Guillermo del Toro, cineasta mexicano: "Quien dice que los videojuegos no son arte es porque nunca ha jugado en su vida"

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Diego Gutiérrez

Editor

Seguramente habrás escuchado por ahí que los videojuegos no pueden considerarse un arte. Las razones son diversas, y aunque la conversación ha disminuido con el paso de los años, el reciente nombramiento de Eiji Aonuma como Caballero de la Cultura en Francia reavivó el debate. Así que, ¿por qué no retomamos la opinión de expertos, pensadores y del diccionario para tratar de encontrar una respuesta satisfactoria? Comenzando por las declaraciones de Guillermo del Toro.

¿Los videojuegos son arte? Guillermo del Toro responde

De hecho, el debate al que nos sumergiremos en esta nota lleva, por lo menos, dos décadas. Y es que existe trabajo periodístico de esa antigüedad en los que se argumente a favor de los videojuegos como una expresión artística. Sin embargo, qué mejor manera de abrir la conversación retomando una de las frases más icónicas de Guillermo del Toro, cineasta mexicano con varios Premios Oscar en su repertorio.

Del Toro, además de una carrera exitosa en cines, siempre ha mostrado su admiración por nuestra industria. No por nada se le conoce por desarrollar el juego corto P.T. junto a Hideo Kojima. Pues antes de eso, concedió una entrevista para el medio Game Rant en 2010, en donde se le cuestionó cuál era su posición ante los debates en Internet. Esto respondió:

"Los videojuegos son los cómics de nuestra época… Es un medio que no recibe ningún respeto por parte de los intelectuales. Dicen: “Ah, los videojuegos…”. Y la mayoría de las personas que se quejan de los videojuegos jamás los han jugado en su puta vida. Los videojuegos han demostrado ser experiencias increíblemente inmersivas, y no todos son juegos de disparos… Con el tiempo, verás que son una forma de arte, y cualquiera que diga lo contrario está un poco desconectado de la realidad, porque sí, son una forma de arte".

No todos están de acuerdo con la postura de Guillermo del Toro

La moneda no está completa si no tiene dos caras, y como ley para todo debate, debe haber alguien que no comparta la postura de Guillermo. Esa persona fue Roger Ebert, que no solo negó a los videojuegos como arte una sola vez, sino que les dedicó una columna en su propia página web para exponer su idea. Los argumentos que formuló siguen haciendo eco 14 años después de su publicación, siendo retomados por fanáticos de Internet en la actualidad. Roger dijo lo siguiente:

"Nadie, ni dentro ni fuera del sector, ha podido citar un videojuego que merezca la comparación con los grandes poetas, cineastas, novelistas y compositores. Una diferencia obvia entre el arte y los juegos es que en un juego se puede ganar. Tiene reglas, puntos, objetivos y un resultado. Cualquiera podría mencionar un juego inmersivo sin puntos ni reglas, pero yo diría que entonces deja de ser un juego y se convierte en la representación de una historia, una novela, una obra de teatro, una danza, una película. Son cosas que no se pueden ganar; solo se pueden experimentar".

Otro de los argumentos recurrentes proviene, paradójicamente, de uno de los desarrolladores más respetados de la industria. En 2006, Hideo Kojima soltó una reflexión interesante sobre la concepción de los juegos, marcándolos como puntos de origen diferentes a los de cualquier expresión artística. En concreto, estas declaraciones las concedió a la revista PlayStation Magazine (vía VidaExtra):

"El arte es algo que radia del artista, la persona que crea la pieza de arte. Si pasan 100 personas y una sola de ellas es cautivada por lo que la pieza irradia, eso es arte. Pero los videojuegos no intentan capturar a una persona. Un videojuego debe asegurarse de que las 100 personas que jueguen disfruten del servicio que provee el juego. Es como un servicio. No es arte. [...] El arte es lo que encontramos en los museos, ya sea una pintura o una escultura. Lo que yo hago, lo que los creadores de videojuegos están haciendo, es dirigir el museo".

Guillermo Del Toro no está solo: el reconocimiento institucional

Para contrarrestar la visión utilitaria o puramente lúdica, basta con voltear a ver a las instituciones culturales más prestigiosas del mundo. En 2012, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) anunció la adquisición de una colección de videojuegos para exhibirlos de forma permanente. Paola Antonelli, curadora en jefe del departamento de diseño del museo, fue tajante ante la polémica que esto generó: "Los videojuegos son arte. Son un diseño sobresaliente y una forma de expresión de nuestro tiempo". 

Esta decisión institucional desafió de forma directa la visión tradicional, demostrando que el código y las mecánicas poseen un valor estético, cultural y narrativo que merece ser preservado en los mismos pasillos que albergan obras de Picasso. Además, el Ministerio de Arte y Cultura de Francia ha catalogado a los desarrolladores más importantes a la par de grandes artistas de otras disciplinas. No por nada, Shigeru Miyamoto (creador de Mario y Zelda), y Eiji Aonuma (productor de Zelda) han recibido el título más alto: Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

Después de repasar todas estas posturas, resulta evidente que la respuesta final depende enteramente del lente con el que decidamos mirar a la industria. Es innegable que los videojuegos nacieron como un producto comercial, con la finalidad inicial de devorar monedas en las salas recreativas y mantenernos frente a un televisor por pura diversión. Sin embargo, encasillarlos únicamente como un "servicio", o despojarlos de cualquier mérito artístico por el simple hecho de tener "reglas para ganar", es ignorar la brutal evolución del medio.

¿No acaso la TV, el cine y la literatura también nacieron de los fines comerciales? Lo que verdaderamente hace únicos a los videojuegos frente a las artes clásicas es su interactividad; nos exigen ser partícipes activos y no meros espectadores de la obra. Cuando nos destrozamos emocionalmente con el final de Red Dead Redemption 2 o cuando sentimos el peso moral de nuestras decisiones en The Last of Us, estamos experimentando un impacto orquestado por miles de artistas multidisciplinarios. 

Quizá la palabra "arte" clásica ya nos resulte insuficiente para definir un medio tan tecnológico y complejo, pero si el verdadero arte tiene la misión de conmover, desafiar y reflejar nuestra condición humana, entonces nuestro control de consola lleva décadas demostrando que sí lo es. Cualquier gamer lo puede corroborar: los videojuegos sí son un arte.

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