En NBA 2K27 defender vuelve a importar y eso cambia todo: la saga apuesta por un básquetbol más equilibrado

Nba

Ayax Bellido

Coordinador Editorial

Con los juegos deportivos anuales vivimos en una especie de dilema constante como jugadores: en algunos sentimos que es necesaria una renovación radical para demostrar que una nueva entrega tiene sentido y hay otros en los que pareciera bastar con modificar determinados sistemas para cambiar de manera significativa la experiencia. NBA 2K27 pertenece, al menos en buena medida, a este segundo grupo.

Si se observa desde fuera, cuesta encontrar una diferencia enorme respecto a NBA 2K26. La presentación, los menús, la estructura de sus principales modos y buena parte de su identidad permanecen prácticamente intactos, hasta el punto de que alguien podría preguntarse si realmente estamos ante una evolución importante. Sin embargo, esa percepción comienza a cambiar en cuanto el balón está en nuestras manos.

La principal virtud de esta entrega no está en intentar reinventar una saga que ha funcionado relativamente bien durante el último lustro, sino en conseguir que el partido de baloncesto sea más exigente y, sobre todo, que defender vuelva a sentirse como una parte auténtica del juego y no como un trámite secundario frente al espectáculo ofensivo. ¿es suficiente para que valga realmente la pena?

Jugabilidad: defender vuelve a importar

La mayor evolución de NBA 2K27 está en la defensa y, probablemente, también es el cambio que más impacto tiene en la experiencia cotidiana. Los bloqueos de tiros se sienten considerablemente más consistentes, hasta el punto de que durante un partido no resulta extraño encadenar varios tapones en un mismo cuarto.

Es una diferencia que puede parecer pequeña sobre el papel, pero que modifica la relación entre atacante y defensor: ahora existe una sensación mucho más clara de que una buena lectura defensiva puede terminar realmente en una recompensa. En la entrega anterior, conseguir un bloqueo podía sentirse como una situación excepcional que requería una combinación muy concreta de posicionamiento y oportunidad; aquí, en cambio, las herramientas defensivas responden mejor cuando el jugador hace correctamente su trabajo.

Algo parecido ocurre con las disputas de tiro. Ya no es necesario colocarse exactamente delante del atacante para ejercer una influencia relevante sobre su lanzamiento. Mantener una distancia razonable y presionar desde un costado puede ser suficiente para alterar el resultado de la jugada, algo que obliga a prestar más atención al posicionamiento y a la capacidad de anticipación. Esta modificación tiene una consecuencia particularmente interesante: defender deja de consistir exclusivamente en perseguir al jugador con balón y comienza a exigir una lectura más cuidadosa del espacio. El defensor que sabe dónde colocarse puede resultar tan importante como aquel que domina los controles de robo o bloqueo, y eso contribuye a que el baloncesto virtual se acerque un poco más a una dinámica de equipo.

No todo funciona igual de bien. Las faltas en la zona siguen siendo una fuente de frustración, especialmente cuando una mala decisión ofensiva termina provocando contacto y, en lugar de recibir un castigo claro por haber forzado una penetración deficiente, el atacante consigue tiros libres. Es una situación que puede romper momentáneamente la lógica de una posesión, porque el sistema parece premiar una acción que debería haber terminado en una pérdida o en un lanzamiento claramente desfavorable. 

También aparecen algunas colisiones poco naturales entre jugadores, especialmente en situaciones de contacto cercano, pero estos problemas no terminan opacando el avance general. Si hay un aspecto en el que NBA 2K27 consigue transmitir una sensación genuina de progreso, es precisamente en la defensa.

Y mejorar la defensa tiene una consecuencia lógica: atacar ya no resulta tan sencillo. Las fórmulas que consistían en abusar del triple o buscar constantemente el mate pierden parte de su efectividad. Los lanzamientos exteriores pueden sentirse relativamente accesibles durante los primeros minutos, cuando el jugador está fresco, pero el cansancio comienza a pesar conforme avanza el encuentro y se vuelve más difícil conseguir una ejecución perfecta. La resistencia adquiere así una relevancia que no siempre ha tenido en la misma medida, porque ya no basta con tener un jugador capaz de lanzar o penetrar: también hay que saber cuándo utilizar esas herramientas.

El medidor de tiro refleja esta filosofía de manera bastante clara. Cuando la defensa ejerce presión real sobre un triple o una bandeja, la ventana verde puede reducirse considerablemente o incluso desaparecer. Eso obliga a generar espacio antes de lanzar y, sobre todo, a aceptar que no todas las posesiones tienen que terminar con un intento.

Los mates siguen una lógica similar. Atacar el aro no garantiza automáticamente una finalización sencilla y el medidor introduce un componente adicional de sincronización. Durante las primeras partidas es normal fallar más de lo esperado, particularmente cuando hay defensores cerca, pero el sistema se vuelve más comprensible después de varias horas. La dificultad adicional no necesariamente convierte los mates en una mecánica problemática; más bien los hace depender de la situación concreta. En conjunto, ataque y defensa encuentran un equilibrio más interesante, donde la resistencia, el espacio, el momento de lanzamiento y la posición defensiva tienen un peso mayor.

El regate también se beneficia de pequeños ajustes. Los movimientos se sienten más fluidos al encadenarlos y resulta más natural intentar generar separación respecto al defensor. El desplazamiento general ha ganado cierta naturalidad, aunque todavía existen cambios de dirección que pueden sentirse demasiado rígidos o poco orgánicos. La inteligencia artificial, por su parte, presenta una mejora especialmente apreciable en las rotaciones y las ayudas defensivas. Los compañeros cubren espacios con mayor fiabilidad y las transiciones de marca son más coherentes, lo que reduce esa sensación habitual de que el jugador debe resolver absolutamente todo por sí mismo.

MyCAREER: una historia que tarda demasiado en llegar a donde importa

MyCAREER vuelve a apostar por una campaña narrativa para acompañar la creación de nuestro juagdor. Fuego y Hormigón sigue el recorrido de MP desde el baloncesto escolar hasta diferentes etapas que incluyen partidos callejeros, entrenamientos, la G League y finalmente la NBA. La propuesta tiene suficientes elementos para justificar su existencia, pero el principal problema está en el ritmo. La campaña puede extenderse demasiado antes de permitir que el jugador se concentre en aquello que probablemente le interesaba desde el principio: desarrollar su personaje y competir en la NBA.

Las distintas etapas del recorrido no son necesariamente malas por separado, el problema aparece cuando se contemplan como parte de una progresión que, en determinados momentos, limita la libertad del jugador. Algunas actividades y objetivos establecen condiciones específicas que hacen que el usuario no siempre pueda jugar como quiere. Para alguien interesado en la narrativa, esto puede ser un sacrificio razonable; para quien únicamente quiere crear un jugador y llevarlo hasta la NBA, puede convertirse rápidamente en una barrera innecesaria.

Eso sí, existe la posibilidad de saltarse la campaña y comenzar directamente en la NBA con el equipo elegido. Es una decisión acertada porque reconoce que no todos los jugadores compran NBA 2K por las mismas razones. Quien quiera experimentar la historia puede hacerlo, mientras que quien prefiera dedicar su tiempo a desarrollar su MyPLAYER, jugar partidos y explorar la ciudad no tiene que atravesar obligatoriamente una campaña extensa.

Eso sí, debemos decir que esta vez la historia es mejor y con más tintes de drama y crecimiento personal que lo que vimos en la entrega del año pasado. La otra novedad relevante es el componente cooperativo de MyCAREER. Un segundo jugador puede incorporarse para controlar a Trace Miller durante los partidos, permitiendo que ambos progresen juntos, o si decides que la CPU tome control, deberás cumplir con objetivos de equipo.

MyCAREER Eras: una buena idea que necesitaba más personalidad

MyCAREER Eras es probablemente una de esas características que generan entusiasmo cuando se explica su concepto, pero que dejan una sensación más tibia cuando se experimentan en profundidad. La posibilidad de crear un personaje y situarlo en distintas épocas de la NBA, desde la era de Magic Johnson hasta los periodos asociados con Michael Jordan, Kobe Bryant y otras generaciones, tiene un potencial enorme. No se trata únicamente de cambiar los uniformes o las plantillas: en teoría, debería significar enfrentarse a un baloncesto diferente y observar cómo un jugador moderno altera la historia de la liga.

El problema es que la ejecución no alcanza completamente esa ambición. Las distintas épocas están presentes y las plantillas aportan variedad, pero la estructura narrativa permanece bastante básica. En lugar de construir una experiencia específica para cada periodo, el modo utiliza principalmente partidos y Momentos de Era para demostrar que nuestro jugador está modificando la historia. Es funcional, pero también evidencia una oportunidad perdida.

Imaginar una campaña en la que la llegada de un nuevo jugador provocara reacciones diferentes dependiendo de la época habría dado mucha más personalidad a la propuesta. No es lo mismo irrumpir en la NBA durante la era de Magic Johnson que hacerlo en los años de Michael Jordan o Kobe Bryant, y el modo podría haber aprovechado precisamente esas diferencias para construir historias, rivalidades y situaciones específicas. En cambio, gran parte de la experiencia se siente como una capa histórica aplicada sobre la estructura habitual de MyCAREER.

Además, la progresión de estas Eras es independiente de la campaña principal de Fuego y Hormigón. Eso significa que cada periodo requiere una configuración propia, algo que puede resultar tedioso para quienes quieran experimentar con varias épocas. La idea es buena y tiene margen para convertirse en una de las grandes características de la franquicia, pero todavía parece más una demostración de posibilidades que una experiencia completamente desarrollada.

Crear un MyPLAYER sigue siendo una tarea para tomársela con calma

El creador de MyPLAYER recibe herramientas nuevas destinadas a hacer más flexible el proceso de construcción. Las fichas de insignias y el sistema de sinergias permiten modificar determinadas configuraciones con mayor libertad y reducen parte del miedo a invertir en una habilidad que después no encaje con nuestro estilo. Para los jugadores experimentados, esto abre más posibilidades; para los recién llegados, sin embargo, la enorme cantidad de atributos, insignias y sistemas continúa siendo un obstáculo.

Las plantillas inspiradas en jugadores reales son una incorporación particularmente útil en este sentido. En lugar de obligar al usuario nuevo a entender inmediatamente todas las variables que determinan un personaje, puede partir de una referencia reconocible y modificarla posteriormente.

La cuestión es que la profundidad no siempre equivale a accesibilidad. NBA 2K27 ofrece muchas herramientas, pero aprender qué significa cada una y comprender cómo afectan al rendimiento requiere tiempo. Para un veterano esto puede ser una ventaja; para alguien que se acerca por primera vez a MyPLAYER, la cantidad de información puede resultar abrumadora.

La Ciudad vuelve a tropezar con los mismos problemas

La Ciudad es uno de los apartados que más claramente demuestra hasta qué punto NBA 2K27 mantiene la estructura de su predecesor. Existen nuevas actividades y algunos ajustes, pero la sensación general es de continuidad. No hay una transformación capaz de convertirla en un argumento decisivo para adquirir esta entrega, especialmente para quienes han pasado muchas horas en la versión anterior.

El problema más importante, sin embargo, continúa siendo la progresión vinculada a los VC. Desarrollar un MyPLAYER competitivo requiere una inversión considerable de tiempo y, paralelamente, existe la posibilidad de utilizar dinero real para acelerar el proceso. Esta situación no destruye la experiencia, pero sí introduce una tensión difícil de ignorar, particularmente cuando el objetivo es competir en línea y existe la sensación de que empezar desde cero supone una desventaja frente a jugadores dispuestos a gastar.

Es un sistema que funciona comercialmente, pero que desde la perspectiva del jugador genera una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto estoy progresando porque estoy jugando bien y hasta qué punto estoy progresando porque estoy dispuesto a invertir más tiempo o dinero? NBA 2K27 no resuelve esa cuestión, y por ello una de las críticas más recurrentes hacia la estructura de la franquicia permanece intacta.

MyNBA Legacy: ambición a largo plazo

MyNBA recibe una de las incorporaciones más interesantes de la entrega con Legacy, un modo que combina la gestión tradicional de franquicia con una progresión centrada en un único jugador. El usuario continúa ocupándose de traspasos, contratos, drafts y construcción de plantilla, pero durante los partidos controla exclusivamente a una Leyenda. Esta puede ser un jugador actual, una promesa o incluso un personaje creado desde cero. Por ejemplo, nosotros hemos elegido al rookie mexicano Karim López para comenzar nuestra historia.

La posibilidad de tomar a una estrella consolidada y devolverla a sus atributos de novato es particularmente atractiva porque convierte una carrera conocida en una especie de experimento histórico. El sistema de Puntos de Rendimiento añade además una ligera capa de rol: cumplir objetivos estadísticos, conseguir premios y avanzar en los playoffs permite mejorar permanentemente al personaje.

En esencia, MyNBA Legacy puede describirse como una especie de MyCAREER sin la estructura narrativa que este tiene. Controlamos a un jugador, pero también administramos el equipo que lo rodea. El concepto funciona, aunque después de varios partidos puede empezar a sentirse familiar para cualquiera que ya conozca MyNBA.

Su verdadera fortaleza aparece cuando se mira a largo plazo. El sistema generacional permite que, cuando nuestra Leyenda se retire, sus descendientes continúen el legado con perfiles y rasgos heredados. Una partida puede extenderse hasta 100 años mientras el jugador intenta construir una dinastía capaz de alcanzar el estatus de GOAT eterno. Es una propuesta ambiciosa que recompensa a quienes disfrutan de partidas prolongadas y de la construcción de historias propias, aunque exige una inversión de tiempo considerable para revelar todo su potencial.

Aquí también encontramos espacio para MyGM, que es el modo clásico de carrera que tiene todo juego deportivo. Te conviertes en el General Manager de una institución y controlas absolutamente todo: traspasos, alineaciones, entrenamientos, scouting y demás temas administrativos relacionados a un equipo de la NBA.

Visualmente sigue siendo espectacular, aunque el salto es pequeño

En una PS5 estándar, NBA 2K27 continúa siendo un juego visualmente impresionante. Los modelos de los jugadores, la iluminación, los estadios y la puesta en escena reproducen con bastante precisión la estética de una transmisión deportiva. Los detalles faciales, el sudor y las animaciones contribuyen a esa sensación de realismo, mientras que el ambiente de los pabellones continúa siendo uno de los elementos más logrados.

Pero precisamente porque la entrega anterior ya lucía muy bien, el salto gráfico resulta limitado. Las principales mejoras se perciben más en la fluidez de las animaciones y en pequeños detalles de presentación que en una transformación visual. Algunos rostros pueden seguir mostrando imperfecciones y determinados problemas de recorte recuerdan que, pese a la enorme calidad general, todavía hay margen para pulir aspectos concretos. Las cinemáticas dentro del modo carrera también tienen bajones e inconsistencias. No es un defecto grave, pero sí un indicador de que NBA 2K27 apuesta más por refinar su fórmula que por reconstruirla desde los cimientos.

¿Vale la pena NBA 2K27?

NBA 2K27 no es una revolución y probablemente tampoco pretende serlo. Su principal argumento está en otro lugar: tomar una fórmula que ya conocemos y modificar determinados elementos hasta conseguir que el baloncesto se sienta más equilibrado. La defensa es, con diferencia, la protagonista de esta evolución. Los bloqueos responden mejor, las disputas de tiro tienen mayor peso, la inteligencia artificial colabora de forma más fiable y atacar exige comprender mejor el espacio, la resistencia y el momento adecuado para lanzar o penetrar. Es precisamente en esos cambios pequeños pero acumulativos donde la nueva entrega consigue justificar su existencia.

El resto del paquete es más irregular. Aun así, cuando todo se reduce a lo esencial -poner el balón en juego y competir- NBA 2K27 ofrece una de las evoluciones más satisfactorias que podía hacer la franquicia sin cambiar completamente de dirección. Puede que muchas de sus estructuras sean familiares y que algunas de sus novedades no alcancen el potencial que prometen, pero el núcleo deportivo es más sólido. Para quienes juegan principalmente por el baloncesto puro y duro, esa es probablemente la diferencia que más importa.

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