La última vez que Street Fighter estuvo en el cine todo salió mal: pese a ello, siguió generando millones de dólares años más tarde

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Diego Gutiérrez

Editor

Aunque Street Fighter es una de las franquicias con más reconocimiento dentro del entretenimiento, nada la libra de su oscuro pasado. De hecho, la mancha que dejó la película de los noventa es casi imposible de borrar, tanto para la memoria de la comunidad, como para el mismo cast. La experiencia en el set fue de pesadilla, y ni hablar de la recepción de los fanáticos de la saga; pero ante todos los problemas, los números no fueron tan desastrosos como pudiéramos imaginar.

Street Fighter: una adaptación destinada al fracaso

Pocas historias en Hollywood son tan macabras como la que vivió Street Fighter de 1994 detrás de cámaras. Para comenzar, Capcom concedió los derechos cinematográficos del juego a Universal, que desde ese entonces ya era un gigante de al industria con gran capacidad financiera. Así que era natural que, ante la popularidad mundial de la franquicia, se contratara alguna estrella del cine para realizar la inminente adaptación. 

Sin embargo, las cuestionables decisiones creativas comenzaron a aparecer: los productores del proyecto querían hacer una cinta que encajara en el mercado occidental. Para ello, hicieron un guion centrado en Guile, el soldado estadounidense del juego, y en los peleadores que habitualmente lo acompañan en su lucha contra M. Bison y Shadaloo. Así que Ryu quedó en un segundo plano, pese a ser el protagonista de los videojuegos.

Después, entró Jean-Claude Van Damme a la escena; una de las caras más reconocidas del cine de acción en ese momento. Van Damme interpretó a Guile en un elenco verdaderamente interesante. Lo malo es que, como reveló el director de la película (Steven E. de Souza) años más tarde, el actor belga estaba pasando por su peor momento de adicción a las drogas. Por lo que siempre llegaba al set de grabación en un estado deplorable:

“No podía hablar de esto en su momento, pero ahora sí: Jean-Claude estaba totalmente drogado. El estudio había contratado a un asistente para que lo cuidara, pero, desafortunadamente, ese asistente también era una mala influencia. Jean-Claude llamaba para reportarse enfermo tan seguido que tenía que revisar constantemente el guion para encontrar algo más que filmar".

Las grabaciones fueron un infierno, pero lo peor estaba por venir

De hecho, se reportaron más razones para retrasar las grabaciones. Según Polygon, los accidentes en el set eran habituales, con un miembro de la producción sufriendo un infarto durante el rodaje, o un accidente de coche sufrido por un productor por conducir del lado equivocado de la carretera. Además, el clima de las locaciones les jugó en su contra: a mediados de la década de los noventa, Tailandia vivía una situación social bastante tensa, con amenazas de un golpe de estado que pondría en peligro la seguridad del equipo.

Y como si fuera poco, el clima del país resultaba extremo para los actores, con temperaturas que para muchos resultaban infernales. La comida también era mala, haciendo que varios bajaran de peso en ese lapso de tiempo. Pero lo peor de todo fue el lamentable fallecimiento de Raúl Juliá, quien actuó como M. Bison en la adaptación. Raúl había sido diagnosticado con un cáncer estomacal antes de iniciar el proyecto, pero lo ocultó para no perder el papel.

Pero la enfermedad alcanzó a Raúl, cuando su pérdida dramática de masa corporal fue notada por la producción. Los directivos autorizaron un retraso más en las grabaciones para que recuperara peso, y así poder interpretar al imponente M. Bison. Parece que reemplazarlo nunca fue una opción, y eso fue bueno, pues poco después de tener la película lista, Raúl partió de este mundo. En octubre de 1994, falleció a los 54 años de edad, dejando una gran carrera por detrás, y una comunidad que apreció su esfuerzo por estar en la adaptación. Lo malo es que nunca pudo ver la cinta en cines...

La fórmula para el fracaso no funcionó: la película fue un éxito

A pesar de que la crítica profesional destruyó la cinta y los fanáticos más puristas se sintieron traicionados por los cambios en la historia, la taquilla contó una versión muy diferente. Con un presupuesto que rondaba los 35 millones de dólares, la adaptación logró recaudar cerca de 100 millones de dólares a nivel mundial. Esta cifra no solo amortizó los gastos de una producción completamente caótica, sino que la convirtió en un éxito comercial innegable, dejando claro que el nombre de la franquicia era lo suficientemente fuerte como para llenar las salas de cine sin importar la calidad del producto final. 

Lo más sorprendente es que esta mina de oro sigue rindiendo frutos tres décadas después. Según reportes de medios como Kotaku, durante una junta de accionistas celebrada en junio de 2024, Capcom reveló que la película de 1994 le sigue generando "decenas de millones de yenes" cada año. Ya sea por sus constantes retransmisiones en televisión, ventas en formatos físicos o su disponibilidad en plataformas de streaming, la compañía japonesa continúa llenando sus bolsillos gracias a un proyecto que, en el papel, parecía destinado a la ruina financiera.

Al final, la película de Street Fighter es el ejemplo perfecto de que, en Hollywood, un rodaje infernal y una calidad narrativa cuestionable no siempre equivalen a un fracaso. Hoy en día, la cinta ha trascendido su mala reputación inicial para ganarse un lugar como un auténtico clásico de culto, recordado con cariño por sus diálogos exagerados y por la inolvidable actuación de Raúl Juliá. Es, sin duda, una mancha oscura en el legado de las adaptaciones de videojuegos, pero una mancha sumamente rentable que, hasta la fecha, sigue haciendo sonreír a los ejecutivos de Capcom.

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