amado PS2.

Hoy entras (si tienes el valor, claro) y el 80% de los locales se dedican a la reparación de pantallas de celulares, a vender fundas o a “liberarte el equipo”, si es que no te lo roban en el proceso. Los videojuegos, que alguna vez fueron el corazón de Plaza Meave, pasaron definitivamente a otro plano. 

Quizá por eso Meave sigue siendo un lugar difícil de juzgar. Fue caótica, ruidosa y, en muchos sentidos, hasta ilegal, pero también se convirtió en la puerta de entrada para toda una generación de jugadores. Y si algo me queda claro al recordarla, es que la historia del gaming en México también viene de esos estrechos pasillos donde alguien preguntaba, casi a gritos: “¿Qué buscaba, joven?”.

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