Jugué Hot Wheels Infinite Rush y lo tengo claro: es la dosis de caos arcade que necesitas para desconectar, aunque le hace falta una dósis de magia

Hot Wheels Infinite Rush Resena

Ayax Bellido

Coordinador Editorial

Milestone ha construido buena parte de su reputación alrededor de los juegos de conducción que buscan representar las carreras con cierto grado de realismo, sobre todo en lo que ha sido su trabajo en la saga Moto GP, pero últimamente el estudio italiano también ha demostrado que puede desenvolverse con soltura cuando las reglas de la simulación quedan de lado, y como muestra Hot Wheels Unleashed y más recientemente Screamers, entreas de carrera que apuestan por un modelo arcade.

Con Hot Wheels Infinite Rush, la desarrolladora vuelve a explorar ese terreno, pero esta vez da un paso considerablemente más ambicioso: abandona la estructura más contenida de la entrega anterior de Hot Wheels para llevar sus pequeños vehículos a un mundo abierto compuesto por cuatro islas que funcionan como grandes espacios de exploración, competición y coleccionismo.

Sobre el papel, la idea tiene todo el sentido del mundo. Hot Wheels siempre ha estado relacionado con la imaginación, la colección de coches locos, las pistas imposibles y la posibilidad de convertir cualquier superficie en un escenario para correr, así que trasladar esa filosofía a un entorno abierto parece una evolución natural, pero ¿vale la pena y funciona realmente en la práctica?

Turbo, locura y acrobacias imposibles

Las carreras continúan siendo el corazón de la experiencia y, probablemente, son el elemento donde Hot Wheels Infinite Rush se siente más sólido. El sistema de conducción mantiene una estructura familiar para quienes hayan jugado Hot Wheels Unleashed: conducir correctamente y derrapar en las curvas permite acumular turbo, que después puede utilizarse para conseguir una ventaja considerable en las rectas.

A esto se suma la posibilidad de embestir lateralmente a otros competidores mediante los botones correspondientes, una mecánica sencilla pero efectiva que convierte los adelantamientos en situaciones mucho más dinámicas. No basta siempre con encontrar la trayectoria más rápida; también hay que saber cuándo golpear a un rival para sacarlo de nuestra línea o impedir que nos adelante. Es una fórmula arcade muy directa y, sobre todo, divertida, porque hace que las carreras tengan momentos de caos controlado sin llegar a sentirse completamente aleatorias.

El hecho de que las competencias se desarrollen dentro de un mundo abierto introduce además una diferencia importante. Ahora no estamos simplemente entrando en una pista desde un menú, sino recorriendo un escenario en el que existen tráfico, caminos alternativos y diferentes elementos que pueden obligarnos a prestar atención a nuestra dirección. Esto hace que la experiencia se sienta suficientemente distinta de Unleashed como para justificar la existencia de una nueva propuesta, aunque también genera uno de los problemas más evidentes del diseño.

Las cuatro islas cuentan con actividades, coleccionables y desafíos de derrape, pero desplazarse de un evento a otro puede resultar innecesariamente prolongado cuando ya hemos recorrido varias veces el mismo trayecto. La incorporación de sistemas similares a los radares o las vallas publicitarias de otros juegos de mundo abierto habría ayudado a convertir los desplazamientos en actividades por sí mismas y no solamente en el tiempo que transcurre entre una carrera y otra.

Cada isla cuenta con su propia lista de eventos y actividades, mientras que los jugadores tienen diferentes maneras de progresar y conseguir nuevos vehículos. Una de las actividades más entretenidas consiste en enfrentarse en carreras uno contra uno a los Daredevils, competiciones más cortas e intensas que las pruebas convencionales y que pueden recompensarnos con nuevos coches.

También podemos obtener vehículos mediante los concesionarios utilizando las Monedas Rush, por lo que la colección crece conforme participamos en carreras y exploramos el escenario. Con más de 150 vehículos disponibles, existe una cantidad considerable de contenido para quienes disfrutan de completar colecciones, y la variedad no se limita a los modelos originales de Hot Wheels, ya que también encontramos automóviles inspirados en fabricantes reales como Ferrari y Mitsubishi. Si fuiste o eres un niño al que le encanta coleccionar los cochesitos de Hot Wheels, esta afición ha sido trasladada de ran manera al videojuego.

Ahora. la diversidad de vehículos no es únicamente estética. Infinite Rush divide sus coches en cuatro categorías principales que modifican considerablemente la manera de conducir. Los vehículos estándar funcionan como opciones equilibradas y versátiles, los titanes tienen la capacidad de arrasar con todo a su paso, los coches de derrape requieren mayor precisión para mantenerse bajo control, y los bólidos priorizan la velocidad.

Algunas actividades exigen utilizar una categoría determinada, por lo que conviene contar con buenos representantes de cada una. Esta decisión contribuye a evitar que el jugador encuentre un único coche dominante y lo utilice durante toda la aventura. Un vehículo de derrape puede exigir una conducción mucho más cuidadosa que un bólido, mientras que los titanes permiten afrontar determinadas situaciones desde una perspectiva completamente distinta.

También existe un sistema de mejoras que permite modificar determinadas prestaciones de nuestros automóviles. Contamos con cuatro espacios en los que podemos instalar elementos como mejoras de tracción, turbos más duraderos o ventajas relacionadas con la velocidad. A esto se suman habilidades pasivas que pueden concedernos beneficios, aunque también pueden introducir desventajas. No estamos ante un sistema de personalización particularmente profundo, pero sí lo suficientemente útil para que exista una razón adicional para experimentar con los coches y adaptar sus características a nuestras preferencias.

En cuanto a los modos de juego, Hot Wheels Infinite Rush intenta ofrecer alternativas para distintos perfiles de jugador. Carreras rápidas, contrarreloj, eliminación y Maestro del derrape permiten competir tanto en solitario como online y, en determinadas opciones, mediante pantalla dividida. Esta variedad hace que el juego no dependa exclusivamente de la campaña dentro del mundo abierto y ofrece posibilidades para regresar a las carreras una vez terminadas las actividades principales.

A ello se añade uno de los elementos más interesantes para quienes disfrutan de crear: Track Builder. El editor de pistas permite construir circuitos y rutas utilizando rampas, espirales, loops y diferentes herramientas para diseñar recorridos propios que posteriormente pueden compartirse con la comunidad.

El editor de vehículos funciona bajo una filosofía similar, aunque aquí las posibilidades son más limitadas. Podemos modificar colores, llantas, rines y stickers de los vehículos que ya hemos adquirido, además de compartir y descargar diseños creados por otros jugadores. Es una herramienta funcional que amplía la personalización, pero difícilmente puede considerarse uno de los pilares de la experiencia.

Apartado gráfico y rendimiento

Milestone buscó que el apartado visual fuera uno de los puntos fuertes de Hot Wheels Infinite Rush, particularmente por la manera en que presenta sus vehículos. Los más de 150 modelos cuentan con un nivel de detalle notable y mantienen una apariencia atractiva incluso cuando recorremos el escenario a gran velocidad.

Las ciudades y las islas están cargadas de elementos visuales, mientras que la paleta colorida encaja adecuadamente con la naturaleza arcade de la propuesta. De las 4 mi favorita ha sido Temple Drift, una isla claramente inspirada en la ciudad de Tokio, con cerezoz, templos sintoistas y el monte fuji de fondo. Además, el juego consigue mantener los 60 fotogramas por segundo de manera estable incluso durante las carreras más rápidas, algo especialmente importante en un título conducción.

Hay, sin embargo, pequeños detalles que impiden considerar el acabado técnico como completamente impecable. En contadas ocasiones algunas texturas de los vehículos pueden tardar un momento en cargarse de manera completa, un defecto menor que no altera la experiencia de conducción, pero que sí resulta perceptible.

Más importante es la decisión artística detrás de los mundos. Aunque las islas son funcionales y presentan suficiente variedad para sostener la exploración, carecen del encanto visual que caracterizaba a Hot Wheels Unleashed. Aquella propuesta apostaba por la sensación de estar recorriendo enormes circuitos construidos como maquetas, una identidad visual que hacía que cada escenario pareciera formar parte de un juguete gigante. Infinite Rush, en cambio, se acerca más a la estética de un juego de carreras arcade convencional, con algunos elementos reconocibles de Hot Wheels pero sin aprovechar completamente el potencial imaginativo de la licencia.

Es probablemente la principal oportunidad perdida del juego. La idea de cuatro islas abiertas podría haber servido para construir escenarios mucho más extravagantes, exagerados y juguetones. En algunos de los mundos se percibe una mejor aproximación a esa intención, pero el conjunto no termina de alcanzar el nivel de personalidad que habría hecho que Infinite Rush se distinguiera inmediatamente de cualquier otro juego de carreras de mundo abierto. No es un problema de calidad técnica, sino de identidad artística: el juego funciona visualmente, pero no siempre sorprende.

El apartado sonoro, por su parte, cumple con mucha solvencia. La banda sonora recorre géneros como el rock, el jazz y el punk, proporcionando una ambientación adecuada para las carreras y reforzando su carácter desenfadado. No hay narración ni voces, una decisión que evita introducir elementos innecesarios y mantiene el foco en la conducción y la exploración. Lo que si te termina por sacar un poco de la inmersión son las pantallas de carga: aparecen constántemente y algunas pueden tardar unos 15 segundos en desaparecer, algo que en la actual generación de consolas no encuentra justificación.

¿Vale la pena Hot Whhels: Infinite Rush?

Hot Wheels Infinite Rush representa una evolución lógica para la franquicia, pero también demuestra que convertir un juego de carreras arcade en una experiencia de mundo abierto implica algo más que aumentar el tamaño de los escenarios. Milestone ha conseguido conservar lo que mejor funcionaba en Hot Wheels Unleashed: carreras rápidas, controles accesibles, derrapes, turbo, choques y una colección de vehículos que invita a seguir jugando.

Eso sí, no estamos ante el nuevo referente de los juegos de carreras arcade de mundo abierto, ni tiene la personalidad suficiente para desplazar a propuestas más consolidadas en ese terreno. Pero tampoco necesita hacerlo para ser una experiencia recomendable. Es un juego entretenido, accesible y suficientemente completo, con una conducción sólida que demuestra que Milestone sabe adaptar la velocidad de Hot Wheels a un formato más abierto.

Si eres un fan de los coches de Mattel es una recomendación obligada, y si solo estás en busca de un un nuevo juego de carreras arcade para desconectar un rato  de los problemas de la vida, aquí puedes encontrar una opción sólida y entretenida a ratos por menos de mil pesos.

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