Tiene 35 años, nunca ha trabajado y sus padres lo mantienen: el juego que demuestra lo difícil que puede ser vivir

Baby Steps A

Ayax Bellido

Coordinador Editorial

Estamos acostumbrados a tener que afrontar videojuegos que buscan ponernos a prueba mediante sistemas complejos, enemigos difíciles o mecánicas que requieren horas de práctica para dominarse, pero también hay espacio para los juegos de estrategia que nos obligan a pensar varios movimientos por adelantado, los títulos de acción que exigen reflejos precisos y, por supuesto, los souls-like, que han convertido la frustración y el aprendizaje a partir del fracaso en parte fundamental de su propuesta.

Sin embargo, Baby Steps plantea una clase de desafío mucho más peculiar: aquí el problema no es derrotar a un enemigo, resolver un acertijo o administrar recursos, sino algo que prácticamente todos damos por sentado: caminar. El juego desarrollado alrededor de Nate, un hombre de 35 años que no trabaja, no estudia y vive mantenido por sus padres, convierte una de las acciones más básicas del ser humano en una mecánica que requiere coordinación, paciencia y una sorprendente capacidad para aceptar el fracaso.

Aquí caminar no significa mover un joystick

La premisa de Baby Steps es tan absurda que fácilmente podría quedarse en un simple chiste. Nate lleva una vida completamente estancada: pasa el tiempo frente al televisor, no parece tener aspiraciones concretas y depende económicamente de sus padres. Su existencia cambia radicalmente cuando despierta en una isla y descubre que ha perdido la habilidad de caminar.

A partir de ese instante, el jugador tiene que ayudarlo a recuperar algo que todos aprendemos durante nuestros primeros años de vida. No hay una explicación particularmente sofisticada detrás del concepto; la gracia consiste precisamente en tomar una acción cotidiana y convertirla en un obstáculo. Lo que para cualquier persona es automático, para Nate se convierte en una tarea que debe reconstruir desde cero.

La mayoría de los videojuegos han hecho que desplazarse sea prácticamente invisible para el jugador. Basta con mover un joystick para que el personaje avance, mientras el propio juego se encarga de coordinar sus piernas, determinar cómo distribuye el peso y mantenerlo en equilibrio. Baby Steps decide eliminar esa comodidad y hacer que el jugador participe directamente en ese proceso.

En lugar de controlar simplemente la dirección en la que Nate quiere desplazarse, tenemos que controlar sus piernas mediante los gatillos y los joysticks, realizando movimientos suaves y coordinados para conseguir que cada paso sea correcto. La diferencia parece pequeña sobre el papel, pero cambia completamente la relación entre el jugador y el personaje, porque cada metro recorrido deja de ser una consecuencia automática de pulsar un botón y se convierte en algo que tenemos que conquistar.

Eso también explica por qué la dificultad de Baby Steps puede resultar tan particular. El juego no necesita lanzar contra nosotros enemigos cada vez más poderosos para incrementar el desafío; le basta con modificar ligeramente las condiciones del terreno. Salir de la cueva en la que comienza la aventura ya supone un primer ejercicio de aprendizaje, pero la situación se complica cuando aparecen espacios estrechos, pendientes y zonas que requieren escalar.

Una superficie que parece sencilla de atravesar puede convertirse en una trampa cuando tenemos que mantener el equilibrio de Nate y coordinar sus piernas al mismo tiempo. De esta manera, el juego consigue algo bastante ingenioso: una vez que creemos haber aprendido a caminar, cambia el contexto y nos demuestra que todavía no dominamos completamente la habilidad.

El fracaso aquí tiene un significado diferente

En otros videojuegos, caerse suele significar que hemos perdido una batalla, cometido un error estratégico o calculado mal una acción. En Baby Steps, una caída puede ser consecuencia de haber colocado incorrectamente una pierna o de haber ejecutado un movimiento demasiado rápido.

La diferencia es importante porque el fracaso deja de estar asociado exclusivamente con una decisión equivocada y pasa a formar parte del proceso físico de aprendizaje. El jugador necesita desarrollar una especie de memoria muscular para comprender cómo responder ante las distintas situaciones, y eso genera una dinámica en la que avanzar poco puede sentirse como un logro considerable.

Es precisamente ahí donde el juego puede encontrar su mayor virtud. Baby Steps entiende que el progreso no siempre tiene que estar representado por una barra de experiencia, una nueva habilidad o un objeto desbloqueado. Aquí progresar significa ser capaz de hacer algo que unos minutos antes parecía imposible.

Nate tampoco es el protagonista que esperaríamos

La elección de Nate como protagonista refuerza todavía más la naturaleza peculiar del juego. No estamos ante un héroe preparado para enfrentarse a una aventura extraordinaria, sino ante un adulto de 35 años cuya vida parece haber quedado atrapada en un estado de absoluta pasividad. No tiene trabajo, no estudia y depende de sus padres, mientras consume contenido frente al televisor sin que exista aparentemente una dirección clara hacia la que quiera llevar su vida. Cuando despierta en la isla, esa falta de propósito adquiere una dimensión mucho más literal: ahora ni siquiera puede desplazarse por sí mismo sin aprender primero cómo hacerlo.

Resulta tentador interpretar esta situación como una simple broma sobre los llamados ninis, pero hay algo más interesante en la forma en que Baby Steps conecta la situación personal de Nate con su mecánica principal. El personaje es alguien que aparentemente no ha avanzado en su vida y, de pronto, se encuentra en un entorno donde avanzar físicamente representa un desafío.

No hace falta convertir esto en una moraleja excesivamente profunda para reconocer la ironía de la situación. Nate tiene que comenzar desde el punto más básico posible y descubrir, literalmente paso a paso, cómo avanzar. El juego toma así una característica de su protagonista y la convierte en el principio que estructura toda la experiencia.

El juego está disponible a través de PS5 y Steam, y ya sé lo que estás pensando a estas alturas: puede que hacer caminar a un personaje durante horas no parezca, a primera vista, una premisa capaz de sostener un videojuego completo. Sin embargo, precisamente esa aparente simpleza es lo que hace que Baby Steps resulte tan peculiar, y nos recuerda que que avanzar, incluso cuando hablamos literalmente de poner un pie delante del otro, no siempre es tan sencillo como parece.

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