Juegué Shinobi: Art of Vengeance en Nintendo Switch 2. Acción desenfrenada a 60 fps que puedes llevar a todos lados

Shinobi Nintendo Switch

Ayax Bellido

Coordinador Editorial

En una industria donde la nostalgia es recurrente, existe una diferencia sustancial entre recuperar un clásico de los videojuegos y entender por qué ese clásico funcionaba. La primera opción suele producir juegos que se apoyan demasiado en el recuerdo que tenemos de ellos: reconocemos personajes, escenarios, sonidos y mecánicas, pero debajo de esa capa de familiaridad no siempre hay una propuesta capaz de sostenerse por sí misma.

Lizardcube ya había demostrado con Wonder Boy: The Dragon’s Trap y, sobre todo, con Streets of Rage 4, que su aproximación a las franquicias de SEGA no consiste simplemente en desempolvarlas y aplicarles una capa de pintura moderna. Con Shinobi: Art of Vengeance vuelvió a enfrentarse a ese mismo reto, aunque con una serie que llevaba mucho tiempo lejos de los reflectores.

El resultado fue un juego que entiende que recuperar a Joe Musashi significaba preguntarse qué tiene  que hacer un Shinobi en 2025 para seguir siendo divertido, teniendo críticas positivas durante su lanzamiento para PS5 y Xbox Series X|S el año pasado. Su llegada a Nintendo Switch 2 no cambia esa filosofía, pero sí consigue que una propuesta construida alrededor de la velocidad, la precisión y la espectacularidad tenga un hardware que le permite expresarse con mayor claridad y que a diferencia de las consolas de Sony y Microsoft, te permite llevarlo contigo a todos lados.

Un regreso que entiende que la nostalgia no basta

La historia, de hecho, deja bastante claro desde el principio cuál es la prioridad de Lizardcube, y por si aún no lo juegas te pondre un poco en contexto. La aldea de Joe ha sido destruida, su clan ha sido convertido en piedra y Lord Ruse es responsable de la tragedia. Es un planteamiento deliberadamente sencillo que funciona más como punto de partida que como una narración interesada en construir grandes capas dramáticas.

Joe necesita avanzar, enfrentarse a los responsables y recuperar lo que perdió, y el juego utiliza ese conflicto para llevarlo de un escenario a otro. No creo que esto sea necesariamente un problema, pero sí conviene dejarlo claro porque Shinobi: Art of Vengeance no intenta competir en el terreno narrativo, pues los momentos de historia están ahí para acompañar la aventura, mientras que el verdadero discurso del juego ocurre cuando Joe deja de caminar y comienza a pelear. Es una decisión coherente, aunque también significa que quien espere una historia capaz de justificar por sí misma el regreso de Shinobi probablemente encontrará una propuesta bastante más modesta.

Porque donde el juego realmente se juega su identidad es en el combate y vaya que fluye en una Nintendo Switch 2. L a espada es el instrumento fundamental de Joe, pero sería injusto reducir el sistema a avanzar y golpear todo lo que aparece en pantalla, ya que el personaje cuenta con kunai, habilidades ninja que se amplían conforme progresa la aventura y distintas posibilidades para encadenar ataques, lo que convierte cada enfrentamiento en algo más interesante que una sucesión de pulsaciones de botones.

La clave está en comprender cuándo conviene atacar directamente, cuándo es mejor aturdir a un enemigo, cuándo utilizar un ataque a distancia para abrir una oportunidad y cuándo lanzarse de nuevo al combate cuerpo a cuerpo. El sistema recompensa tanto la agresividad como la paciencia, y esa combinación es probablemente uno de sus mayores aciertos: Joe es extremadamente poderoso, pero el juego no confunde poder con invulnerabilidad.

Esa diferencia se nota especialmente cuando el combate empieza a fluir, con encuentros en los que Joe puede pasar de un enemigo a otro prácticamente sin detenerse, enlazando movimientos hasta convertir una pelea aparentemente caótica en una secuencia que parece sacada de una película de animación. Las ejecuciones ayudan a reforzar esa sensación, y algunas son deliberadamente exageradas, como el dragón de fuego que atraviesa la pantalla y elimina a los enemigos que encuentra a su paso.

Lo importante es que ese espectáculo no parece construido a costa del control porque Joe sigue siendo rápido, responde con precisión y conserva la movilidad incluso cuando las habilidades comienzan a hacerse más poderosas. El sistema de progresión también contribuye a ello porque no se limita a convertir al protagonista en una máquina con números mayores: principalmente amplía sus posibilidades y hace que el jugador tenga más herramientas para resolver los enfrentamientos.

Es precisamente ahí donde Art of Vengeance encuentra una de sus mejores virtudes: el ritmo que define a Shinobi, y es donde también la Nintendo Switch 2 muestra todo su músculo tanto en modo portátil con el dock. Cuantas más opciones obtiene, más posibilidades tiene el jugador de experimentar con ellas sin perder la sensación de velocidad, y si bien no todos los enfrentamientos alcanzan el mismo nivel de inspiración y la variedad de enemigos puede empezar a sentirse más familiar conforme avanza la partida, especialmente cuando ciertas variantes de enemigos comunes vuelven a aparecer con demasiada frecuencia, es un defecto menor frente a la calidad general del sistema.

Shinobi en todo su esplendo en Nintendo Switch 2

El apartado artístico es probablemente el otro gran argumento a favor del juego. Lizardcube apuesta por una estética completamente dibujada a mano que no busca imitar de manera literal la apariencia de los Shinobi originales. En lugar de utilizar la nostalgia como atajo visual, construye una identidad propia a través de fondos detallados, animaciones expresivas y una cantidad considerable de energía en pantalla.

Funciona especialmente bien durante los combates, cuando los movimientos de Joe, los efectos y las reacciones de los enemigos pueden convertir una pelea en una pequeña secuencia animada. Lo más importante es que el espectáculo no termina destruyendo la legibilidad, un riesgo habitual en este tipo de juegos cuando los efectos comienzan a acumularse, aquí existe suficiente claridad para entender qué ocurre incluso cuando la pantalla está llena de enemigos y ataques.

La variedad de escenarios también ayuda a que esa propuesta artística no se agote rápidamente. La aldea de Oboro, una base submarina, una ciudad llena de neón o las zonas desérticas tienen suficiente personalidad para evitar que el viaje se convierta en una sucesión visualmente monótona. Y esto tiene más importancia de la que podría parecer porque Shinobi: Art of Vengeance no utiliza sus escenarios únicamente como fondos bonitos, el diseño de niveles intenta aprovecharlos para introducir diferentes situaciones de combate y plataformas, creando una relación más estrecha entre la estética y la forma en que se juega cada zona.

En Nintendo Switch 2 la propuesta encuentra una plataforma particularmente adecuada, mejorando varios aspectos que tienen un impacto directo en la experiencia. Shinobi: Art of Vengeance mantiene 60 fotogramas por segundo y, en mi experiencia, no encontré problemas de rendimiento capaces de afectar los combates o las plataformas. En modo portátil el incremento de nitidez y definición respecto a la versión original de Switch resulta especialmente perceptible, mientras que en modo dock la mejora de calidad de imagen también permite apreciar con mayor claridad los detalles de los escenarios y las animaciones.

¿Vale la pena?

Shinobi: Art of Vengeance entiende algo que muchos regresos de franquicias clásicas olvidan: respetar el pasado no significa repetirlo. Su mayor mérito está en que Joe Musashi vuelva a utilizar una espada y vuelve a sentirse necesario dentro de un juego diseñado alrededor de la velocidad, la precisión y la expresión del jugador. En Nintendo Switch 2, todo esto encuentra además una versión técnicamente sólida que conserva la respuesta inmediata que necesita el juego y mejora de manera apreciable la definición visual.

Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com.mx

VER 0 Comentario
↑