
Tal vez muchos no lo recuerden, pero la PS One fue uno de los primeros dispositivos en introducir con éxito el formato de CD-ROM en los videojuegos. Esto resultó sumamente beneficioso para Sony, ya que impulsó la popularidad de su consola y la volvió más atractiva para las desarrolladoras gracias a sus capacidades de almacenamiento, tecnología y bajos costos de fabricación.
Sin embargo, a diferencia de los cartuchos utilizados por la Nintendo 64, este formato era mucho más fácil de piratear o replicar de forma ilícita, por lo que los característicos discos negros de la primera PlayStation no fueron tan seguros contra las copias no autorizadas como se creía en un inicio.
Hablamos de un soporte óptico que los entusiastas de la informática supieron aprovechar rápidamente a su favor. En esa época, contar con una quemadora de CD en la PC era más que suficiente para burlar la seguridad de estos discos y realizar copias de casi todo el catálogo de videojuegos de la plataforma.
¿Por qué los discos de la PS One eran negros?
En términos generales, Sony creía que el color oscuro evitaría que los lectores de discos comunes pudieran leer el formato, lo que dificultaría la duplicación de los juegos. Mientras que los CD-ROM convencionales eran de color plateado brillante, los de los juegos de PlayStation se diseñaron en negro; una decisión estética y técnica que, al final, no significó un inconveniente mayor para que los usuarios vulneraran la seguridad del dispositivo mediante hardware de PC o chips instalados en la consola.
Otro motivo por el cual Sony decidió utilizar este color fue la identidad de marca. El tono oscuro permitía a los compradores y a las tiendas saber de inmediato si el juego era original o una copia falsa. Recordemos que otros dispositivos contemporáneos como el SEGA CD, el SEGA Saturn e incluso la CD-i de Philips fueron equipos que también usaban el formato de CD para sus entregas, por lo que diferenciarse en los estantes era vital.
El impacto cultural de la consola
No todo fue negativo para PlayStation. Más allá de la complejidad que supuso no poder resguardar por completo la seguridad de sus títulos, la facilidad para conseguir los juegos también catapultó la popularidad de la consola a escala global. Esto permitió que se dieran a conocer de este lado del mundo entregas que originalmente eran exclusivas de algunos territorios, como el clásico y hoy icónico Pepsiman.
Para las siguientes generaciones, Sony volvió a repetir el mismo concepto de diferenciación por color. Con la llegada de la PS2, sus primeros formatos en DVD eran de color azul o morado, pasando posteriormente a tonos plateados o dorados dependiendo de su capacidad de almacenamiento, manteniendo la tradición de darle una identidad visual única a su soporte físico.
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