Jugué antes que nadie Forza Horizon 6 y tengo algo clarísimo: la velocidad y el drift han encontrado su hogar espiritual

Ayax Bellido

Coordinador Editorial

El próximo 19 de mayo, el festival automovilístico más famoso del mundo digital mudará sus carpas, bocinas y motores rugientes a las tierras del Lejano Oriente. Japón, el destino que la comunidad ha implorado durante años como si fuera un mantra, es finalmente una realidad palpable en Forza Horizon 6.

Como alguien que se dejó seducir por esta franquicia en aquel ya lejano 2012, cuando el festival apenas era una promesa ambientada en los cañones de Colorado, he visto a la saga crecer, mutar y perfeccionarse. Pasé por la elegancia europea, la exuberancia australiana, la Gran Bretaña histórica y, más recientemente, sentí el calor de México en Forza Horizon 5, una entrega que guardo como una caricia al alma por su fidelidad y colorido.

Sin embargo, la expectativa generada desde el anuncio de esta sexta entrega el año pasado operaba en una frecuencia distinta. Había un misticismo especial en la idea de llevar la libertad absoluta de conducción a la cuna del drift y la ingeniería nipona. Tras probar la versión previa y pasar unas 8 horas explorando su mundo, puedo decir que Forza Horizon 6 amenaza con redefinir nuestra forma de entender el mundo abierto en los juegos de carreras.

Una postal que nos invita a explorar

Cruzar la frontera digital de este Japón recreado por Playground Games es, antes que nada, un agasajo sensorial. No estamos simplemente ante un videojuego de carreras; estamos ante un lienzo interactivo donde los paisajes son auténticas postales que nos transportan a un país de mitos, tradiciones y leyendas. La dirección de arte ha logrado capturar esa dualidad tan japonesa entre la serenidad ancestral y la frenética modernidad.

Recorrer las carreteras con la imponente silueta del Monte Fuji recortando el horizonte, o conducir bajo túneles formados por cerezos que custodian el camino con su inconfundible tono rosa, genera una sensación de paz que solo el rugir del motor se atreve a interrumpir. El mapa es una amalgama de regiones que parecen respirar: pueblos portuarios donde se siente la magnificencia salina del mar, campos de arroz que dibujan geometrías perfectas en el relieve y zonas industriales que contrastan con la delicadeza de los templos budistas y sintoístas.

Pero el corazón del mapa late en Tokio. La representación de la capital es un ejercicio de cariño y detalle técnico. Desde la emblemática estructura de la Tokyo Tower hasta el caos organizado del cruce de Shibuya, la ciudad se siente densa y vibrante. Manejar durante el ocaso, cuando el sol comienza a esconderse y las luces de neón empiezan a reclamar su dominio sobre el asfalto, es una experiencia inmersiva de principio a fin.

El juego mantiene el ya clásico clima dinámico basado en las cuatro estaciones; y aunque en esta prueba solo pudimos habitar la primavera, la sola existencia de una región nevada con montañas congeladas y paredes de hielo nos permite vaticinar que el invierno será una prueba de fuego para nuestra pericia, y que el otoño será un deleite para nuestra vista.

La ingeniería de la libertad

Aunque en esta fase previa el garaje fue limitado -apenas unos cuantos autos centrados principalmente en el orgullo local de marcas como Honda, Nissan y Mazda-, la promesa de variedad es tan vasta como el océano que rodea al archipiélago. Forza Horizon 6 mantiene su filosofía de ser un pozo de horas donde la cantidad de modelos (deportivos, clásicos, todoterrenos y exóticos) asegura que cada jugador encuentre su "alma gemela" de cuatro ruedas.

En lo que respecta a las físicas, Playground Games no ha intentado arreglar lo que no está roto, sino que lo ha pulido hasta que brille como la carrocería de un auto de exhibición. El enfoque sigue siendo eminentemente arcade: esa mezcla bendita de velocidad máxima, derrapes imposibles, saltos que desafían la muerte y frenadas tardías.

Sin embargo, para los puristas del realismo, el juego ofrece un abanico de personalización que lo acerca al simulador. Inhabilitar las asistencias, activar el daño real -donde un raspón deja de ser una herida estética para convertirse en un lastre mecánico- y eliminar la red de seguridad del rebobinado, transforma el festival en una prueba de precisión quirúrgica.

Lo que verdaderamente separa a Forza de cualquier otro competidor es la respuesta táctil de sus máquinas. Al probar el juego en una Xbox Series S, la consistencia técnica es asombrosa. Los cambios de iluminación son fluidos, los reflejos en el agua poseen una claridad cristalina y las físicas responden con coherencia al terreno, y eso en la versión menos potente de la actual generación de Xbox. Las camionetas todoterreno se sienten estables, pesadas y poderosas, mientras que los deportivos japoneses son livianos, nerviosos y aerodinámicos, exigiendo un respeto absoluto en cada curva cerrada de las zonas rurales.

El festival como ecosistema

El Festival Horizon está más vivo que nunca. Todas las actividades que le dieron identidad a la saga regresan refinadas para la nueva generación. Ganar puntos de experiencia sigue siendo un ejercicio de estilo: encadenar combos de derrapes, esquivas milimétricas y puntas de velocidad se siente más satisfactorio cuando el escenario es tan reactivo. El mapa no es sólo grande en extensión, sino en densidad de propósito. 

Contamos con 630 caminos por descubrir que albergan carreras callejeras, circuitos cerrados, tramos de rally, zonas de drag racing y las infaltables zonas de derrape, donde Japón, por derecho propio, se siente como el escenario definitivo. No obstante, el mayor triunfo de Forza Horizon 6 es su capacidad para dejarnos solos. Hay una sensación de libertad casi terapéutica en el hecho de alejarse de los marcadores del festival, ignorar los retos de salto y los coleccionables, y simplemente rodar.

El juego permite que el jugador se pierda entre teleféricos, toris y zonas industriales sin la presión de un cronómetro. Es en esos momentos de soledad mecánica donde la ambientación brilla con más fuerza, permitiéndonos retar a otros jugadores que transitan de forma orgánica por las carreteras o simplemente observar cómo el mundo dinámico evoluciona a nuestro alrededor.

A falta de probar la versión final y explorar el sistema completo de tuneo y personalización de rendimiento, estas primeras impresiones me dejan un sabor de boca más que agradable. Forza Horizon 6 parece haber entendido que el escenario es más que un fondo para las carreras: es un protagonista con el que el auto debe dialogar, y el país del sol naciente tiene las carreteras, paisajes y aura para hacerlo de tú a tú con la velocidad.

La elección de Japón no ha sido un simple capricho cosmético; es una declaración de intenciones. Playground Games ha construido un mundo inmersivo que responde a nuestras acciones y que, al menos en esta fase previa, se ha mostrado sólido, sin caídas de frames ni errores que empañen la experiencia.

El 19 de mayo es la fecha marcada en el calendario. Si lo que he jugado es apenas un atisbo de la magnitud total del juego, estamos ante un título que no solo renovará la saga, también elevará el concepto de mundo abierto a un nuevo nivel de excelencia. Forza Horizon 6 es, en esencia, una carta de amor a la cultura automovilística y un recordatorio de que, a veces, para avanzar, hace falta viajar hacia el sol naciente. La carretera nos espera, y nunca había lucido tan hermosa.

Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com.mx

VER 0 Comentario