Ni los juegos ni su precio, el último clavo en el ataúd de la PS Vita fue la memory stick propietaria

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Kenth

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Con el éxito de la PSP, Sony quiso apostar a lo grande con su nueva consola portátil. Se trataba de un sistema que contaba con tecnología que, para aquel entonces, estaba muy adelantada a su época y no era común en dispositivos enfocados al gaming: pantalla OLED, conectividad 3G, panel táctil trasero y sensores de movimiento. Sin embargo, a pesar de todas estas características de gama alta, la PS Vita no fue el éxito comercial que la compañía japonesa esperaba. Curiosamente, su declive no se debió a su catálogo de juegos, a su precio base o al marketing, sino a un componente indispensable que no venía incluido en la caja: la tarjeta de memoria propietaria.

El dispositivo llegó al mercado con un precio de 249 dólares para el modelo Wi-Fi y de 299 dólares para la versión con conectividad 3G y Wi-Fi, cifras que resultaban bastante atractivas para los usuarios considerando su potencia. Sin embargo, la gran carencia de la consola era que requería obligatoriamente una tarjeta de memoria externa para guardar los datos de las partidas o descargar títulos digitales. El problema radicaba en que una sola tarjeta oficial de 32 GB costaba alrededor de 100 dólares, lo que elevaba drásticamente el precio final para poder usar el dispositivo.

Grandes juegos que no fueron suficientes

Muchos recuerdan a la PS Vita como una consola portátil que, al igual que su antecesora, albergó títulos de un apartado técnico sobresaliente y el inicio de franquicias fundamentales para el formato portátil. Entregas pertenecientes a sagas como Uncharted y Call of Duty fueron los pilares del dispositivo, acompañadas de propuestas originales como Gravity Rush, considerado hoy en día un indispensable de la plataforma.

A pesar de la calidad de estas producciones, el catálogo no fue suficiente para que la portátil gozara de un éxito rotundo. Los elevados costos adicionales obligaron a los jugadores a pensar dos veces antes de dar el salto a este ecosistema o si era mejor mantenerse en las consolas de sobremesa convencionales.

Al no contar con almacenamiento interno útil de fábrica, adquirir estas tarjetas exclusivas diseñadas por Sony —cuyos precios oscilaban entre los 30 y los 100 dólares— era un requisito mandatorio para disfrutar de los lanzamientos.

Hoy en día, la PS Vita es recordada de forma muy positiva por la comunidad como una de las propuestas de hardware más ambiciosas de Sony en el mercado de las portátiles. Si bien su sucesor espiritual más reciente, la PlayStation Portal, ha gozado de una aceptación comercial favorable, su enfoque es completamente diferente al ecosistema nativo al que los aficionados de la era de la PSP estaban acostumbrados, dejando una huella imborrable en la historia del juego portátil.

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