
Todos hemos desempolvado alguna vez esa antigua consola o ejecutado un clásico de Steam que nos transporta de inmediato a la época en la que fuimos felices. Si bien las remasterizaciones y los remakes de la industria buscan apelar a ese sentimiento con versiones mejoradas, nada es más fuerte en la comunidad que la nostalgia pura. Sin embargo, diversos análisis psicológicos sugieren que los jugadores adultos no regresan a las entregas de su infancia por mero entretenimiento, sino para reencontrarse con la persona que fueron en el pasado.
Este comportamiento ha sido abordado por disciplinas que estudian la memoria afectiva. Un referente clave es la teoría de Svetlana Boym, la cual desglosa los mecanismos de la nostalgia. Por más positivo que parezca rememorar los buenos tiempos, este proceso puede resultar contraproducente, ya que "combina pérdida y fantasía" con un entorno que ya dejó de existir. El acto de jugar títulos retro funciona como una herramienta para reconstruir y alimentar un pasado idealizado al que es imposible volver.
“La nostalgia es un anhelo por un hogar que ya no existe o que quizás nunca existió. No es un recuerdo fiel, sino una reconstrucción emocional del pasado”.
Un portal hacia nuestra identidad de los 90
Para la generación de jugadores que creció en los años 90 —y que actualmente promedia entre los 25 y 35 años de edad—, encender clásicos como Super Mario Bros., Doom o Final Fantasy es un portal directo hacia sus primeros recuerdos. Este es el motor principal de muchos adultos y padres de familia contemporáneos que buscan revivir momentos específicos de su niñez a través del software interactivo.
En este escenario, el funcionamiento del cerebro juega un papel fundamental. Al mirar hacia atrás, nuestra mente tiende a recordar las vivencias de la juventud de una forma mucho más viva y feliz. Esto ocurre porque la identidad personal se consolida típicamente entre los 15 y los 30 años.
Según las investigaciones sobre el desarrollo de la identidad de Robin Marantz Henig, este fenómeno se mantiene muy presente en generaciones como los Millennials, quienes han experimentado trayectorias de vida más fluidas e inestables en lo laboral y digital. El estudio encuentra paralelismos entre este grupo y la generación Baby Boomer en lo que respecta a enfrentar inseguridades económicas y emocionales durante la transición hacia la madurez.
El contexto cambia, el juego permanece
Científicamente, una época tecnológica o histórica no es intrínsecamente mejor que otra; más bien, es el contraste entre el contexto libre de responsabilidades de la infancia y las presiones del día a día lo que nos hace pensar que "el pasado fue mejor".
Los videojuegos funcionan como el detonador perfecto para evocar un escenario, un olor o un momento específico del ayer. No está mal recordar quiénes fuimos, siempre y cuando no se pierda de vista el panorama del mañana.
Al final del día, el medio sigue cumpliendo su función primordial de brindar horas de desconexión y entretenimiento: si en su momento el refugio fue Super Mario Bros., en el futuro un título actual ocupará ese mismo lugar de honor cuando pasen los años.
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